Una, otra, lectura más de la reciente elección gubernamental
“¿Perdimos Kimosabi?”.
Joaquín López Dóriga.
Un buen amigo de la infancia, a quien saludé recientemente, me contaba que vive en los Estados Unidos de Norteamérica (EUA) desde hace 45 años y que ya visualiza su jubilación. Aunque la situación económica de su familia en el pueblo de origen es mucho mejor de cuando él necesitó migrar, me explicó, ahora su temor es la inseguridad lo que motiva a dudar de regresar y establecerse acá.
“Junté algo de dinero con la ilusión de poner algo acá y volver para quedarme, pero ahora está más cabrón, ya no sabes ni a quién confiarle; hay que esperar y ver qué hacen los que van a llegar ahora al gobierno; no quiero quedarme igual de jodido que cuando me fui”; agregó.
Por otra parte, pero, en el mismo tema.
Decía el Maestro Álvaro Pareja que, en su entender, las revoluciones surgen y se alimentan de la necesidad de superar condiciones materiales inmediatas que no permiten sobrellevar la vida en los términos en que se vive; particularmente, decía el maestro, “el bolsillo juega más que el corazón”.
Y, bueno, como lo de hoy son lo de las elecciones, tras de leer una buena cantidad de comentarios, opiniones y análisis -tanto a favor como en contra, sobre el triunfo de los representantes del partido en el poder en el reciente proceso electoral; lo que más me ha llamado la atención es la “duda” sobre los motivos de la población votante para darle en gran mayoría el triunfo a quienes ya ostentan el poder e incluso, ampliarles sus esferas de poder.
La interpretación que aquí se sigue es simple; siguiendo la idea elemental del maestro Pareja y, tomando como base la explicación del investigador del Colegio de México, Gerardo Esquivel (quien además fue sub-gobernador del Banco de México) que señala que “la pobreza por ingresos en México disminuyó de 2018 a 2022 en comparación al periodo de 2006 al 20018”, así como, que también disminuyó la tasa de pobreza extrema; considero que, simple y llanamente, la población en su mayoría se siente beneficiada con quienes tienen el poder más de lo que viven como desventuras y así lo ha reflejado con sus votos.
Quizá para quienes los ingresos económicos son equilibrados a sus necesidades o tienen ingresos superiores a sus necesidades; la violencia, la salud pública y/o la educación son temas sumamente relevantes al analizar una política de gobierno pero, pretendiendo ser objetivos, en México leemos demasiado poco como para creer que tenemos visiones colectivas más allá de nuestro entorno inmediato.
Aquí retomo, con el propósito de precisar, aquello que me contó mi amigo que vive en EUA unos días antes de la elección: nadie quiere perder lo que tiene, no está en nuestra naturaleza.
En el caso de los ingresos, no importa si son transferencias del gobierno, si son remesas ganadas con sacrificio, si es la gran economía informal del país. Después de todo, en el sistema económico mundial que prevalece, el dinero tiene una carta de naturalización propia: “tienes, vales; no tienes….también vales”.
La distribución de la riqueza en México es, desde la Colonia, el paradigma del desarrollo con los índices de marginalidad que explican los enconos de amplios segmentos de población. Sólo hay que leer nuestra historia.
No importa si hoy, algunos de los que representan un gobierno popular ayer representaban otros colores (no creo que ideas), no importa si argumentaban otras estrategias de poder gubernamental a las que ahora sirven para seguirse sirviendo del gobierno. Eso no ha importado para quienes les han refrendado el poder y lo han ampliado con su voto.
En suma, la interpretación que aquí se sigue es que ha ganado el bolsillo de las personas o, la ilusión de conservar lo que se recibe e, incluso, la expectativa de mejorar los ingresos.
En México, la gran mayoría de la población no participamos del gobierno (lo del gobierno participativo es marginal hoy en día); no participamos de sus planes, de sus proyectos, somos, simplemente, beneficiarios o afectados (los mecanismos de legitimación son eso, mecanismos, ya sea jurídicos, políticos, mediáticos o todos juntos) lo real y más consistente que ha ganado históricamente la sociedad es el voto.
En este orden de ideas, considero que es en este camino donde, quienes representan la oposición al gobierno, deben abrevar: ¿cómo es posible mejorar las condiciones socioeconómicas en México?... no del Producto Interno Bruto (que por muy importante que sea, no se refleja en los ingresos familiares).
Puedo no coincidir con la gente que le ha dado más poder al poder en turno, pero no puedo negar su derecho a decidir lo mejor para cada uno de ellos y han decidido en consecuencia.
Entiendo que la esencia de la democracia moderna es: una persona, un voto. Así que, habrá que afanarse más por lo que esos votantes desean.
joseramonuhm@hotmail.com
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