Mirador
Este amigo mío con el que tomo la copa -varias- los martes por la noche tiene una extraña particularidad: cuando está ebrio recuerda, y cuando está sobrio olvida.
Anoche recordó una conferencia a la que asistió cuando era joven. El conferencista, un sacerdote, atacó virulentamente a Darwin, a quien llamó ateo sacrílego por apartarse del relato bíblico de la creación divina. En seguida pidió a sus oyentes: "Levante la mano el que crea que descendemos del chango". Desde luego nadie la levantó. "Qué bueno -dijo el sacerdote-. Si alguien la hubiera levantado habría sido un hijo de la changada". Risas sonoras y aplausos entusiastas celebraron la ingeniosidad del disertante. Concluye mi amigo su relato:
-Yo jamás digo que el hombre desciende del mono.
Le pregunto:
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-¿No crees en la teoría de la evolución?
-Lo que pasa -me explica- es que no quiero ofender al mono.
Guardo silencio. No quiero ofender a mi amigo.
¡Hasta mañana!...



