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Pozo de Luna Gran Reserva: arte, espacio y tiempo

Por Alfredo Oria

Septiembre 08, 2023 03:00 a.m.

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El placer que produce el vino no es tan distinto al que genera el arte gráfico, la escultura o el toreo, sin embargo, no podemos encontrar un gran vino disponible para su cata en un museo, una glorieta o en la plaza. En un mundo ideal sería posible. Hace muchos años que el concierto o la puesta en escena son accesibles a la mayoría. La obra de arte cinematográfica cuesta menos que el gran éxito comercial, la poesía se regala y la invitación dancística tiene sus espacios: el que desea mojar sus zapatos de cultura puede a menudo dejarse salpicar por lo que rocían las fuentes gratuitas que ocupan nuestras alamedas. Aunque casi nadie puede poseer un Goya, mientras llegamos al punto en que podamos todos oler un Lafite en una sala pública, no es imposible comprar una gran botella de vino de vez en cuando. Si bien esta experiencia no es de lo más democrática, está disponible para la mayoría con un poco de esfuerzo.

Imagino que luego de un debate intenso, lo que la especie humana elegiría esgrimir ante su hipotético extintor para convencerlo de su mérito universal -o para lucirse ante el nuevo amigo extraterrestre- sería la pureza de su espíritu creativo, el mismo que generó el concepto del amor, o del sacrificio, el mismo espíritu que ha ido forjando la historia de la cultura.

El refinamiento, como búsqueda inmemorial, hace de la belleza una de las pocas cosas que puede ordenarnos el universo a través del tiempo. 

Éste es otro valor que se suma a la experiencia estética, a la emoción del vino: el tiempo. El vino es lugar (terroir) y tiempo. 

En Pozo de Luna han crecido comprendiendo el valor de la paciencia. Sienten que el tiempo para el vino es tan importante como para los seres humanos: en el mundo, en el universo, nada escapa al tiempo. Es por esto que esperaron durante 5 años el momento de compartir un tinto que representa de manera muy elegante a su terruño, a su clima, a sus parras, a su gente, a estas vueltas al sol que se han acumulado en las vides y en ellos mismos: tiempo y espacio.

La extraordinaria añada 2018 en el viñedo Pozo de Luna se expresó de manera ideal en las variedades syrah, merlot y malbec. Los racimos crecieron y maduraron durante los meses de primavera y verano, para al principio del otoño regalaron una cosecha plena de salud y calidad. Los mostos se vinificaron y luego del invierno pasaron a su morada de roble, barricas nuevas que potencian sus aromas, sus sabores, durante 30 meses. Al cabo de estos años, se mudaron a su definitivo hogar en la botella, donde permanecieron durmiendo en la oscuridad de su cava hasta el día de cumplir su destino.

Descorchar un Pozo de Luna Gran Reserva 2018 es un acontecimiento. El vino requiere de unos momentos para respirar este aire nuevo que desconoce, aclimatarse, desperezarse como una criatura luego de una larga hibernación. Al cabo de unas horas decorchado o, si es posible, decantado, el vino florece con toda la complejidad de frutos negros maduros, de especias y otros aromas que no dejan de sucederse unos a otros. En el paladar es intenso y sedoso, balanceado y largo, expansivo y sofisticado. Es un vino que excita al intelecto tanto como provee de placer hedonista a quien escucha con atención la historia que quiere contarnos. Es arte, es un espacio preciso, es tiempo líquido, es la recompensa de quien sabe esperar.