Oscar G. Chávez
La violenta jornada de febrero de 1912, en la que perdió la vida el general Bernardo Reyes, se ametrallaron incesantemente Palacio Nacional, la Ciudadela (antigua Real Fábrica de Tabaco), la rinconada de San Diego, la prisión militar de Santiago Tlatelolco; que continuó con los asesinatos del presidente Francisco I Madero y José María Pino Suárez su vicepresidente, y que culminó con la llegada al poder del espurio Victoriano Huerta, sólo se vio superada por los aciagos días de agosto, septiembre y octubre de 1913 en que se asesinó a los senadores Serapio Rendón y Belisario Domínguez, culminando con la disolución del Congreso de la Unión y el encarcelamiento de los legisladores.
Un preciso testimonio de los hechos quedó plasmado en la obra Los últimos días del presidente Madero, de Manuel Márquez-Sterling y Loret de Mola, embajador de Cuba en México; otro más lo dejó el periodista potosino Luis F. Bustamante, en Bajo el terror huertista. Nunca está por demás, también, leer o releer de manera detallada el discurso pronunciado por el senador Belisario Domínguez, que con valentía argumentaba: Se pretende engañar a la nación mexicana, a esa patria que confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.
Vendrían después el terrorismo argumentativo, la violencia física, la humillación y la deshonra; el crimen.
* * *
El calendario acerca cada vez más la fecha de la jornada electoral; en la medida que ésta se acerca incrementan también las rebatingas verbales entre candidatos; las confrontaciones entre sus seguidores transitan de lo verbal a lo físico. La violencia incrementa.
Intolerancia contra cualquier opinión, a favor o en oposición a cualquier candidato, es cosa del diario. Hay intolerancia contra la tolerancia y contra la intolerancia; todo lo que conlleve a la confrontación es bien visto por cualquier candidato, por cualquier partido, por cualquier color. Prohibido disentir.
La inocente verborrea que acompañó a Vicente Fox en su carrera por la presidencia, es cosa del pasado; el merolico guanjuatense nunca pasó, en ninguno de los aspectos de ser un agorero frustrado que promocionaba –a semejanza de los farsantes promotores de milagrosos ungüentos– un remedio para cada problema que aquejara a nuestro país. Muchos compraron el menjurje y pronto descubrieron la triste realidad. Ni minutos ni Marcos.
Las cosas marchan y pintan distintas 18 años después; si bien el objetivo –al igual que en 1999– es desterrar al priísmo de los Pinos, cosa que por demás parece muy fácil, la lucha entre candidatos adquiere una complejidad mayor. Las estructuras oficiales hacen lo suyo, difaman o siembran discordias; fabrican delitos o truecan la ley según convenga.
La propaganda del miedo acrecienta; mientras unos creen fehacientemente en la venezolización del país de llegar al triunfo Ya Sabes Quién, otros se empeñan en hacerlo creer; otros lo cuestionan y se oponen; otros lo quieren dudar, e indecisos al fin, preguntan a artífices, ungidos, versados, conocedores, exégetas, letrados y charlatanes: ¿qué ocurrirá si la izquierda morenista se apodera de México?, ¿se confiscarán los templos?, ¿nos llevarán a Venezuela?
Ignoro, porque no soy vidente, que ocurrirá si tal izquierda se apodera de México; pero sé que los templos son propiedad federal, por tanto no entiendo cómo procedería esta confiscación; y dado que la cercanía con Venezuela es imaginaria, da lo mismo que nos lleven allá o nos acerquen a Noruega.
Desconocemos de donde provienen los ingresos de Andrés Manuel, se habla desde pase de charola hasta extorsión; no sería descabellado asegurar incluso, que él estuvo tras la célula criminal que secuestró –y cobró rescate– por el tenebroso Jefe Diego. No obstante tampoco sabemos de dónde proviene la fortuna del señor Anaya y su familia; dicen los que saben que se encuentra apuntalada por la gran cantidad de hoteles de paso que pertenecen a la familia de su señora esposa. Seamos indulgentes, por favor, el sesgo perverso de hoteles de paso es obvio, todos los hoteles lo son, no sé de alguno que sea permanente, aunque habrá algunos abonados de planta.
Si el trasfondo moralista es la humedad de las sábanas, que las desinfecten y asunto arreglado; digo los panistas también saben de lujurias y cómo contribuir a apaciguarlas; si el dinero proviene de la esposa, o de su familia, y éstos lo mantienen, pues muy su sociedad conyugal, cada quién sabe cómo llevarla y qué les conviene.
Miedo o Meade, reza la consigna vertida en el promocional de priísta dirigido en concreto contra el tabasqueño; argumentos pueriles y muy gastados en su trama: fuga de capitales, dólar inalcanzable, caída de la Bolsa; cierre de las fronteras estadounidense; violencia en las calles; represión estatal; toques de queda; ausencia de medicamentos, supresión de pensiones.
Esto desde luego no lo conocemos, todo nos es lejano; los capitales siempre han estado estables y los inversores seguros de mantenerlos aquí; la frontera con los Estados Unidos siempre abierta a los mexicanos; calles con tranquilidad absoluta; nunca se ha experimentado la represión del Estado; los medicamentos son de primera en las instituciones de asistencia pública; y las pensiones son boyantes y decorosas. Por lo demás, lo de menos serían los toques de queda, momentos en los que tendríamos tranquilidad y la certeza de lo seguro.
La fabricación del miedo si no es contra Anaya es contra Andrés Manuel; pero Meade –que tiene la certeza de que vivimos en un territorio con el mejor de los gobernantes– permanece ajeno a los señalamientos del Estado, y aunque evoluciona del Yo Mero al No me Acuerdo, a la ciudadanía simplemente no le inspira.
* * *
Las recientes lluvias y el estado de la capital potosina después de éstas, no sólo evidencia la abulia de las autoridades, sino también nos muestra como una ciudadanía ajena y despreocupada por su entorno. La basura se enseñorea; la lluvia nos muestra como somos.
Así somos y seguiremos; más conservadores que el señor arzobispo. Los candidatos no se han pronunciado sobre temas como el aborto o la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo. Conservadurismo a ultranza en todos los contendientes.
Mientras tanto se vale soñar; una enternecedora Cecilia González Gordoa asegura que buscará el apoyo de José Antonio Meade, ahora que nos visite, ¡cosita! para establecer estrategias de colaboración ahora que él llegue a la presidencia. En el mismo mundo de ensueño vive Xavier Nava pensando que pronto seremos una sociedad libre de tramitología en la que todo se resolverá por la vía digital. ¿Recordará la ciudad de futuro cibernético que nos prometió Mario García?
Y mientras el mismo Navita y Leonel Serrato se re posicionan, ambos con la misma premisa –acuñada por notorio notario– los vamos a sacar; pareciera que don Ricardo ya no la tiene tan fácil, o al menos no debería confiarse. El riesgo no son las estructuras que –dicen– su polluelo desbarató, ni el rechazo de algunos sectores poblacionales que en el pasado lo habían apoyado, sino los dos procesos que se le siguen en la sala Regional Monterrey del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Feo sería que ganara, y la sanción lo tumbara.
Pero mejor sigamos como vamos y no nos angustiemos, al fin si no hay Meade, tampoco hay miedo.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.
La violenta jornada de febrero de 1912, en la que perdió la vida el general Bernardo Reyes, se ametrallaron incesantemente Palacio Nacional, la Ciudadela (antigua Real Fábrica de Tabaco), la rinconada de San Diego, la prisión militar de Santiago Tlatelolco; que continuó con los asesinatos del presidente Francisco I Madero y José María Pino Suárez su vicepresidente, y que culminó con la llegada al poder del espurio Victoriano Huerta, sólo se vio superada por los aciagos días de agosto, septiembre y octubre de 1913 en que se asesinó a los senadores Serapio Rendón y Belisario Domínguez, culminando con la disolución del Congreso de la Unión y el encarcelamiento de los legisladores.
Un preciso testimonio de los hechos quedó plasmado en la obra Los últimos días del presidente Madero, de Manuel Márquez-Sterling y Loret de Mola, embajador de Cuba en México; otro más lo dejó el periodista potosino Luis F. Bustamante, en Bajo el terror huertista. Nunca está por demás, también, leer o releer de manera detallada el discurso pronunciado por el senador Belisario Domínguez, que con valentía argumentaba: Se pretende engañar a la nación mexicana, a esa patria que confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.
Vendrían después el terrorismo argumentativo, la violencia física, la humillación y la deshonra; el crimen.
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El calendario acerca cada vez más la fecha de la jornada electoral; en la medida que ésta se acerca incrementan también las rebatingas verbales entre candidatos; las confrontaciones entre sus seguidores transitan de lo verbal a lo físico. La violencia incrementa.
Intolerancia contra cualquier opinión, a favor o en oposición a cualquier candidato, es cosa del diario. Hay intolerancia contra la tolerancia y contra la intolerancia; todo lo que conlleve a la confrontación es bien visto por cualquier candidato, por cualquier partido, por cualquier color. Prohibido disentir.
La inocente verborrea que acompañó a Vicente Fox en su carrera por la presidencia, es cosa del pasado; el merolico guanjuatense nunca pasó, en ninguno de los aspectos de ser un agorero frustrado que promocionaba –a semejanza de los farsantes promotores de milagrosos ungüentos– un remedio para cada problema que aquejara a nuestro país. Muchos compraron el menjurje y pronto descubrieron la triste realidad. Ni minutos ni Marcos.
Las cosas marchan y pintan distintas 18 años después; si bien el objetivo –al igual que en 1999– es desterrar al priísmo de los Pinos, cosa que por demás parece muy fácil, la lucha entre candidatos adquiere una complejidad mayor. Las estructuras oficiales hacen lo suyo, difaman o siembran discordias; fabrican delitos o truecan la ley según convenga.
La propaganda del miedo acrecienta; mientras unos creen fehacientemente en la venezolización del país de llegar al triunfo Ya Sabes Quién, otros se empeñan en hacerlo creer; otros lo cuestionan y se oponen; otros lo quieren dudar, e indecisos al fin, preguntan a artífices, ungidos, versados, conocedores, exégetas, letrados y charlatanes: ¿qué ocurrirá si la izquierda morenista se apodera de México?, ¿se confiscarán los templos?, ¿nos llevarán a Venezuela?
Ignoro, porque no soy vidente, que ocurrirá si tal izquierda se apodera de México; pero sé que los templos son propiedad federal, por tanto no entiendo cómo procedería esta confiscación; y dado que la cercanía con Venezuela es imaginaria, da lo mismo que nos lleven allá o nos acerquen a Noruega.
Desconocemos de donde provienen los ingresos de Andrés Manuel, se habla desde pase de charola hasta extorsión; no sería descabellado asegurar incluso, que él estuvo tras la célula criminal que secuestró –y cobró rescate– por el tenebroso Jefe Diego. No obstante tampoco sabemos de dónde proviene la fortuna del señor Anaya y su familia; dicen los que saben que se encuentra apuntalada por la gran cantidad de hoteles de paso que pertenecen a la familia de su señora esposa. Seamos indulgentes, por favor, el sesgo perverso de hoteles de paso es obvio, todos los hoteles lo son, no sé de alguno que sea permanente, aunque habrá algunos abonados de planta.
Si el trasfondo moralista es la humedad de las sábanas, que las desinfecten y asunto arreglado; digo los panistas también saben de lujurias y cómo contribuir a apaciguarlas; si el dinero proviene de la esposa, o de su familia, y éstos lo mantienen, pues muy su sociedad conyugal, cada quién sabe cómo llevarla y qué les conviene.
Miedo o Meade, reza la consigna vertida en el promocional de priísta dirigido en concreto contra el tabasqueño; argumentos pueriles y muy gastados en su trama: fuga de capitales, dólar inalcanzable, caída de la Bolsa; cierre de las fronteras estadounidense; violencia en las calles; represión estatal; toques de queda; ausencia de medicamentos, supresión de pensiones.
Esto desde luego no lo conocemos, todo nos es lejano; los capitales siempre han estado estables y los inversores seguros de mantenerlos aquí; la frontera con los Estados Unidos siempre abierta a los mexicanos; calles con tranquilidad absoluta; nunca se ha experimentado la represión del Estado; los medicamentos son de primera en las instituciones de asistencia pública; y las pensiones son boyantes y decorosas. Por lo demás, lo de menos serían los toques de queda, momentos en los que tendríamos tranquilidad y la certeza de lo seguro.
La fabricación del miedo si no es contra Anaya es contra Andrés Manuel; pero Meade –que tiene la certeza de que vivimos en un territorio con el mejor de los gobernantes– permanece ajeno a los señalamientos del Estado, y aunque evoluciona del Yo Mero al No me Acuerdo, a la ciudadanía simplemente no le inspira.
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Las recientes lluvias y el estado de la capital potosina después de éstas, no sólo evidencia la abulia de las autoridades, sino también nos muestra como una ciudadanía ajena y despreocupada por su entorno. La basura se enseñorea; la lluvia nos muestra como somos.
Así somos y seguiremos; más conservadores que el señor arzobispo. Los candidatos no se han pronunciado sobre temas como el aborto o la legalización de las uniones entre personas del mismo sexo. Conservadurismo a ultranza en todos los contendientes.
Mientras tanto se vale soñar; una enternecedora Cecilia González Gordoa asegura que buscará el apoyo de José Antonio Meade, ahora que nos visite, ¡cosita! para establecer estrategias de colaboración ahora que él llegue a la presidencia. En el mismo mundo de ensueño vive Xavier Nava pensando que pronto seremos una sociedad libre de tramitología en la que todo se resolverá por la vía digital. ¿Recordará la ciudad de futuro cibernético que nos prometió Mario García?
Y mientras el mismo Navita y Leonel Serrato se re posicionan, ambos con la misma premisa –acuñada por notorio notario– los vamos a sacar; pareciera que don Ricardo ya no la tiene tan fácil, o al menos no debería confiarse. El riesgo no son las estructuras que –dicen– su polluelo desbarató, ni el rechazo de algunos sectores poblacionales que en el pasado lo habían apoyado, sino los dos procesos que se le siguen en la sala Regional Monterrey del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Feo sería que ganara, y la sanción lo tumbara.
Pero mejor sigamos como vamos y no nos angustiemos, al fin si no hay Meade, tampoco hay miedo.
Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.

