¿Nos deberíamos preocupar?
Luego de la captura de Nicolás Maduro en la "madrugada de Caracas", resultan del mayor interés las aseveraciones vertidas tanto por Donald Trump como por Marco Rubio, respecto a lo que puede venir en el futuro inmediato para México.
Del Secretario de Estado rescato lo dicho en la rueda de prensa posterior a la captura del dictador venezolano: "Lo que el Presidente Trump dice, lo cumple". Si alguien tenía alguna duda, luego de la extracción de Maduro prácticamente desde sus aposentos, es claro que, en efecto, lo que Trump dice "off course" lo cumple.
Ahora bien, partiendo de esa premisa, lo que ha dicho el Presidente norteamericano sobre México no debe tomarse para nada a la ligera, primero es cierto que muestra una narrativa de respeto hacia la figura de la Presidenta Claudia Sheinbaum, al referirse a ella como una mujer extraordinaria, nunca la ha ofendido, al contrario en la única ocasión que han coincidido, que fue en el sorteo mundialista, el lenguaje corporal y de trato se observó un Trump respetuoso y hasta cordial.
Sin embargo, cada que vierte una muestra de respeto hacia la mandataria mexicana, de inmediato remata su comentario diciendo que, -a pesar de maravillosa que es la Presidenta-, en México hay un narco gobierno, que en realidad quienes ejercen el poder son las organizaciones criminales llamadas cárteles, y que la Presidenta ha rechazado en múltiples ocasiones la ayuda de los Estados Unidos para su combate y eventual eliminación.
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Estas expresiones, -en la semana que concluyó-, incrementaron su tonalidad, pues el habitante de la Casa Blanca advirtió que podría haber incursiones terrestres en territorio mexicano, lo cual desde luego prendió las alarmas en Palacio Nacional y se instruyó inmediatamente al Canciller de la Fuente a entablar comunicación con el gobierno estadounidense, amén de la narrativa nacionalista desplegada por la cuarta transformación, bajo el argumento de la soberanía -cada vez más agotado-, ante una nueva realidad geopolítica.
En México, ¿deberíamos preocuparnos?, ante tal interrogante, la respuesta es más bien el replanteamiento de la pregunta ¿quiénes deberían de preocuparse?. Los nocivos liderazgos del crimen organizado en México son, sin lugar a dudas los más preocupados, me parece que no necesariamente a partir de las últimas declaraciones de Trump, sino desde lo acontecido en Sinaloa con la forma en que fue capturado Ismael Zambada, además de la remisión masiva a Estados Unidos de los liderazgos criminales presos en cárceles mexicanas, al ser considerados terroristas.
Como sabemos, ninguno de los liderazgos de los cárteles surgieron y se han mantenido en la cúspide de su poder en solitario, todos ellos tejieron por décadas redes de complicidad con servidores públicos, y precisamente ellos serían los otros mexicanos muy, pero muy preocupados, máxime si Washington ya ha dado muestras de que tiene "otros datos" -que cuando menos hasta ahora les ha dado para cancelarles sus visas-, personajes militantes del oficialismo actual.
Al resto de los mexicanos, las personas comunes, las personas de bien que trabajan todos los días por llevar el sustento a su mesa, nada les debe preocupar, pues aunque hay voces trasnochadas que se desgarran las vestiduras bajo aquella estrofa nacionalista de que "un soldado en cada hijo te dio", millones de mexicanos agraviados por el crimen, por supuesto que jamás tomarían ni una resortera, para impedir que el brazo justiciero norteamericano profanara suelo mexicano para llevarse a un buen numero de criminales (pistoleros y corruptos), que tanto daño le hicieron y le hacen al país, aunque desde las juventudes morenistas (dixt Adriana Marín) se diga, que los narcos son generadores de empleos.
En conclusión, sí hay que tomar muy en serio lo dicho por Trump, porque claro que lo puede cumplir, por ende, seguramente en los próximos días veremos capturas importantes para tratar de tranquilizar el apetito de resultados solicitados desde la Casa Blanca. Lo que aún es una incógnita es, ¿hasta donde el actual gobierno federal aguantará la presión?, considerando que a Trump le faltan tres largos años de un mandato que sin duda, seguirá cambiando el mundo.
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