Pasado mañana

Hay cosas de las que no es tan agradable hablar. Para los partidos históricos y sus candidatos la hecatombe fue tremenda, y se ven ahora desplazados por un movimiento que aún no es un partido. Miren, a muchos esta madriza les da un gusto enorme, pero no deja de tener implicaciones que se deben atender pues se pierden contrapesos y deberán construirse en otros ámbitos.
Ese domingo estaba yo bastante relajado después de votar y ver el fut, así que me fui unas horas con excelentes amigos a comer y caminar en el centro del pueblo de Coyoacán. Era esa también una forma de evitar el doloroso goteo de datos electorales, dejando hasta la noche el pregón de los resultados.
Bueno, a diferencia de otros zalameros, este escribano no le desea al ganador que sea un buen presidente. Más bien, se lo demanda a partir de sus promesas más sensatas (podrá olvidarse de los desatinos), aunque eso haga que me equivoque en mis advertencias (no profecías).
Es lógico, oigan, que cambie en alguna medida su anterior discurso de campaña y, entre otros puntos, subraya ahora que está consciente de la gran responsabilidad que tiene y que no quiere ser “un mal presidente.” Es distinto ser candidato que presidente, y resulta alentador que se empiece a notar.
Hoy ya no se trata de “amor y paz” ni de atraer votos con chascarrillos. Don AMLO busca actuar con sensatez, civilidad, pragmatismo, institucionalidad y, claro, sagacidad. Esto nos debe animar y tranquiliza los mercados, pero en la sociedad civil dicen que una golondrina no hace verano.
Si aspira a ser un estadista tiene que escuchar, guiar, inspirar, nunca dejar de aprender, trabajar con la diversidad de partidos y clases sociales, tomar en cuenta a los poderes Legislativo y Judicial y, en suma, ser presidente de todos los mexicanos. Algunos de estos requisitos ya los cumple, en tanto que los demás los podría desarrollar.
Las ocurrencias seguirán, pero conviene estar más atentos a los grandes temas, aunque haya que analizar y debatir aquellas de cancelar el nuevo aeropuerto; reducir la seguridad del presidente; descentralizar dependencias gubernamentales sin medir el costo-beneficio; pretender refinerías adicionales o incluso una autosuficiencia alimentaria,…
No conozco bien muchos temas de fondo (como el campo o la seguridad nacional) y otros no me inquietan, pero de los que entiendo y me preocupan sólo menciono aquí cuatro fundamentales para nuestro país: 1. La economía; 2. La educación, 3. La corrupción, y 4. La pobreza. En cada una de estas áreas se trata de mejorarlas o abatirlas, no de empeorarlas (esto también es posible).
De todas podremos discutir aquí y donde gusten, pues hay graves riesgos de errores y omisiones que deberá conjurar el nuevo gobierno. Es tal vez donde se puede ayudar a un presidente y su equipo para que no sean un mal gobierno, sino uno bastante bueno. Este país ya no aguanta.
Igual que en los Estados Unidos, en México no suele llegar a la presidencia el más capaz sino el que resulta más político o aprovecha las circunstancias. Allá han sido los casos de Trump contra Hillary (2016), Bush Jr en vez de Al Gore (2000) o Ronald Reagan en lugar de Adlai Stevenson (1952 y 1959). Sin embargo, Reagan y Bush supieron atraer a gente de capacidad y prestigio.
Acá sucedió con Fox ante Francisco Labastida y Manuel Camacho Solís, o se puede apreciar hoy con AMLO frente a Meade e incluso Anaya. Pero, ojo, ahora el triunfador ha venido atrayendo a individuos más competentes en determinadas áreas, lo que habla bien de él y su perspectiva.
Es así que proyecta para su Gabinete a Romo, Sánchez Cordero, Moctezuma o Jiménez Espriú, quienes han demostrado vastos alcances a lo largo de años, aunque en el esquema inicial hay también varios sin experiencia ni prestigio que son hijos o cónyuges de amigos y colaboradores. Supongo que esto podrá ser reforzado en busca de mejores resultados a menor plazo, sin que nadie tenga que aprender como titular en una secretaría de Estado.
Por distintas razones no todos aceptarían incorporarse, más que nada por el temor de que el presidente no los escuche y haga su voluntad en áreas delicadas. Me comentan que no estaría mal que ofreciera a Meade la secretaría de Hacienda por su preparación, experiencia y prestigio internacional. Pero, si bien JAM ya ha colaborado con éxito en gobiernos de dos partidos, no estoy seguro de que participara en un mandato de la coalición de Morena.
Sin embargo, en su primer discurso el 1 de julio, este presidente que habrá producido nuestra democracia se refirió a la importancia de evitar una crisis estos meses. De hecho, el desbordamiento de dificultades económicas se podrá frenar a partir de acuerdos con el actual gobierno y la confianza en una conducción profesional de la economía, lo que implica evadir errores o atisbos de un “cambio de modelo económico”.
Reitera también que empieza algo “histórico” pero nadie debe perder de vista que eso puede ser positivo o negativo, como ha vivido Estados Unidos en diversos períodos (con F.D. Roosevelt de 1932 a 1945) o Alemania (a partir de la reunificación en 1990 y la consolidación económica), o bien Venezuela (Chávez y Maduro, 1999-2018) y la misma Alemania (A. Hitler, 1933-45). En cada uno de esos casos se habló de una ‘Nueva Era’.
Al parecer, a su vez, alguien llegó a pensar que por discutir yo las fallas del candidato López Obrador, opinaba que él no iba a ganar (pese a su amplia y persistente mayoría en las encuestas más serias, que nunca cuestioné). Fíjense, tal como dije en un artículo: A diferencia de los sorpresivos resultados con las votaciones del Brexit y de Trump, “acá ya se advierte que don AMLO es un peligro real al ser el favorito”.
En fin, a los amargosos o preocupados nos sugieren: “decídanse a ser felices”, ya sea aquí en México o quizá fuera del país (si no queda de otra), pero eso no depende nada más de uno sino de que las cosas tampoco vayan tan mal. Esto es justamente lo que espero y, claro, la vida sigue… aunque no sólo la de uno, también la de tantos mexicanos, que deberá ser mucho mejor.
* EL CANDIDATO PRESIDENCIAL DEL PRI no ganó en ningún estado y en varios se superaron los temores de malos resultados para este partido. El enojo derrotó al miedo, apuntan.
Las autocríticas y los pronósticos no significaban deslealtades ni malas vibras, sino simples advertencias para eludir lo peor. Lecciones hay, está claro, e igual graves responsabilidades. Y en los estados ¿es mal de muchos…?

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