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Petate de muerto

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Junio 25, 2024 03:00 a.m.

A

Empecinados en deslegitimar un triunfo abrumador de la izquierda progresista representada por el ideario y programa de la Cuarta Transformación, los personeros de la derecha en México han recurrido a las más variadas como descabelladas narrativas sobre una eventual catástrofe de nuestro país si se continúa por lo que algunos han denominado desde hace tiempo como el sendero de AMLO. Como lo ha observado el escritor Pedro Miguel, desde 2006 se vienen reproduciendo esas cantaletas, luego de que se apoderó de la derecha doméstica y del exterior el temor fundado de que la izquierda podría ganar la elección presidencial mexicana… como en efecto ocurrió, pero mediante el fraude electoral se impuso a Felipe Calderón en Los Pinos. 

Desde 2006 a la fecha se ha desgranado una interminable serie de planteamientos simples sobre el supuesto desastre que acompañaría el ejercicio de un gobierno de izquierda progresista en nuestro país. Que si nos invadirían los rusos, que si se implementaría el comunismo que come niños, que si se despojaría de sus viviendas a las familias, que si una mega-devaluación del peso, que si “a chuchita la bolsearon”, en fin. Lo cierto es que todo lo que los agoreros del desastre han pregonado desde la derecha no ha sucedido, por la sencilla razón de que son meras ganas de estar fastidiando con “el petate del muerto”; esto es, con versiones de posibles acontecimientos que no se sostienen en la mínima razonabilidad, ya no digamos histórica, sino apenas lógica.

Por ejemplo, así nomás porque sí, aseguraron que una eventual dictadura se concretaría con la re-elección de López Obrador y jugaron irresponsablemente con esa especie, pero se quedaron con un palmo de narices. En suma, un continuum de versiones que terminaron por colmar la paciencia del pueblo que, como bien se ha dicho, no es tonto y “tontos son los que creen que el pueblo es tonto”. Siguiendo a don Ramón Gómez de la Serna, bien podría ilustrarse el asunto con una de sus clásicas greguerías: “no es lo mismo simpleza que sin plaza”. Y, en efecto, si contando con el poder de la cosa pública se volvían locos esos personeros de la derecha, como el caso de Fox y Martita, peor tantito si ya no lo tienen para cacaraquearlo siquiera.

Por el contrario, durante mucho tiempo -apenas casi cuarenta años-, se contuvo el aumento sustancial del salario mínimo, dizque porque se provocaría un caos y quien sabe qué otras cosas que ahuyentarían la inversión privada. Allí tienen que en este sexenio se incrementó el salario mínimo como nunca antes, y de las pensiones para adultos mayores mejor ni hablamos porque basta con recordar las palabras de la propia excandidata presidencial opositora, de apellido Gálvez, que primero abominó de dicho apoyo social por considerar que era como tirar el dinero y luego se desdijo como si nada.  Esa terrible cacofonía  de la señora Gálvez (“las personas adultas mayores ya vivieron la vida…”) quedará para la historia como muestra de que, en el fondo de tanta verborrea, a los personeros de la derecha les importa poco la suerte de los más.

En fin, en lugar de hacer de tripas corazón… por México y ejercer una autocrítica propositiva que les permita recuperar el papel de una oposición respetable, los personeros de la derecha insisten en avizorar el catastrofismo donde sólo ellos ponen el ojo y la bala; sin embargo, el anuncio de acciones que el gobierno presidencial electo anuncia llevar a cabo, así como el nombramiento de colaboradores reconocidos como aptos, ha resultado eficaz remanso para el nerviosismo auspiciado al comportamiento de capitales privados.