Transición Energética

México necesita de un suministro energético seguro, más competitivo y autosuficiente y menos vulnerable a futuros desequilibrios potenciales, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles a través de la aceleración de la transición energética. Busquemos entonces energía sostenible y libre de emisiones; las energías renovables tienen ese doble valor: la sostenibilidad medioambiental y la independencia energética, además de ser las fuentes más competitivas.

Más que regresiones, es de vital importancia acelerar la transición energética e introducir la mayor cantidad de renovables posible en la electricidad, que son, hoy por hoy, las tecnologías más maduras y competitivas para descarbonizar.

El país cuenta con diferentes zonas geográficas ricas en recursos naturales: viento en tierra, en el mar y sol. A partir de ahí, la clave es aumentar la electrificación, sustituyendo el uso de combustibles fósiles en tantos usos finales como sea posible. Este es el caso de la movilidad eléctrica o la climatización. Todo ello representa una enorme transformación a nivel tecnológico, industrial y social.

Tenemos compromisos internacionales para avanzar y acelerar en los objetivos de las renovables, avanzar en la descarbonización y generar un sistema energético autosuficiente, competitivo y limpio. Esta es la solución, no más gas y petróleo.

Pero ¿es viable o posible la transición energética en México? Yo creo que sí, pero para ello necesitamos cambiar los paradigmas. Por ejemplo, podemos preguntar: ¿Sabemos cómo funcionan las fábricas del sector industrial? ¿Cuántas de esas instalaciones siguen empleando combustibles fósiles? ¿Cuáles son sus pérdidas o ganancias económicas? Probablemente no. La mayoría de los datos disponibles para la toma de decisiones (tanto a nivel macro y micro) suelen estar desfasados, la información tiende a ser poco fiable o difícilmente accesible: no es pública, se oculta o no está disponible.

Así la toma de decisiones de política públicas bajas en carbono no son precisas; he escuchado a muchos que dicen que por qué México debe reducir el uso de energías sucias cuando otros países contaminan más que nosotros, pero recordemos que uno de los objetivos marcados precisamente por el Acuerdo de París, el mayor pacto vinculante firmado hasta la fecha sobre cambio climático –y ratificado por 197 países–, es eliminar el carbón como fuente de energía antes del año 2040, si además queremos mantener la temperatura global de la Tierra por debajo de 1.5ºC como piden los expertos, así el diseño de políticas públicas efectivas se vuelve algo urgente, desde todas la esferas de gobierno.

Aquí hemos reportado que si no se limita el aumento de la temperatura a 1.5ºC, los efectos del calentamiento global serán «duraderos o irreversibles», como señala el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

En diciembre de 2015 se reunieron en París líderes de casi 200 países para dar “una respuesta progresiva y eficaz a la amenaza apremiante del cambio climático”. A pesar de la determinación y la voluntad mostrada en el prólogo del Acuerdo de París, los firmantes sabían que revertir al 100% los efectos del cambio climático era una batalla que ya no se podía ganar. Por eso, se centraron en establecer los límites a los que podían llegar sus efectos con medidas de contención: se comprometieron a “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 grados” y a “proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5 grados”.

También se ha advertido que si el aumento de la temperatura global alcanza los dos grados, el océano Ártico se deshelaría por completo en verano una vez cada diez años. Pero, si el calentamiento se limita a un grado y medio, lo haría una vez al siglo. Una diferencia abismal con consecuencias fundamentales para la vida tal y como la conocemos, ya que contener el deshielo a una vez al siglo supondría que en 2100 la elevación del nivel global del mar sería 10 centímetros inferior respecto al escenario en el que este se produce una vez cada década.

Renovables sí, de inmediato, ya que limitar el aumento de la temperatura global no solo es necesario para no acabar con ciertas formas de vida, sino que “daría margen a las personas y los ecosistemas para adaptarse y permanecer por debajo de unos umbrales de riesgo pertinentes”.

Según el Informe de Evaluación Global, publicado por la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres, hacia 2030 habría 560 desastres ambientales de mediana o gran escala por año. Algo que ha aumentado considerablemente, pues entre 1970 y el año 2000 había entre 90 y 100 desastres anuales de estas mismas escalas.

En el caso específico de sequías, desde el año 2000 y hasta 2030 habría un aumento de más del 30%: de alrededor de 16 períodos de sequía por año entre 2001 y 2010, a 21 eventos de sequía para 2030. Imagine qué ocurrirá en San Luis Potosí y su grave problema de agua. Del mismo modo, el aumento de temperaturas, que impacta en la biodiversidad de fauna y flora, se triplicará para 2030 en comparación con 2001.

Otras cifras que arroja el informe es que mientras en 1990 los desastres le costaban al mundo alrededor de 70 mil millones de USD por año, en la última década, la cifra aumentó a 170 mil millones. El número más alto fue en 2011 y 2017, cuando los desastres alcanzaron costos que superaron los 300 mil millones de USD.

Por eso es indispensable una Transición Energética ya.

Delírium trémens.- Muchos vimos el video: “A la raza lo que quiera”; donde Gallardo no descarta destinar recursos estatales para “lipos”.

Gobernador, qué le parece si mejor destina recursos para instalar un “Sistema Eficaz de Monitoreo de la Calidad del Aire” que beneficiaría a más de un 1.1 millones de personas que residen en la ZM de SLP… algo que la SEGAM no ha querido gestionar, que perpetúa la herencia maldita ecológica, y que es indispensable para el cuidado de nuestra salud.

@luisglozano