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Patrimonio Vivo

Por Luis González Lozano

Octubre 12, 2024 03:00 a.m.

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En un mundo donde las noticias del cambio climático y la deforestación llenan titulares, resulta refrescante, aunque inesperado, encontrarse con decisiones gubernamentales que apuestan por el respeto y la preservación del medio ambiente. El reciente decreto de “Lineamientos para la Declaratoria de Árboles Patrimoniales del Municipio de San Luis Potosí” es, sin lugar a dudas, uno de esos actos que merece reconocimiento. Y no solo por el valor técnico que supone la creación de un mecanismo para proteger el arbolado histórico y notable, sino por el mensaje profundo que envía el gobierno municipal a los potosinos y al resto del país: los árboles son más que un recurso natural, son testigos silenciosos de nuestra historia, cultura y vida diaria.

Hablar de un árbol como patrimonio puede sonar insólito en una era donde la urgencia medioambiental se traduce en soluciones inmediatas como la reforestación o la reducción de emisiones. Sin embargo, lo que muchos de nosotros ignoramos es que en cada esquina de nuestra ciudad pueden existir árboles que no solo purifican el aire que respiramos, sino que cuentan historias tan profundas como las que vemos en los libros de historia. 

El municipio de San Luis Potosí ha dado un paso decisivo en este sentido, reconociendo en su reciente decreto que ciertos árboles merecen una protección especial. No cualquier árbol, por supuesto, sino aquellos que han sido testigos de eventos históricos relevantes o que, por su extraordinario tamaño, edad o características científicas, representan una joya natural. Así, el decreto establece dos categorías para estos árboles: históricos y notables.

Los árboles históricos son aquellos que están ligados a eventos de trascendencia local, estatal o nacional, convirtiéndose en monumentos vivos que debemos respetar. Por otro lado, los árboles notables son aquellos que, por su tamaño o particularidades, nos recuerdan la belleza y majestuosidad de la naturaleza. Ambos son parte de un legado que va más allá de lo ornamental; son símbolos de nuestra identidad y, al protegerlos, también nos protegemos a nosotros mismos, como parte integral del entorno que compartimos.

A mi juicio la creación de estos lineamientos es, en realidad, una declaración de principios. En un contexto en el que las ciudades se enfrentan al crecimiento urbano desmedido y la tala indiscriminada, la administración municipal ha decidido mirar en otra dirección: la de la preservación, la sostenibilidad y el respeto por el entorno.

Este acierto del municipio responde, por supuesto, a una necesidad imperiosa. La ciudad ha sufrido durante años una mala planificación en la plantación de árboles, lo que ha llevado a conflictos entre los vecinos y la naturaleza. La poda y tala irregular, a menudo sin justificación real, ha mermado un patrimonio que ya se encuentra en riesgo. Ante esta situación, el decreto busca poner un alto, proponiendo medidas que no solo protegen a los árboles patrimoniales, sino que también los valoran como parte esencial del paisaje urbano.

Ahora bien, este decreto será solo un papel olvidado en los archivos municipales si nosotros, los capitalinos, no tomamos conciencia de su importancia. Debemos enterarnos de este decreto, difundirlo y, más allá de eso, apoyarlo activamente. La protección de los árboles patrimoniales no es solo tarea de las autoridades, es responsabilidad de todos. Si caminamos por las calles y vemos un árbol que destaca por su tamaño, su belleza o su historia, no dejemos pasar la oportunidad de conocer más sobre él, y si es posible, sugerir su inclusión en este listado de árboles patrimoniales.

El decreto de San Luis Potosí puede y debe ser un modelo para otros municipios. En un país tan vasto y diverso como el nuestro, es innegable que en cada rincón de México hay árboles que merecen ser protegidos. Las ciudades no deben verse sólo como aglomeraciones de concreto, sino como ecosistemas que albergan no solo a personas, sino también a la naturaleza que les rodea. El cuidado de los árboles no es solo una cuestión estética, sino también una cuestión de salud pública, desarrollo sostenible y preservación del patrimonio.

Un árbol que se protege hoy es una fuente de oxígeno para generaciones futuras. Es también una barrera contra las altas temperaturas, un refugio para las aves y una lección viviente para los niños. Al proteger nuestros árboles patrimoniales, estamos garantizando que las futuras generaciones de potosinos tengan la oportunidad de disfrutar de una ciudad verde, viva y vibrante.

Delírium trémens.- En el Gobierno del Estado parece que todavía están perdidos cuando se trata del medio ambiente. Con solo echarle un ojo a la normatividad vigente, podrían hacer maravillas. Pero, ¿qué se puede esperar cuando ponen a un chamán a cargo? Tal vez están esperando que llueva… pero de ideas.

@luisglozano