Transportarse con seguridad
El accidente de la Línea 3 del Metro no es una anécdota, como no lo fue el derrumbe de la Línea 12 hace unos meses. Se trata de hechos que reflejan la inseguridad del transporte en México, la manera tan vulnerable con la que nos tenemos que desplazar de un lugar a otro, el descuido tan patente que los políticos han hecho de las infraestructuras públicas.
Tal parece que lo importante es tomarse la foto cortando listones, inaugurando obras, posando para la posteridad, tomándose selfies para llenar el momento efímero de las redes sociales. Pero nadie se enfoca en la prevención de los accidentes, en el mantenimiento de caminos, puentes y carreteras, en el mejoramiento de los equipos de seguridad en el transporte público, en la capacitación de los operadores.
Aunque generan menos titulares en los medios de comunicación, los mayores peligros en materia de movilidad están en las carreteras de México.
El 17 de mayo del 2022 fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial que plantea esquemas de coordinación muy relevantes entre los diferentes niveles de gobierno para disminuir los accidentes viales. Pero ha sido olímpicamente ignorada por los gobiernos estatales y municipales, que son los que deben ponerla en práctica. Nos han quedado a deber las adecuaciones a las normas legales y reglamentarias.
Ya sea por lo que sucede con demasiada frecuencia en el Metro de la Ciudad de México, por los accidentes en las carreteras, por los asaltos en camiones y peseros, por el mal estado de las infraestructuras en general, por la degradación en el nivel de seguridad aérea del país, lo cierto es que transportarse en la República mexicana es una pesadilla.
Las autoridades, que son ignorantes de casi todo salvo de sus propias aspiraciones para seguir viviendo del presupuesto público y enriqueciéndose a nuestras costillas, han pasado por alto el tema de la seguridad en el transporte desde hace años.
Lo peor de todo es que los accidentes suelen quedar como simples anécdotas, puesto que les dejamos a los responsables que queden perfectamente impunes. A veces la sanción alcanza un simple despido o un cambio de puesto, pero ahí siguen, paseando como si nada, cargando sobre sus espaldas la sombra de los muertos y heridos que se debieron haber evitado. ¿Hasta cuándo lo vamos a seguir permitiendo?
Twitter: @miguelcarbonell
(Abogado constitucionalista)



