Sede vacante
Desde ayer, las puertas de la Capilla Sixtina se cerraron con la encomienda de que el Colegio Cardenalicio pueda elegir al sucesor de Pedro. Entiendo que este texto puede llegar a Usted en un momento de saturación mediática a propósito de la cobertura del Cónclave. El propósito es poner a su vista el documento que regula este procedimiento. Después haré una reflexión, como suelo hacer en este espacio, en clave electoral. Vamos a eso.
La muerte del papa Francisco abrió lo que en el lenguaje eclesiástico se conoce como Sede Vacante, un tiempo de espera y discernimiento que culmina con el anuncio de un nuevo pontífice. Se elige a un nuevo jerarca de una Institución religiosa con presencia mundial. Se elige al jefe de estado que también ejerce funciones como jefe de gobierno del Vaticano. Pocas personas saben que es una posición que concentra las funciones ejecutivas, legislativas y judiciales en una sola persona.
El proceso de designación de un papa se encuentra regulado en una Constitución Apostólica llamada Universi Dominici Gregis que fue promulgada por el papa Juan Pablo II. La lectura (disponible en línea en cualquier cantidad de idiomas) no es de lectura compleja pero sí sorprendente. No solo tiene un tono pastoral, también sostiene disposiciones autoritarias propias de quien concentra un poder absoluto. Le invito a la lectura del texto.
La Constitución Universi Dominici Gregis entra en vigor apenas fallece el Papa. A partir de ese momento, el Colegio de Cardenales -grupo de obispos designados por el propio pontífice- asume el gobierno transitorio de la Iglesia. Pero sus poderes son limitados: no pueden tomar decisiones doctrinales ni modificar lo establecido por el papa anterior. Su función principal es asegurar la continuidad institucional y preparar el Cónclave, esa reunión solemne, de origen medieval, en la que los cardenales se aíslan del mundo para discernir, votar y, eventualmente, elegir al nuevo Papa.
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Este aislamiento no es simbólico: desde 1996, y reforzado por reformas posteriores promulgadas por Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), los cardenales electores -es decir, aquellos que no han cumplido aún 80 años- deben residir en la Casa de Santa Marta, dentro del Vaticano, y sesionar exclusivamente en la Capilla Sixtina. No pueden comunicarse con el exterior, portar celulares, ni recibir visitas con una intención clara: preservar la libertad del voto y evitar presiones externas, sean políticas, mediáticas o eclesiales.
Para que un candidato sea elegido Papa, debe obtener una mayoría de dos tercios de los votos (lo que en los sistemas electorales le llamamos “mayoría calificada”. Si después de varias rondas no se alcanza ese consenso, las normas permiten reducir la elección a los dos más votados, pero manteniendo la exigencia de la misma mayoría calificada. Esta regla, reinstaurada por Benedicto XVI tras una breve reforma, busca impedir que el nuevo Papa surja simplemente por conveniencia numérica y no por verdadero acuerdo (espiritual o político).
Más allá de los detalles técnicos, lo que Universi Dominici Gregis expresa -en su tono jurídico y pastoral a la vez- es una manifestación que busca proteger a la propia institución: la Iglesia ha atravesado siglos, cismas, reformas, persecuciones y renovaciones, y ha aprendido a normar sus momentos más críticos con rigor, pero también con apertura a lo imprevisible del contexto. El Cónclave además de una elección, es un acto de fe y de gobierno, de tradición y de presente.
La perspectiva desde donde se observa este proceso es importante. Hay quienes ven en la designación de un papa, a un proyecto estrictamente eclesiástico. Hay quienes lo ven como una manifestación sobre el proyecto social de la Iglesia posible. Hay quienes lo ven como un proyecto político. Hay gente para todo.
Breviario cinematográfico. La película “Cónclave” (Dir. Edward Berger, 2024) aunque polémica, tiene la virtud de acercar al público una manera de imaginar el proceso desde sus entrañas. Son personas quienes hacen esta elección. Encomendadas a Dios desde su fe, pero con la racionalidad humana.
x. @marcoivanvargas




