Ya le he contado, lectora, lector querido, que en cierta época de mi vida, no hace mucho, tuve un trabajo interesantísimo pero demandante. Mientras lo tuve, supe que era difícil, pero hasta ahí. Encontré momentos donde disfruté tanto, que en pura honestidad, debo decir que gocé más de lo que sufrí. A la sana distancia, ahora veo que los momentos duros fueron eso: momentos y ya. Cuando lo dejé, tuve un par de meses para asimilar la pérdida y luego, me sentí mal. Físicamente mal. Fue como si estuviera corriendo a toda velocidad, y de pronto topara con una pared que me hizo detener de golpe. Entonces, me desbielé. Me sentía cansadísima, mucho más de cuando estuve trabajando. Estaba agotada, mentalmente exhausta, me dolía todo. Tomé aire y me obligué a seguir yendo a caminar, cociné, leí. Repasé lo que acababa de vivir, le saqué jugo, descansé lo que ni siquiera me había dado cuenta que me había cansado y di vuelta a la página. Necesité, eso sí, tiempo para entender y planear lo que podría venir. Afortunadamente, no me sentí perdida. Tengo una red fuerte de apoyo que no iba a permitir que me hundiera en algún pozo profundo del cual ya no pudiera salir.
Así, comencé a poner mayor atención a la gente que me rodea, especialmente a quienes trabajan. Bien saben ustedes que buscar historias se ha vuelto una actividad que realizo casi inconscientemente. Alguna acaban aquí, otras me las guardo. Recordé a varios de ellos cuando por casualidad, leí un breve artículo de Forbes, en el cual la Organización Mundial de la Salud en el 2017 afirmó que los mexicanos son los más estresados por sus trabajos, presentando síntomas del fenómeno conocido como Burnout laboral, o agotamiento laboral. En una traducción literal, “burn out” significa quemarse. Aquí, el término se usó más bien para definir al agotamiento excesivo causado por el trabajo. Vinieron a la mente muchas caras que conozco y pensé que, a ojo de buen cubero, la nota algo de cierto debía tener, a juzgar por las historias con que me he topado.
Después, investigando un poco más el contexto nacional, en abril del 2018 las investigadoras de la UNAM, Érika Villavicencio y Gladys Martínez, de las facultades de Psicología y Medicina, dieron a conocer un extenso estudio en donde, en primera instancia, puntualizaron las características de este padecimiento entre mexicanos: cansancio crónico, irritabilidad, cinismo, deshumanización e incluso depresión. Todo esto se traduce en padecimientos físicos cardiacos como la hipertensión; malas prácticas alimenticias que acarrean obesidad o desnutrición, gastritis, colitis o incluso afectaciones en el sistema nervioso autónomo. En otras palabras, los síntomas visibles pueden tener detrás afectaciones a la salud.
Las doctoras identificaron que generalmente la causa del Burnout está ligada a diseños laborales poco eficientes que causan un desbalance entre la vida laboral y la vida personal de los empleados; es decir: a contraria creencia, quienes pasan horas en exceso en las oficinas no se vuelven más productivos, sino exactamente lo contrario, ya que, si se tienen muchas labores encomendadas (es decir, si sí hay trabajo) al no existir pausa de descanso, las decisiones tomadas se hacen con menor cuidado, de manera que se generan más frecuentemente errores y se toman decisiones sin mayor discernimiento serio, sino producto del cansancio. En sentido contrario, quienes se quedan más tiempo en las oficinas y ya acabaron sus tareas, comienzan a generar resentimiento hacia sus labores, por no poder cumplir con aspiraciones de carácter personal, que pueden ir desde estar con su familia, hasta hacer ejercicio o cualquier otra cosa.
Ahora bien, Villavicencio y Martínez puntualizaron que “Es fundamental entender y educar a los empleados en torno a la diferencia entre dar resultados, tener compromiso y alcanzar objetivos, y desarrollar algún tipo de trastorno que dañará la salud e integridad de las personas” De igual forma, es también necesario diseñar políticas laborales en donde la cultura organizacional premie la eficiencia y no las largas permanencias, dado que dormir en las oficinas no necesariamente hace buenos empleados.
Lo malo de todo esto es que estamos ante una generación de trabajadores que se están enfermando y, desafortunadamente, ante las malas condiciones económicas que no permiten cambiar de trabajo fácilmente, unos prefieren morirse en la oficina a tratar de cambiar prácticas que parecen escritas en piedra. Conozco varios casos de personas eficientes que me han contado cómo, a pesar de ya no tener pendientes, se sienten culpables si no están en sus centros laborales. Ya no viven en paz. Da preocupación pensar que lo siguiente que seguramente pase, es verlos enfermos. Eso y, estoy segura, vivirán problemas familiares o dejarán de relacionarse con amigos que en un momento dado, pueden ser la red que los sostenga y los mantenga fuera del estrés o la angustia.
Algo tenderemos que hacer, o nos convertiremos en la generación de los quemados.
Así, comencé a poner mayor atención a la gente que me rodea, especialmente a quienes trabajan. Bien saben ustedes que buscar historias se ha vuelto una actividad que realizo casi inconscientemente. Alguna acaban aquí, otras me las guardo. Recordé a varios de ellos cuando por casualidad, leí un breve artículo de Forbes, en el cual la Organización Mundial de la Salud en el 2017 afirmó que los mexicanos son los más estresados por sus trabajos, presentando síntomas del fenómeno conocido como Burnout laboral, o agotamiento laboral. En una traducción literal, “burn out” significa quemarse. Aquí, el término se usó más bien para definir al agotamiento excesivo causado por el trabajo. Vinieron a la mente muchas caras que conozco y pensé que, a ojo de buen cubero, la nota algo de cierto debía tener, a juzgar por las historias con que me he topado.
Después, investigando un poco más el contexto nacional, en abril del 2018 las investigadoras de la UNAM, Érika Villavicencio y Gladys Martínez, de las facultades de Psicología y Medicina, dieron a conocer un extenso estudio en donde, en primera instancia, puntualizaron las características de este padecimiento entre mexicanos: cansancio crónico, irritabilidad, cinismo, deshumanización e incluso depresión. Todo esto se traduce en padecimientos físicos cardiacos como la hipertensión; malas prácticas alimenticias que acarrean obesidad o desnutrición, gastritis, colitis o incluso afectaciones en el sistema nervioso autónomo. En otras palabras, los síntomas visibles pueden tener detrás afectaciones a la salud.
Las doctoras identificaron que generalmente la causa del Burnout está ligada a diseños laborales poco eficientes que causan un desbalance entre la vida laboral y la vida personal de los empleados; es decir: a contraria creencia, quienes pasan horas en exceso en las oficinas no se vuelven más productivos, sino exactamente lo contrario, ya que, si se tienen muchas labores encomendadas (es decir, si sí hay trabajo) al no existir pausa de descanso, las decisiones tomadas se hacen con menor cuidado, de manera que se generan más frecuentemente errores y se toman decisiones sin mayor discernimiento serio, sino producto del cansancio. En sentido contrario, quienes se quedan más tiempo en las oficinas y ya acabaron sus tareas, comienzan a generar resentimiento hacia sus labores, por no poder cumplir con aspiraciones de carácter personal, que pueden ir desde estar con su familia, hasta hacer ejercicio o cualquier otra cosa.
Ahora bien, Villavicencio y Martínez puntualizaron que “Es fundamental entender y educar a los empleados en torno a la diferencia entre dar resultados, tener compromiso y alcanzar objetivos, y desarrollar algún tipo de trastorno que dañará la salud e integridad de las personas” De igual forma, es también necesario diseñar políticas laborales en donde la cultura organizacional premie la eficiencia y no las largas permanencias, dado que dormir en las oficinas no necesariamente hace buenos empleados.
Lo malo de todo esto es que estamos ante una generación de trabajadores que se están enfermando y, desafortunadamente, ante las malas condiciones económicas que no permiten cambiar de trabajo fácilmente, unos prefieren morirse en la oficina a tratar de cambiar prácticas que parecen escritas en piedra. Conozco varios casos de personas eficientes que me han contado cómo, a pesar de ya no tener pendientes, se sienten culpables si no están en sus centros laborales. Ya no viven en paz. Da preocupación pensar que lo siguiente que seguramente pase, es verlos enfermos. Eso y, estoy segura, vivirán problemas familiares o dejarán de relacionarse con amigos que en un momento dado, pueden ser la red que los sostenga y los mantenga fuera del estrés o la angustia.
Algo tenderemos que hacer, o nos convertiremos en la generación de los quemados.

