¿Sueños Guajiros?

Después de las misiones tripuladas de la NASA a la Luna de las décadas de los años sesenta y setenta, el siguiente paso natural en la exploración del espacio es el planeta Marte. Enviar una nave tripulada a Marte, sin embargo, es considerablemente más difícil que hacerlo a la Luna. Básicamente porque Marte está mucho más lejos de la Tierra de lo que está la Luna –en promedio, unas quinientas veces más. 

Una mayor distancia incrementa el tiempo de la misión, y con esto los problemas técnicos a resolver para mantener viva a la tripulación se vuelven formidables. Uno de estos problemas es el de la radiación de alta energía a la que estarían expuestos los astronautas en el espacio, que podría incrementar de manera significativa el riesgo de desarrollar un cáncer.

Con el objeto de evaluar este riesgo, la NASA midió los niveles de radiación del espacio durante el tránsito de la nave que llevó al explorador "Curiosity" a la superficie de Marte. Estimó la NASA que durante un viaje de ida y vuelta a Marte, los astronautas estarían expuestos a una dosis de radiación que es aproximadamente dos tercios de la máxima permitida para un astronauta a lo largo de toda su carrera y que incrementa en un 3% el riesgo de desarrollar cáncer. 

Los entusiastas del viaje a Marte hacen notar que este riesgo no es demasiado grande y que bien vale la pena correrlo en el nombre de la exploración del planeta y de su futura colonización. Otros, con menos entusiasmo, hacen notar que a la dosis de radiación recibida durante el viaje hay que añadir aquella que los viajeros recibirían durante su permanencia en la superficie de Marte. Además, y sin que haya manera de anticiparlos, de cuando en vez ocurren explosiones solares que aumentan considerablemente los niveles de radiación que el Sol emite al espacio. De ocurrir una de estas explosiones durante la misión a Marte –como la acontecida el 11 de septiembre de 2017–, los astronautas podrían quedar expuestos a niveles de radiación por arriba de lo aceptable.

Además, existen otros factores que podrían poner en riesgo la salud de los astronautas durante una estancia prolongada en el espacio. Así, la ingravidez provoca, entre otros efectos, pérdidas en la densidad de los huesos y la redistribución de fluidos corporales –que en la Tierra están sujetos a la fuerza de la gravedad–, y en general a cambios en la fisiología del cuerpo. Igualmente, el aislamiento en un espacio cerrado lejos de la Tierra puede provocar problemas sicológicos y de interacción con sus compañeros de viaje.

Dados los múltiples problemas que presentan para los astronautas las estancias prologadas en el espacio, la NASA está llevando a cabo un proyecto de investigación denominado "Human Research Program", para encontrar modos de solucionarlos. Como parte de  este programa, se llevó a cabo una investigación sobre los efectos  que el espacio tiene sobre el cuerpo humano con dos astronautas gemelos genéticamente idénticos, Scott y Mark Kelly. Dicha investigación es reportada esta semana en un artículo publicado en la revista "Science" por 10 grupos de especialistas de universidades y centros de investigación de los Estados Unidos. En dicho artículo se reportan las alteraciones experimentadas por Scott durante una misión de 340 días a bordo de la estación espacial internacional, incluyendo alteraciones fisiológicas, metabólicas, inmunológicas, de expresión genética, de masa corporal y cardiovasculares. La investigación es particularmente informativa, pues evalúa dichas alteraciones a la luz de los indicadores correspondientes de Mark, quien, permaneció en la Tierra durante el estudio.

Como resultado, los investigadores encontraron que algunas funciones de Scott, como la respuesta inmunológica, no fueron apreciablemente alteradas. En contraste, se observaron alteraciones en la flora intestinal, en el peso corporal y en las dimensiones de la arteria carótida, entre otras anormalidades. Estas alteraciones, sin embargo, regresaron a sus condiciones normales después de seis meses del regreso de Scott a la Tierra.

Uno de los cambios sufridos por Scott en el espacio fue un alargamiento de sus telómeros, que son las estructuras moleculares localizadas en los extremos de los cromosomas y que sirven para proteger su integridad. Se sabe que con cada división celular en la medida en que envejecemos, la longitud de los telómeros se acorta hasta que la célula no puede reproducirse más. Dicha longitud es por tanto una medida del envejecimiento de una persona.

De este modo, desde el punto de vista de la longitud de sus telómeros, con su estancia espacial Scott habría rejuvenecido en comparación con su gemelo Mark que permaneció en la Tierra. Habría, no obstante, que atajar de entrada especulaciones prontas –por demás naturales– sobre tratamientos para rejuvenecer a base de estancias en el espacio, pues la longitud de los telómeros de Scott se acortó a su longitud normal a los seis meses de su regreso a la Tierra. 

Aun así, en beneficio de los buscadores de la fuente de la juventud, se podría aducir que permaneciendo en el espacio podríamos rejuvenecer de manera apreciable. Aunque, seguramente, para una mayoría ésta no sería una opción viable.

Por lo demás, los proyectados viajes a Marte y su posterior colonización posiblemente sean poco viables, al menos en las próximas décadas. Y no solamente por todos los riesgos que conlleva salir de nuestro hábitat, sino por los enormes costos que implicarían.