Muerte fresca-humor negro
El término náhuatl tzompantli puede entenderse como “andamio de cráneos”, “altar de cráneos”, “hilera de cabezas” y “plataforma de calaveras” de acuerdo a lo que Emilie Carreón Blaine, según afirma en “Tzompantli, horca y picota. Sacrificio o pena capital”.
En términos simples, se refiere a una baja plataforma de piedra con un armazón de madera del cual generalmente colgaban, perforados horizontal o verticalmente, cráneos o cabezas humanas, atravesadas por varas o delgados postes de madera. Aunque la palabra se emplea para designar tanto huesos humanos —ya sea un cráneo aislado o un grupo de restos óseos desarticulados— como una o varias cabezas, o bien una plataforma o las huellas de los postes de un bastidor de madera que se piensa alguna vez sostuvo restos humanos.
La función de dicho artefacto ha tenido diferentes interpretaciones desde la época prehispánica hasta los tiempos de la conquista. Y si bien anterior a la llegada de los españoles, no es claro para nosotros cuál era su función, varios autores los identifican, ya como un espacio de exposición de sacrificios humanos hechos a los dioses, o bien una sepultura, un lugar de tortura o un cementerio. Pero también como un trofeo de guerra o una reliquia de prisioneros tomados en batallas.
Así, el tzompantli es entendido como un osario, un lugar para ejercer castigo, mientras los conquistadores lo compararon con la horca o la picota. Las variantes nos dejan ver las medidas de represión y castigo hacia prisioneros de guerra, personas sacrificadas o bien como castigo final para quienes transgredieron el orden social y público, de las antiguas civilizaciones y de los pobladores de la Nueva España.
Hoy el Tzompantli es un objeto que se mira con curiosidad y morbo; con cierta distancia y que ejerce, al mismo tiempo, una gran atracción a quien lo observa directamente o en imágenes y reproducciones de antiguas costumbres.
La muerte en sí, es el tema alrededor del tzompantli. La muerte colectiva e individual. Ya JG. Posadas se daba gusto recreando la muerte en vida, con su serie de catrinas y osarios. Alegres, dientudas, ojonas y calavéricas, sus imágenes divierten y permiten una profunda reflexión envuelta en un humor negro que lo distinguió de manera universal.
Representante de la Parca, la catrina, la muerte y otros sobrenombres, los pueblos del mundo a lo largo de la historia han querido encarar la figura de la muerte para desentrañar misterios o curarse en salud mientras toca el turno de mirarla cara a cara.
En este día de muertos en 2021, la hemos visto pasearse con una indeseable frecuencia alrededor del mundo. Nuestra celebración de muertos ha cobrado en esta fecha una fuerza vital como pocas veces hemos experimentado, Hoy todos tenemos un muerto fresco recién sepultado. Un amigo, un padre, un hijo, una hermana cuya presencia e insólita partida nos cala hasta los huesos. Esos que se ven en los tzompantlis y en los grabados de Posadas. Alumbremos su camino hacia el otro mundo en donde seguramente algún día los acompañaremos.




