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Testamento político

Por Jorge Chessal Palau

Enero 24, 2022 03:00 a.m.

Definitivamente no entiendo cómo es que, ante tantas señales, la gente siga creyendo y confiando en López. Su clarísima tendencia al fascismo cada vez queda más patente y las muestras de su sentido antidemocrático son asombrosamente evidentes; sin embargo, tiene defensores a ultranza que, o viven una realidad alterna o tienen ese ánimo de revancha (¿contra qué o contra quién?) que los hace caer en su juego.

Ahora que fue internado en el hospital para un cateterismo cardiaco, respecto de cuya necesidad y resultados siempre quedara en el aire la duda, ha dado la ocasión para que este señor hable de su “testamento político”, documento que no sabemos si ya existe o va a existir, si lo va a escribir el o quien le ha escrito sus libros o si solo se lo van a llevar a firmar sin que siquiera lo lea. La cosa es que se trata de uno de sus absurdos a los que nos tiene acostumbrados.

Un testamento es una declaración que de su última voluntad hace alguien, disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen para después de su muerte, según el Diccionario de la Lengua Española. Será, entonces, un instructivo de lo que deberán hacer sus acólitos para cuando deje este mundo terrenal y siga ese camino que quiere construir a la veneración eterna.

Encontré un caso de testamento político muy interesante, firmado el 29 de abril de 1945 y en el que se detalla por parte de su autor, Adolfo Hitler, como declara la expulsión de Hermann Göering y de Heinrich Himmler del Partido Nacionalsocialista, a quienes despoja de sus dignidades y los tacha de traidores y dañinos para la nación alemana; pide a Borman y Goebbels que desistan de su intención de suicidarse con él, en aras del interés del Estado; señala que: “Con el propósito de darle al pueblo alemán un gobierno compuesto por hombres honorables, un gobierno que pueda satisfacer sus deseos de continuar la guerra por todos los medios, designo a los siguientes miembros del nuevo Gabinete de líderes de la Nación…” dejando una lista de nombres que deberán ocupar diferentes cargos en el gobierno y pide a sus seguidores: “Demando que todos los alemanes, todos los Nacionalsocialistas, hombres, mujeres y a todos los hombres de las Fuerzas Armadas, sean fieles y obedientes, hasta la muerte, al nuevo gobierno y a su Presidente”. ¿Será algo parecido lo que tiene en mente el señor López?

Después de todo, la 4T ha seguido casi a la letra algún manual sobre el ascenso del fascismo clásico.

No debemos caer en la tentación de abordar este tema desde el punto de vista jurídico. El artículo 84 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos aclara perfectamente que sucede con la falta absoluta del Presidente, ya por muerte, incapacidad permanente o revocación de mandato.

Por cierto, con esto último ahora entiendo las ganas que tiene el diputado Sergio Gutiérrez Luna en el proceso de revocación de mandato del señor López, el resulta el ganón, aunque sea por un mes.

Regresando a nuestro tema central, insisto, el tema no es jurídico, sino político. Lo importante es saber a quienes quisiera López para que le sucedieran el su proyecto fascista, dentro de este proceso que el artículo 84 constitucional establece pero en el que los nombres y apellidos los pueden poner los lacayos que buscarían preservar los privilegios obtenidos.

Sin embargo, la cosa no pinta tan sencilla: ¿quiénes serían los Göerings o Himmlers de la última voluntad de López? ¿declarará como traidor a Ricardo Monreal, con todas las señales que han dejado ver que el senador no es objeto del amor presidencial? ¿sugerirá a la señora Gutiérrez de López como presidenta? ¿le harán caso o sacaran las garras los lobos que, bajo pieles de oveja, se relamen el hocico cada que ven a su amado líder en situación de vulnerabilidad? ¿indulto a sus hermanos y parientes corruptos?

Y las preguntas podrían seguir, por muchas páginas y con muchos nombres.

Cierro con una recomendación de lectura. Alfredo Acle Tomasini (@AcleTomasini) escribió en 2011 una novela llamada “La Inoportuna Muerte del Presidente”, done, conforme dice la contraportada de la edición de Grijalbo: “…se ponen de manifiesto las fuerzas ocultas detrás de la silla presidencial”. Vale la pena leerla.

@jchessal