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Para la alcancía

Por Óscar G. Chávez

Diciembre 30, 2023 03:00 a.m.

A

Cierra un diciembre más, tres de la actual administración que lleva ya transcurridos dos años y tres meses desde que el actual gobernador tomó posesión del cargo. Este diciembre contrasta notablemente con el anterior en el que el derroche, con todo y el torcido chupirul, fueron el distintivo de la ciudad, mientras que éste  ha sido aparentemente de mayor austeridad en cuanto a adornos y festividades, o dicho de otra forma ha estado más apagado el asunto.    

Esto sólo puede explicarse no por haber disminuido el espíritu lúdico y jolgorioso del gobernador, sino por el hecho de que las arcas públicas se encuentren en crisis con todo y que pretendan hacernos creer que nunca han estado mejor. La razón es muy sencilla y no puede achacarse a factores externos como algún recorte federal, sino más bien deriva del agandalle y la desmedida voracidad con la que se ha buscado distraer la mayor cantidad de recursos públicos posibles, en detrimento de su correcto reparto y sin importar la problemática que pueda generarse entre los afectados por su retención y desvío.              

El día de ayer, por ejemplo, tuvo lugar una manifestación de los jubilados del subsistema de Telesecundaria a los que no se les había realizado el pago correspondiente al mes de diciembre. Resulta inconcebible que en pleno día 29 la secretaría de Finanzas no hubiera cubierto el adeudo mensual con 1600 jubilados. Dos días antes ocurrió también otra manifestación de trabajadores de la Fiscalía.  En este último caso la secretaría buscó lavarse las manos, argumentando que era la propia Fiscalía, dado su carácter autónomo, quien debía hacerse responsable del adeudo; excusa por demás absurda ya que por muy autónoma que es apariencia sea, los recursos los sigue distribuyendo y entregando la propia secretaría. 

Esto se veía venir ya desde hace tiempo, pudiéramos decir que casi desde la mitad del primer año de la actual administración. El problema financiero no deriva de una ficticia falta de participaciones, recursos propios o incluso del sistema de recaudación; hemos visto que cuando resulta conveniente se invoca, mientras que en otras ocasiones se señala como problema menor.  Incluso, aunque hacen mella y es evidente el boquete que causan, las obras de relumbrón como los puentes con tendederos, la “remodelación” de los parques Tangamanga, la arena charra, la convención de los amigos de pala y reata, los conciertos de tambora o reguetón y los festivales navideños, no son sino gastos menores dentro del presupuesto estatal. 

El motivo principal es otro, todos lo saben y aprueban (ya que el gobernador cuenta con el apoyo de todos, partiendo del principio de volverse cómplice al no denunciar), el dinero que se está echando a la alcancía será destinado para financiar tanto en lo local como en lo federal el proceso electoral del próximo año. De alguna forma se tenía que explicar el repentino y extraño afecto surgido entre la candidata a la presidencia y el gobernador. 

Sostener monetariamente precampañas y campañas no es cosa menor, eso lo sabe a la perfección Ricardo Gallardo; recordemos, por ejemplo, todo el tiempo que estuvo en precampaña y luego en campaña formal, actividades que desde luego requirieron una enorme cantidad de billetitos que de algún lado debieron haber salido. Al día de hoy sigue siendo un misterio. 

Pero con todo y lo cuestionable del origen, lícito o ilícito, cualquiera estará de acuerdo que no es lo mismo poner dinero propio, conseguirlo o buscar patrocinadores (a los que luego hay que pagarles con leoninos intereses), que tener a su disposición la enorme alcancía  que representa el recurso de todo un estado. No hace falta buscarle mucho como para darse cuenta que a dónde irá a parar el recurso del que el estado ya no dispone por estar secuestrado. Los votos cuestan y de algún lado tiene que salir con lo que se pagan.    

Gracias por las lecturas de este año.