[Spoiler alert: Este texto incluye metáforas beisboleras]
En la disciplina de las Políticas Públicas existe un conceptillo denominado Agenda. En términos generales puede decirse que consiste en el conjunto de temas, problemas o asuntos públicos que pueden o no ser atendidos por un gobierno. De tal suerte que si un tema es discutido públicamente y reconocido por el gobierno como un problema, entonces se desarrollarán acciones de política para atenderlo/mitigarlo/resolverlo/administrarlo.
Ya entrados en esta idea, conviene advertir que un gobierno no atiende o prioriza a todos los fenómenos, temas, asuntos o problemas públicos a un mismo nivel. Algunos importan, otros urgen, otros son cruciales, otros frívolos y otros espectaculares. Imagine Usted que la agenda gubernamental es una puerta pequeñita en donde solo logran entrar algunos asuntos de entre todo el universo de fenómenos sociales que requieren de cierta intervención gubernamental. Desde esta perspectiva, quien gobierna lo hace tomando decisiones y asignando recursos para intervenir sobre un determinado fenómeno que ha sido reconocido como un problema y que por tanto, debe ser atendido. En una lógica inversa también puede decirse que si nadie demanda un asunto como problema, entonces no es prioritario.
Hasta ahí podemos describir una postura “pasiva” de un gobierno que atiende a los problemas que le van cayendo. Para los estudiosos y practicantes del fenómeno del poder público, resultará más interesante una postura “activa” donde un gobierno tiene control de la agenda de los asuntos públicos. Este control puede consistir en definir cuáles temas se discuten y cuáles no; en qué términos se discute y cómo debe ser comprendido. De esta forma es posible tener control de dos ámbitos de la acción gubernamental: Por una parte la atención de los problemas socialmente percibidos de una forma tal que las soluciones gubernamentales propuestas resultan necesarias y/o plausibles; y por otra la atención discreta (u omisión) sobre temas que no son discutidos públicamente. Es el mejor de los mundos, es como un bateador que controla los lanzamientos del pitcher rival.
Quisiera no decepcionar a los entusiastas del poder que invocan –inadecuadamente- a Maquiavelo o Sun Tzu en su aspiración para tener pleno control de la agenda y por tanto del poder público. En un democracia moderna, este control es materialmente imposible gracias a la presencia de la prensa libre, del periodismo de investigación, de la academia, de los científicos y sobre todo de una enorme, heterogénea y muy participativa sociedad civil que coloca en la mesa la discusión de asuntos públicos que de otra manera no serían debatidos o atendidos por nuestros bateadores estrella.
Ésta es la razón por la que como sociedad democrática que nos preciamos de ser, no podemos abandonarnos a la idea de discutir solo los temas de las ruedas de prensa, y solo en los términos en que están siendo propuestos. ¿Y qué pasa con el resto de asuntos que igualmente deben ser discutidos y atendidos? ¿Quedarán ocultos los otros puntos de vista? ¿Quién promueve las causas de los que no tienen voz? ¿Será que para que un tema sea atendido y priorizado se requieren de promotores que los pongan a la vista? ¿Existe en nuestro país un servicio político especializado en ello (al estilo estadounidense donde los “cabilderos” cobran big money por hacer esta labor)?.
Aeropuerto, austeridad, huachicol, corrupción, perfil de funcionarios, guardia nacional, estancias infantiles y los temas locales ¿Solo es eso?.
Le propongo dos ejercicios. Las fracciones parlamentarias en el Congreso de la Unión (y en el Congreso local) ya han planteado su agenda legislativa (googlead, por favor). Eche un vistazo y verifique qué es lo que están proponiendo, cómo lo están proponiendo y qué están omitiendo. Lo mismo en la presentación de los Planes de Desarrollo de los ayuntamientos, y en unos meses más, del Gobierno de la República. Le propongo otro ejercicio más, entremos al juego, vamos colocando otros temas y nuevos esquemas de discusión de los asuntos públicos. A nosotros también nos toca batear. Aquí, por ejemplo.
Twitter. @marcoivanvargas
En la disciplina de las Políticas Públicas existe un conceptillo denominado Agenda. En términos generales puede decirse que consiste en el conjunto de temas, problemas o asuntos públicos que pueden o no ser atendidos por un gobierno. De tal suerte que si un tema es discutido públicamente y reconocido por el gobierno como un problema, entonces se desarrollarán acciones de política para atenderlo/mitigarlo/resolverlo/administrarlo.
Ya entrados en esta idea, conviene advertir que un gobierno no atiende o prioriza a todos los fenómenos, temas, asuntos o problemas públicos a un mismo nivel. Algunos importan, otros urgen, otros son cruciales, otros frívolos y otros espectaculares. Imagine Usted que la agenda gubernamental es una puerta pequeñita en donde solo logran entrar algunos asuntos de entre todo el universo de fenómenos sociales que requieren de cierta intervención gubernamental. Desde esta perspectiva, quien gobierna lo hace tomando decisiones y asignando recursos para intervenir sobre un determinado fenómeno que ha sido reconocido como un problema y que por tanto, debe ser atendido. En una lógica inversa también puede decirse que si nadie demanda un asunto como problema, entonces no es prioritario.
Hasta ahí podemos describir una postura “pasiva” de un gobierno que atiende a los problemas que le van cayendo. Para los estudiosos y practicantes del fenómeno del poder público, resultará más interesante una postura “activa” donde un gobierno tiene control de la agenda de los asuntos públicos. Este control puede consistir en definir cuáles temas se discuten y cuáles no; en qué términos se discute y cómo debe ser comprendido. De esta forma es posible tener control de dos ámbitos de la acción gubernamental: Por una parte la atención de los problemas socialmente percibidos de una forma tal que las soluciones gubernamentales propuestas resultan necesarias y/o plausibles; y por otra la atención discreta (u omisión) sobre temas que no son discutidos públicamente. Es el mejor de los mundos, es como un bateador que controla los lanzamientos del pitcher rival.
Quisiera no decepcionar a los entusiastas del poder que invocan –inadecuadamente- a Maquiavelo o Sun Tzu en su aspiración para tener pleno control de la agenda y por tanto del poder público. En un democracia moderna, este control es materialmente imposible gracias a la presencia de la prensa libre, del periodismo de investigación, de la academia, de los científicos y sobre todo de una enorme, heterogénea y muy participativa sociedad civil que coloca en la mesa la discusión de asuntos públicos que de otra manera no serían debatidos o atendidos por nuestros bateadores estrella.
Ésta es la razón por la que como sociedad democrática que nos preciamos de ser, no podemos abandonarnos a la idea de discutir solo los temas de las ruedas de prensa, y solo en los términos en que están siendo propuestos. ¿Y qué pasa con el resto de asuntos que igualmente deben ser discutidos y atendidos? ¿Quedarán ocultos los otros puntos de vista? ¿Quién promueve las causas de los que no tienen voz? ¿Será que para que un tema sea atendido y priorizado se requieren de promotores que los pongan a la vista? ¿Existe en nuestro país un servicio político especializado en ello (al estilo estadounidense donde los “cabilderos” cobran big money por hacer esta labor)?.
Aeropuerto, austeridad, huachicol, corrupción, perfil de funcionarios, guardia nacional, estancias infantiles y los temas locales ¿Solo es eso?.
Le propongo dos ejercicios. Las fracciones parlamentarias en el Congreso de la Unión (y en el Congreso local) ya han planteado su agenda legislativa (googlead, por favor). Eche un vistazo y verifique qué es lo que están proponiendo, cómo lo están proponiendo y qué están omitiendo. Lo mismo en la presentación de los Planes de Desarrollo de los ayuntamientos, y en unos meses más, del Gobierno de la República. Le propongo otro ejercicio más, entremos al juego, vamos colocando otros temas y nuevos esquemas de discusión de los asuntos públicos. A nosotros también nos toca batear. Aquí, por ejemplo.
Twitter. @marcoivanvargas

