Para mejor entendernos

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Frente a la disyuntiva de “elegir un presidente que cambie poco y sigamos como vamos” o “uno que cambie mucho y empecemos algo nuevo”, el 81 por ciento de los mexicanos se inclinan por la segunda opción. Así lo revela un amplio, serio y profundo estudio publicado por la revista Nexos en su número de este mes. Destaca también que “el enojo social extendido” es el tema que subyace los resultados de la investigación. Pistas sólidas para entender el talante nacional de cara a las elecciones en puerta.

Lo singular de este estudio es que no tiene propósitos electorales. Casi idéntico se realizó una primera vez entre finales del 2010 y principios del 2011; se publicó en el número 398 de la revista, correspondiente a febrero de este ultimo año.

A finales del 2017, Nexos tomó la decisión de repetirlo con trabajos similares de gabinete y de campo.

En ambas ocasiones, los trabajos correspondientes se encomendaron a las empresas Lexia y Gaussc, especialistas la primera en investigaciones sociológicas y la segunda en levantamiento de encuestas. Se hicieron mil 794 entrevistas cara a cara en hogares de todo el país. El propósito declarado de sus patrocinadores y realizadores fue desde 2011 “Medir las aspiraciones de los mexicanos. ¿Qué sueñan, qué esperan, qué anhelan, qué repudian o añoran de su país o de ellos mismos? ¿En qué confían, cómo se definen frente al futuro y frente al pasado? ¿Quiénes son aquí y ahora (los mexicanos) más allá de generalizaciones sociológicas y estereotipos históricos?”
Los resultados son muy interesantes y reveladores.

Reproducirlos todos requeriría de varios espacios como éste.

Pueden encontrarse tanto en la edición impresa del Nexos como en su página web que es de libre acceso. No obstante que, subrayamos, el estudio está alejado de intereses electorales –“Este estudio no busca entender a los mexicanos como votantes, consumidores en un mercado electoral”, precisan sus autores- al leerlos nos parece que hay varios de sus hallazgos actualizados que ayudan a entender el momento político que estamos viviendo, sobre todo el que se refleja en las preferencias o intenciones de voto. Veamos algunos.

“Encontramos un estado de ánimo más pesimista, más personas piensan que viven peor que sus abuelos y que sus hijos vivirán peor que ellos”. Ésta puede ser una percepción equivocada, pero el hecho es que está presente en el imaginario popular y modula su talante e influye en sus decisiones, incluidas las político-electorales.

Quizá uno de los resultados más conmovedores de la investigación es que en el lapso de siete años transcurridos entre ambas aplicaciones, creció “el grupo que ha hecho lo que se le dijo que debía hacer, ir a la escuela, sacar buenas notas, cumplir sus obligaciones” (trabajar, no delinquir, pagar impuestos) y sin embargo están hoy convencidos de que el país no ha hecho su parte, de que “México les sigue quedando a deber”.

En 2010-2011, a los autores del estudio les sorprendió encontrarse con “una quiebra de la confianza” del mexicano en su país y sus instituciones. Siete años más tarde ese fenómeno ha sido sustituido por “el enojo social extendido”, forma suave de llamarle a la rabia popular generalizada.

En cuanto al resultado de perfil electoral más claro, ya citado en el primer párrafo, es impresionante que 8 de cada 10 mexicanos prefieran un cambio radical que implique un nuevo comienzo, sobre un cambio paulatino.

Comparativamente con lo encontrado siete años antes, hoy día “los mexicanos continúan creyendo más en sí mismos que en el país donde viven, pero con un creciente enojo y sentimiento de abandono del gobierno”.

Luego de confirmarse que para el mexicano su verdadera patria es su familia y que su tan exaltada solidaridad es episódica y sólo aparece en caso de catástrofes, en tanto que el resto del tiempo prevalece el principio de “cada quién para su santo”, surgen otros datos imposibles de soslayar.

Uno en particular llama poderosamente la atención: el disgusto muy extendido contra el nuevo sistema de justicia penal, ese que más allá de sus robustos soportes técnicos, doctrinarios y académicos, es visto por una gran mayoría de mexicanos como la causa de que muchos delincuentes no reciban el castigo que se merecen y anden en la calle. Es terrible, pero frente al apotegma universal de que siempre es preferible que un culpable ande libre a que un inocente esté preso, el 58 por ciento de los mexicanos piensa lo contrario.

¿Por qué los pleitos de Andrés Manuel López Obrador con algunos de los más importantes empresarios del país no tuvieron ningún reflejo en la intención de voto? La respuesta podría estar aquí: 69 por ciento de los encuestados por Gaussc piensa que puede lograr sus sueños y aspiraciones sin importar lo que hagan ricos y poderosos, al tiempo que el 71 por ciento considera que la mala calidad de sus empleos es el problema que más los aleja de alcanzar sus sueños.

Las aportaciones de este valioso estudio, aunque su intención original haya sido otra, al final del día vienen a hacer más fáciles de entender muchas de las manifestaciones del estado de ánimo más extendido entre la población, de cara a las elecciones en puerta. Manifestaciones que se pueden dimensionar mejor con algo de contexto.

PUROS DESFIGUROS

Alguna vez, allá por 1983 u 84, le escuché decir a don Francisco Martínez de la Vega que le causaba mucha hilaridad ver “cómo el Estado mexicano crea sus propios monigotes y luego se asusta con ellos”. El tema de la conversación eran Joaquín Hernández Galicia, que desde el sindicato petrolero estaba ejerciendo fuertes presiones sobre el gobierno del presidente Miguel de la Madrid para que no se afectaran los intereses del gremio, y Carlos Jonguitud que desde el Palacio de Gobierno potosino controlaba férreamente el sindicato magisterial y lo usaba de ariete en sus disputas con el alcalde Salvador Nava.

“Son monigotes creados por el Estado, en el momento que éste quiera no tarda ni cinco minutos en meterlos al orden”, insistía don Paco. Y así ocurrió. De la Madrid no quiso pleito pero llegó Salinas y en un dos por tres ambos se derrumbaron.

Parafraseando a Martínez de la Vega podríamos decir que causa hilaridad ver como Juan Manuel Carreras crea sus propios esperpentos y luego hace toda clase de desfiguros para esconderlos y que no incomoden a las visitas.

Efectivamente, como ya lo narró Adriana Ochoa en su Cábala del domingo pasado, un día antes, durante la visita del candidato José Antonio Meade a Rioverde, operadores de Carreras López tuvieron que hacer circo, maroma y teatro para que Oscar El Cochiloco Bautista, no se aproximara al ilustre visitante y mucho menos se fuera a tomar una selfie con él.

La precaución no era gratuita. Alguien de su equipo cercano, consciente de que el mayor activo político de JAM es su honestidad personal, le advirtió que en Rioverde se toparía con el muy tóxico candidato a diputado federal por la alianza PRI-PVEM, miembro conspicuo de la Ecuación Corrupta y pillo, pillo, pillo, a quien debería evitar en su cercanía a como diera lugar.

Desde antes de su llegada a Rioverde, Meade ya había dejado claro que no quería saber nada de Oscar Bautista y se dispuso todo un operativo para que por ningún motivo El Cochiloco fuera a darle el abrazo del oso.

El espectáculo chusco que hubo de escenificarse en Naranjópolis sería una auténtica intrascendencia, algo totalmente trivial, si no fuera porque en realidad es un retrato más del demencial desorden político que el gobernador Carreras López, en su versión de jefe real del priismo potosino, ha causado y sigue causando en la entidad.

En el fondo el asunto es simple: si Juan Manuel Carreras López no hubiera querido, Oscar Bautista no habría sido candidato a diputado federal, por mucho que lo promoviera el PVEM.

Asumir lo contrario, sería concluir que Manuel Barrera Guillén es políticamente más poderoso que el Gobernador. La verdad es que Bautista anda de candidato porque el Janos Segovia siempre tuvo la razón.

Pero el asunto tiene ángulos patéticos. En cierto momento, cuando alguien se atrevió a cuestionarlo por su aprobación a que Bautista fuera candidato, Carreras López justificó su tonta decisión con el argumento de que es quien podía conseguir más votos en ese distrito para José Antonio Meade, y palabras más palabras que “mientras consiga votos sus antecedentes no me importan”.

Después de los desaires en sus terrenos –no digo en su tierra porque es veracruzano-, en público y ante los ojos de sus seguidores ¿cuántos votos espera Juan Manuel que El Cochiloco le consiga a Pepe Toño? Ya lo veremos en el análisis casilla por casilla.

Dicho de otra forma, Juan Manuel Carreras llenó de caca a su partido imponiéndole candidaturas como la de Oscar Bautista (que tampoco es la única), con la peregrina idea de que le consiguiera votos a su amigo Pepe Toño, pero luego tiene que operar para que éste le haga el feo a aquel y lo mande por un tubo.

En otras épocas, una actitud como la de Meade habría significado el fin de la carrera política de Bautista, pero ahora el escenario más previsible es que JAM pierda y El Cochiloco gane, así es que para que perder el tiempo consiguiéndole votos a alguien que lo humilló en la plaza publica pero que en mes y medio se va a su casa mientras que él se irá tres años a San Lázaro.

Perdón la insistencia, pero sigo con la terrible duda: ¿Carreras es un monstruo de sabiduría política o es el Babalucas de la política potosina?.

COMPRIMIDOS

  • La noticia de la declinación de Margarita Zavala nos llega sin mayores datos, sobre todo si lo hace a favor de alguien o no. Con sus 5 puntos porcentuales de intención de voto promedio no parece que pueda tener un impacto decisivo en las preferencias electorales, pero dependiendo de lo que decida políticamente puede incidir de otra forma. No es lo mismo si pide a sus seguidores que voten por Anaya o que si pide el apoyo para Meade o ¡imaginese usted! para AMLO.


 

  • Ayer fue día de encuestas. Una, telefónica de la empresa Massive Caller que tiene un nivel de confianza inferior a las de otras casas encuestadoras, nos trae la novedad de que en la contienda para la presidencia municipal de esta capital el primer lugar lo tiene Xavier Nava, con 27.3 por ciento; Ricardo Gallardo va en segundo con 22.3 y Leonel le pisa los talones con el 17.8. Por lo pronto ¿cuál 3 a 1?


 

  • Consulta Mitofsky dio a conocer su encuesta nacional, y no trae mayores sorpresas: AMLO, 32.6 por ciento; Anaya, 20.05 y JAM, 14.5. Estas cifras corresponden a la denominada preferencia bruta. Si se elimina a los que no respondieron la pregunta o dijeron que no irían a votar y se obtiene la preferencia efectiva, las cifras se vuelven mucho más radicales: AMLO, 44.5 por ciento; Anaya, 28.0, y JAM, 19.8.


 

  • Un dato llamativo del trabajo de Mitofsky es que desde que arrancaron las precampañas en diciembre, AMLO ha subido 9.6 puntos porcentuales; Anaya ha crecido únicamente 0.5 y Meade bajó 4.9.


Hasta el próximo jueves.