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Trascendencia del gobernante

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Julio 19, 2022 03:00 a.m.

A

La reunión de Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden ha dejado muy enojados a los sectores de la derecha oposicionista en nuestro país. El anuncio de una gran derrama de inversión económica estadounidense, en lo que resta del mandato obradorista, echa por tierra el discurso simplista que etiqueta al gobierno de AMLO como “comunista” o “chavista”. Más todavía, se delinea un cierre de sexenio sin mayores turbulencias económicas y, en ese contexto, lo que más encorajina a esos sectores oposicionistas es la incapacidad para presentarse como alternativa a la continuación de un gobierno orientado por los principios y programas de la Cuarta Transformación. Y es que no se ve por dónde, ni cuando, pueda surgir una figura con el peso político suficiente para hacer frente a cualquiera de los aspirantes que se han mencionado, como eventuales candidatos presidenciales de una coalición de izquierda progresista encabezada por Morena. Por el contrario, el fondo y la forma de una reunión como la llevada a cabo por los presidentes AMLO y Biden, contrasta con los desfiguros que se hacían por nuestros ex-mandatarios en el pasado.

La diferencia entre una pobre trascendencia y una gran trascendencia humanas, la describe Milan Kundera en una de sus obras (“La inmortalidad”), de manera genial: en el primer caso, refiriéndose a un gobernante equis que gustaba de tener en su morada un ataúd para acostarse dentro e imaginar su propio entierro, en momentos en que se sentía particularmente contento, soñando que ese momento sería de recuerdo en la mente de quienes le conocieron; en contraste, el gran escritor checo se refiere al caso de Miterrand cuando, tras su elección como presidente de Francia en 1981, prefirió acudir a un cementerio con tres rosas en la mano para depositarlas en tres tumbas de grandes muertos, en ejemplo de reflexiva soledad, aunque ampliamente difundida en medios de comunicación. Como fuere, acota Kundera, la trascendencia buscada sería distinta, comparada con la del gobernante equis, porque el recuerdo permanecería aún en quienes no le conocían. La gran inmortalidad, precisa Kundera, es la propia de personas que trascienden, en el caso de la política, como hombres de Estado.

¿Qué recuerdos de trascendencia positiva se pueden tener de personajes como Fox, Calderón y Peña Nieto, por citar apenas los tres últimos que antecedieron al actual gobierno? ¿Hombres de Estado? Situados en el marco de los encuentros sostenidos, en su momento, con sus homólogos estadounidenses, lo único memorable son sus enormes yerros y vergonzosas sumisiones. Del “comes y te vas” de Fox a Fidel Castro para quedar bien con Bush en una Cumbre Iberoamericana celebrada en nuestro país, a la indignante doblez de cerviz practicada por Peña Nieto con Donald Trump, cuando éste era apenas candidato del Partido Republicano en 2016. En fin, todavía no hace mucho, los opositores de derecha jugaban con la especie de que el presidente AMLO buscaría reelegirse en su mandato, “argumentando” que se trataría de un gobierno cegado por una ambición personal que lo llevaría a quedarse quién sabe qué tanto tiempo más en el cargo. Lo descabellado de tal ocurrencia, por su propia naturaleza, ha quedado en el pasado, pero seguramente insistirán en buscarle tres pies al gato.

Para rematar el ejemplo, Kundera contrasta en su novela el caso de Miterrand con otro presidente francés que, en su primer desayuno en el palacio del Elíseo, llevó a un grupo de pordioseros como presunto gesto de identidad con la gente sencilla y que se creyera que era uno de ellos (algo materialmente imposible); en cambio, Miterrand, como ya se apuntó, quería parecerse a los grandes muertos, héroes de la historia de su país. Sirva lo antes planteado, para entender que la trascendencia buscada por el actual gobernante va mucho más allá de lo que imaginan los agoreros del desastre.