Salud y Bienestar Integral
Nuestra vida cotidiana en estos tiempos de pandemia se ha modificado sustancialmente por el COVID-19, impactando muchos aspectos de nuestra vida, pero el más relevante es el relacionado con la salud.
Ante el encierro obligado del primer año, cambiaron nuestros hábitos y costumbres. El trabajo en casa, complicó nuestra cotidianeidad, ya que tuvimos que adaptar espacios para el trabajo y el estudio. Si antes de la pandemia hacíamos ejercicio en gimnasios esto se tuvo que detener. Muchos incrementamos la ingesta calórica ante la ansiedad por la cuarentena.
Se centró la atención en las personas con enfermedades crónicas mismas que se catalogaron como personas vulnerables. Se abordaron temas relacionados con los porcentajes de personas diabéticas, con males cardiovasculares –como la hipertensión- y respiratorias principalmente. Dimensionamos el impacto real de enfermedades que padecemos, por el miedo al contagio de COVID.
Desde el inicio de la pandemia, se cuestionó si las condiciones de la infraestructura de salud eran las suficientes, adecuadas y necesarias para la atención de la crisis pandémica. De ahí, que, en estos últimos dos años ha tomado una mayor relevancia la atención a la salud preventiva.
La atención de la salud preventiva, hace referencia a todas las medidas que se pueden tomar para evitar a nivel individual y colectivo enfermedades. Su objetivo es proteger, promover y mantener la salud y el bienestar integral al mismo tiempo que prevenir la enfermedad, discapacidad y muerte.
Como podemos identificar, el concepto de salud, no solo refiere al estado físico en que se encuentra un ser vivo en un momento determinado, sino que hace referencia al bienestar integral de individuos y de las personas de una comunidad.
Es importante considerar que para alcanzar el grado máximo al derecho a la salud se deben conjuntar una serie de criterios sociales que propicien el bienestar de todas las personas, como: la disponibilidad de servicios de salud, condiciones seguras de trabajo, una vivienda adecuada y alimentos nutritivos.
Además, la salud se relaciona con otros derechos humanos, como: la alimentación, la vivienda, el trabajo, la educación, la no discriminación, el acceso a la información, a la cultura, la participación ciudadana. La salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino un estado complementario de bienestar físico y mental. Por lo que, para tener salud, se necesita considerar algunos determinantes básicos que influyen en el cuidado de la salud, unos más relacionados con el propio individuo, como la genética y el estilo de vida, y otros que están fuera del control individual, como el lugar donde nacemos, como crecemos, vivimos o trabajamos, el contexto social-clase social, género, o etnia a la que pertenecemos-, económico, político y ecológico, donde vivimos.
Incluso el sistema de salud y las políticas públicas en materia de salud que impulsan y aplican nuestros gobiernos nos impacta el cuidado de la salud. Por lo que las políticas públicas en materia de salud deben dirigirse a:
Crear ambientes físicos, sociales, culturales, económicos y políticos saludables.
Fortalecer la acción comunitaria como parte del capital social y de desarrollo.
Desarrollar habilidades personales, grupales relacionadas con estilos de vida saludables.
Una participación oportunidad y responsable por parte del gobierno y ciudadanía en los aspectos mencionados, podrá construir un control adecuado de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19.
@Marbygm
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