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Otros son los responsables

Por Óscar G. Chávez

Noviembre 25, 2023 03:00 a.m.

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Más allá de las tejanas que sobresalen en los restaurantes del centro histórico, en las recepciones de los hoteles y en los accesos y gradería del estadio mal acondicionado como lienzo charro, la presencia de los charros concurrentes al congreso nacional organizado por el gobernador podría pasar prácticamente desapercibida. El porqué de las tejanas lo ignoro, supongo que serán norteños o quizá es mucho más práctica para pasear por las calles con un sombrero de ala ancha y cuatro pedradas.

Pero con todo y ese distintivo (y los monstruosos trocones en que se desplazan) su presencia no se asocia del todo a la importante y casi mundial convención que los mantiene en la ciudad y del cual todo San Luis, México e incluso el mundo deberían de estar hablando. Recordemos que posicionar a San Luis y presumir la arena charra en la que se realizaría, para que así una infinidad de artistas de primer nivel mundial aspiraran a actuar en ese escenario, fue el principal motivo por el que se propuso a esta ciudad.

Desafortunadamente, después del fiasco inicial, las inundaciones, los acarreos, las denuncias de maltrato animal y las burlas al improvisado escenario, ya nadie recuerda que aquí se realiza y ni siquiera lo mencionan como una actividad a la que puedan concurrir las familias potosinas. Lo que acabó salvando a las enlodadas charreadas del olvido fue la manifestación que tianguistas de la Ruta 10 realizaron el pasado jueves frente a palacio de gobierno por las mermas económicas que en su actividad dominical les han generado los caprichos del gobernador. 

La respuesta a la manifestación fue la de siempre: repartir culpas a otras instancias; sobra repetir, aunque no está por demás, que esta administración es incapaz de reconocer sus errores, de asumir responsabilidades y de buscar soluciones. La supuesta responsabilidad en esta ocasión le fue endilgada al Ayuntamiento de la capital por el flamante secretario general de Gobierno, a quien poco le faltó para decir que el alcalde organizó la protesta y quien, por cierto, señaló a la instancia municipal como la encargada de “controlar” a los tianguistas; es decir, en su entendimiento (que seguramente es el mismo que el de su jefe) no existe el término normar o reglamentar, sino controlar. Y aunque la forma proyecta el fondo, no hubiera estado por demás que se le preguntara al militar represor a cuyo cargo está la seguridad del estado, si era momento o no para permitir esta muestra de descontento social.

Ayer, también una manifestación de los maestros jubilados del sistema de Telesecundarias colapsó el tráfico vehicular del centro histórico por la falta de puntualidad en los pagos a que tienen derecho. Son acciones que si bien no van a tener la popularidad y el apoyo que debieran, por afectar a terceros, son necesarias para evidenciar las desvergonzadas maneras en que se dispone no sólo del erario sino hasta del recurso que ya está comprometido para el pago de jubilaciones.

Protestas como ésta derivan sólo es de lo que hasta ahora se conoce, pero seguramente en breve nos iremos enterando de otras malversaciones que afectan en mayor escala el patrimonio de los potosinos, de ahí la necesidad del gobernador de desviar la atención y difundir nuevas y más burdas mentiras como esa que ahora le ha dado por llamar el fraude del siglo. 

Desafortunadamente para él y su corte de loros replicadores y focas aplaudidoras, estas mentiras cada vez encuentran una menor audiencia, mientras que, por el contrario, ya no son sólo los grupos maiceados por “la herencia maldita” los que muestran su descontento, sino también otros sectores que comienzan a ver vulnerados sus medios de sustento y con mayor frecuencia comienzan a manifestarse contra las caprichosas decisiones y acciones del gobernador y su “presencia maldita”. 

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Nota al calce: fue tan desafortunada y horrorosa la intervención de barniz chorreado que se le dio a la puerta del auditorio Rafael Nieto o paraninfo universitario, que se vieron en la necesidad de ocultarla con una lona de la encomiable campaña “Mujeres que construyeron la UASLP”. Del secular portón de la Real Caja también debería decir algo pero mi característica prudencia me invita a guardar silencio. ¿Necesitará lentes el oftalmólogo?