¿Son ocurrencias?
oscar g. chávez
Cualquier oportunidad y cualquier motivo abren brecha para la puntada; el tema es lo de menos mientras se dé de qué hablar. No es cosa nueva ni exclusiva de este gobierno, desde hace tiempo en San Luis Potosí se gobierna y administra, sin importar el rubro, a partir de la ocurrencia.
A algún gobernador, por ejemplo, alguien le dijo que seríamos cultos en casa, y él lo parecería más, si se montaba un museo con obras de una de las más grandes exponentes del surrealismo y dónde que lo único surrealista que dejó a los potosinos fueron los costos de ese gran fraude cultural del que por cierto nunca se ha hablado; y sobre la obra, lo más prudente es guardar silencio. Imbecilidad sublimada para deleite de burgueses (y no es que en sí el arte lo sea, sino que pocos pueden pagar el acceso).
Hubo otro que por ser médico, en un intento por bruñir su imagen y proyectar solidaridad con su gremio, dispuso construir un moderno pabellón de primer mundo en un viejo y heroico hospital del tercero, pero más tardó (y vaya que sí) en construirse que luego en demolerse porque todo resultó disfuncional; reflejo de la irascible y paranoica pareja que gobernaba.
Nunca, por cierto, se ha hecho del conocimiento del público el documento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) que otorgó a la ciudad el denominativo de “Zona patrimonio de la humanidad adscrita al Camino Real de Tierra adentro” y que, sobra decirlo, también costó unos buenos centavitos al erario. Falacias apuntaladas en ocurrencias.
Lo de menos es la forma, porque detrás de ella se encuentra el inexistente e irrazonable fondo para el que nunca alcanzarán los recursos. Los pretextos sobran y los cuestionamientos escasean.
Con estos antecedentes como pequeñas muestras y pese a todo lo que se diga, sin olvidar a los alcaldes que se cuecen aparte (por ejemplo el actual que lo mismo se habilita como barrendero en España, plomero en la regadera o ciclista citadino), veremos que no es característica particular del actual gobernador; sólo que en este ejercicio de suma y sigue, es el que aporta los mayores y más absurdos exponentes. Le faltan pretextos y no le sobran oportunidades para llevar sus ocurrencias a política de estado; no es de dudarse que en breve disponga la creación de una dirección general en este rubro.
El verdadero problema es que nada de esto queda en lo ilusorio, mucho nos recuerda a las refinerías del sexenio calderonista, donde todo al materializarse en partes condenadas al fracaso, acaba costando millones de pesos.
En breve lo veremos y casi es un hecho que nadie dirá algo. Ya en esta semana se nos dio un adelanto, el gobernador quiere que se construyan uno o varios vasos de captación en la zona de La Tinaja, donde acaba las aguas que luego de las fuertes lluvias son derramadas como excedentes de la presa San José a través del río Santiago. Nada nuevo; con o sin presa allá acaban y acababan desde tiempo inmemorial (y de ahí la simpática toponimia) su trajín las aguas que broncas e intermitentes vienen con la temporada de lluvias y bajan por la sierra de San Miguelito.
Constructivamente como no sea la inversión no representa mayor problema, como siempre es dinero público (ya que se otorgue la obra a constructoras amigas o foráneas será otra cosa) pero en el ámbito de lo hídrico es otra cosa: es agua que no puede ser destinada para consumo humana derivado de la gran cantidad de contaminantes, incluidas aguas negras, con los que se mezcla durante el recorrido.
Pero como todo, esta ocurrencia dentro de lo ilógico que resulta para nosotros tiene mucha lógica para el gobernador. La respuesta la encontramos partiendo de una pregunta muy simple: ¿quién es el nuevo propietario de la exhacienda La Tinaja?
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