Poesía para padres al volante
A veces me refugio en los poemas de desconocidos -para mi-, tomados al azar de alguna página a la mano. Solo leer para no llegar a nada o- a todo- en versos de alguien que escribe bajo un estado de ánimo o un estado etílico; quizá un estado civil incómodo o al contrario; o un estado de esos que llaman “alterados de consciencia”.
Quizá la poesía nunca nos diga lo que el autor quiso decir o quiso hacernos creer que eso quería decirnos. Tan solo tomó la pluma electrónica o de tinta de carne y hueso y dejó que la mano dibujara ideas con aspecto de palabras y frases que decirle a alguien, alguien uno como nosotros, que toman estas columnas para encontrar algo parecido a la información o cercano al sosiego, o al mal de muchos. Como ven, no digo nada que tenga sentido o que les sirva para platicar en el café o mientras tejen pantuflas de invierno en el verano.
Quizá no digo mucho porque no sé en qué tono hablar de los padres de familia al volante en amplias calles de camellón, urgidos al cinco para las ocho o para las siete, para lanzar a la puerta de la escuela a los niños que van tomando yacult o peinando, mientras mamá o papá, además de ir casi a 80 km/ph, consultan el celular o regañan desahogando la frustración de su propia impuntualidad o premura.
Los entiendo porque he pasado por esa etapa, pero eso no quita que sean un peligro en circulación. Este lunes vi una procesión alternada y continua de vehículos rumbo a las escuelas cercanas a mi casa en mi ruta de caminata mañanera. Como iba yo, desprovista de celular o audífonos, me permitía tener al cien por ciento de mi atención para cruzar cada calle.
En algunas, la maniobra fue casi imposible y me llevé más de un claxon y un gesto de malestar por pedir que bajaran la velocidad o bien que cedieran el paso. Pero supongo que el estrés es mal compañero del volante.
Yo no quiero darles ningún consejo, solo quiero decirles que no nos pongan en peligro y nos permitan disfrutar la mañana peatonalmente por tan solo unos minutos. Seguro los niños o adolescentes que van con ustedes, llegarán al salón de clases más serenos, si advierten que los papás manejan con cuidado y a una velocidad que no admita sobresaltos.
Para terminar, les dejo un poema que los lleve a cualquier lugar o a ninguno. Que les deje la mente en pausa o que los haga soñar en un mundo más amable a pesar de las prisas de la vuelta al cole y a la vida en sociedad después de una larga espera por volver a ella.
Una definición de la poesía
OKSANA ZABUZHKO
Sé que voy a morir una muerte difícil…
como cualquiera que ama la música precisa de su cuerpo,
y sabe forzarlo por los huecos del miedo
como por el ojo de la aguja,
que baila toda una vida con el cuerpo –cada movimiento
de los hombros, la espalda y los muslos
brillando con misterio, como un término sánscrito,
músculos que juegan bajo la piel
como peces en una piscina nocturna.
Gracias, Señor, por darnos cuerpos.
Cuando muera, di a los techadores
que bajen las vigas y el techo
(mi bisabuelo, que era brujo, dicen que así se fue).
Cuando mi cuerpo se ablande por la humedad,
el alma hinchada, oscura y abultada,
se tensará
como una vena azul en una clara de huevo hervida,
y el cuerpo ondulará en espasmos,
como la manta que se quita un enfermo
porque tiene calor,
y el alma se alzará para atravesar
la presión de la carne, la maldición de la gravedad…
El Cosmos
sobre el pozo negro de la habitación
chupará su tubo galáctico
rompiendo el cielo en una cascada de estrellas,
y arrastrará el alma hacia arriba, temblando como una hoja de papel,
mi joven alma
–del color de la hierba mojada–
a la libertad –entonces
“¡Detente!” grita, escapando,
en la frontera deslumbrante
entre dos mundos…
Detente, espera.
Dios mío. Por fin.
Mira, de aquí viene la poesía.
Dedos crispados por el bolígrafo,
enfriándose, volviéndose no míos. ~
Como sea te amé
te amé
te amé
y no pasa: se asienta, nada más, en el fondo…
Te rompí en mí como una jarra preciosa
y mi alma se manchó, como de vino amargo un mantel blanco,
coloreaste mis pensamientos, les diste cuerpo a mis imágenes.
y no eres ahora sino ruido, como el mar de una concha en el oído…
Queda cómo fue todo, pero ¡Dios! ¿a quién le importa eso?
Cómo será es lo que importa.
Y así lo escribiré.
OKSANA ZABUZHKO
-Tomado de “Seis poetas de Ucrania”, Letras Libres, abril 2022-.




