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Sin partidos democráticos... no hay democracia

Por Alfredo Lujambio R.

Febrero 06, 2022 03:00 a.m.

Hace algunos años, un buen amigo originario de Michoacán, el Lic. José Luis Espinoza Piña, ex dirigente del PAN en su estado natal, abogado, sociólogo, maestro en Derechos Humanos y diversos otros diplomados en Administración Pública y Educación, inconforme por el abandono de su tradición de lucha política por valores y principios políticos que le dieron identidad y credibilidad a su partido (y el mío) por muchos años, y lo degradó al pragmatismo atroz que hoy lo aqueja, hasta el extremo oprobioso de vender las candidaturas en ciertos casos, redactó un documento que tituló “¿Qué queremos para el PAN?” “¿Cómo debe ser el partido para que le pueda servir a la Nación?”

Por considerarlo de interés y utilidad para cualquier ciudadano y para todo partido que se llamen democráticos, me permito ofrecerle estimado lector los 10 puntos que propone el documento del Lic. Espinoza:

1. Rescatar el diálogo interno, el debate de las ideas, la vida orgánica sana y decisiones colegiadas. Regresar a las Asambleas y Convenciones de sus miembros activos. 

2. Estar abiertos a los mexicanos; que no sean rehén de burocracias parasitarias ni de cúpulas, que se nutra de los ciudadanos, que los escuche y que nuevamente busque a los mejores hombres y mujeres para trabajar por el bien de México.

3. Ser partidos subordinados a sus estatutos y reglamentos, con apego a su normatividad interna y a las leyes nacionales, que ACTUE con JUSTICIA y jamás antepongan intereses personales o de grupo a los de la sociedad y del partido.

4. Un partido que conserve su IDENTIDAD, que viva su CULTURA DEMOCRÁTICA y que sea respetado por su congruencia y la claridad y certeza de su rumbo.

5. Un partido que vaya al reencuentro de su gente. Ir por quienes fueron excluidos o se fueron decepcionados, entender sus razones, reconocer los errores institucionales, los procedimientos y traerlos de vuelta a casa.

6. Un partido confiable, que sea FIRME, RESPONSABLE Y EXIGENTE para preservar el Estado de Derecho y el orden

constitucional.

7. Un partido SENSIBLE con el dolor de su pueblo, en busca de los mexicanos en marginación Un partido empeñado en reducir la desigualdad y la injusticia

8. Un partido que garantice la equidad en todos sus procesos internos, que denuncie, ataje y sancione la trampa y la corrupción.

9. Un partido que maneje con TRANSPARENCIA y HONESTIDAD sus recursos, sin derroches ni gastos excesivos

10. Un partido que aporte SOLUCIONES Y ALTERNATIVAS reales para México a través de hombres y mujeres de bien que escuchen a la gente y actúen en congruencia.

TERMINA LA CITA 

Según las 19 instituciones medidas en el 2020, (Mitofsky), el 75% de los mexicanos tienen poca o ninguna confianza en los partidos políticos, solo el 4% confía en ellos. El 54% de los ciudadanos está poco o nada satisfecho con la actual democracia en México y un 51% opina que en el país estamos más cerca de un gobierno autoritario, que de uno que consulta auténticamente a la ciudadanía. El 79%, que el gobierno debe resolver los problemas de la sociedad, como por ejemplo los de la seguridad, la salud y la impunidad que llega ya al        98%, el más alto del mundo. Dos terceras partes piensa que los partidos son necesarios para el buen funcionamiento del gobierno, aunque los ciudadanos no se sienten representados, por su corrupción, su ineficacia y su incongruencia. Manejan un discurso cuando están en campaña, que están muy lejos de cumplir cuando acceden al poder. Y padecen una burocracia al servicio de directivos, que se impone sobre las bases y por lo tanto se pierde la confianza y la participación activa y eficaz.

En los últimos 10, 20 o 30 años tal vez, se han ido incubando en su seno burocracias parasitarias, cúpulas pervertidas por un pragmatismo rampante, venta de candidaturas y presupuesto abundante, con altas remuneraciones para los dirigentes, que aleja a los ciudadanos que quieren para los cargos públicos en México a los mejores hombres y mujeres emanados de su comunidad y dotados de capacidad, para actuar con justicia, y probidad, al servicio de la sociedad en su conjunto.

La poca o nula credibilidad que hoy tienen los partidos tanto a nivel nacional como estatal, son el resultado de las malas prácticas durante décadas, de quienes tienen o tuvieron el poder, sin tomar en cuenta a la sociedad que poco a poco ha ido despertando de un letargo y una actitud indiferente o pasiva. Ni el PAN, ni el PRI o el PRD, hoy están representando una oposición real al partido en el poder que ya empieza a resentir el descrédito por sus fracasos rotundos en  los temas económicos, de salud, de inseguridad, violencia e impunidad. Sin la figura de su líder real, AMLO, Morena no tiene fuerza real porque carece de otro líder que sume las diversas corrientes que luchan entre sí por el poder. Mario Delgado es un peón más del poder ejecutivo, no decide candidaturas, ni define posiciones políticas y no maneja las inmensas prerrogativas económicas que recibe su partido. Es el partido en el poder, pero ahí es uno solo el que decide y da línea.

Al analizar a los tres partidos principales, vemos que el PAN es el único partido que todavía tiene presencia a nivel nacional, pero sus luchas internas lo han debilitado, conservando sin embargo presencia en algunos estados y capitales de estado, y en ambas cámaras del congreso de la unión. Creo que las ambiciones internas de sus principales dirigentes los hizo perder identidad y cohesión. Ni Fox ni Calderón tuvieron visión para conservar la unidad dentro del partido lo que los hizo perder capacidad para retener el poder. Ricardo Anaya obtuvo la postulación como candidato a la presidencia, pero fracturando al partido, que perdió grandes sectores del electorado al separarse la otra fuerte precandidata, Margarita Zavala. En medio de todas esas circunstancias y frente al débil liderazgo de su actual presidente, el retorno de Anaya a la candidatura en el 24, se ve posible solo si logra rescatar la unidad interna y convencer a un buen número de abstencionistas sin recurrir a la coalición con los otros partidos que en lugar de fortalecerlo lo han debilitado, como pasó en esta capital. 

Por su parte el PRI, que gobernó más de 70 años, llegó a su límite por malas decisiones, viejas prácticas caciquiles y su corrupción, así como la lucha desmedida por el poder y por el presupuesto público que recibe cada año. 

El PRD, sucesor de la vieja izquierda mexicana, que fue recibiendo en su seno a algunos de los principales personajes del PRI, como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y más tarde el propio López Obrador que acabó fundando su propio partido, Morena, dejando sumamente mal trecho al PRD, que solo encuentra refugio y posibilidades de sobre vivencia en confusas alianzas o coaliciones con otros partidos, como ocurrió el año pasado, pero cada vez más cerca de perder su registro. 

A México, le urgen partidos fuertes, creíbles y escrupulosamente democráticos con dirigentes congruentes entre el decir y el hacer, que velen celosamente por la seguridad, la salud y el bien de toda la sociedad, ya sea en el poder o en la oposición.

alr020637@gmail.com