Una vieja leyenda hoy en día
Cuenta una vieja leyenda que tres caballeros originarios de Toledo cobraron con sangre la afrenta y ultraje de su hermana, allá por mil cuatrocientos doce. Según algunas versiones, fueron apresados y encerrados por veintinueve años, once meses y veintinueve días en la cárcel del castillo de Santa Catarina, en la isla de Favignana, frente a la costa occidental de Sicilia (en aquel entonces perteneciente a la corona de Aragón); otros dicen que en realidad huyeron y se refugiaron en ese mismo lugar para escapar de la justicia.
Lo cierto es que luego de ese tiempo, ya fuera escondidos o apresados, los tres hermanos decidieron separarse. Osso se quedó en Sicilia, Mastrosso fue a Calabria y Carcagnosso a Nápoles.
Se dice también que los españoles eran miembros de una sociedad secreta llamada La Garduña por lo que, en su estancia en la isla, trajeron a cuenta sus conocimientos para planear y diseñar las reglas de una sociedad secreta que cada uno fundó en su destino luego de dejar Favignana. Así, Osso fundó la Cosa Nostra, Mastrosso la Ndrangheta y Carcagnosso la Camorra.
Esta es la historia que se repite en “cantos de mala vida” en las tres regiones y que aun hoy es tenida por cierta en estos grupos criminales, no obstante que, con rigor histórico, el origen de las “mafias” italianas apenas es del siglo XIX. Los “cantos de mala vida” son el equivalente a nuestros muy mexicanos “corridos” pues son narraciones de hechos y personajes vinculados con la vida “mafiosa” en el sur de Italia.
En uno de ellos, llamado “Ndrangheta, Camurra e Mafia”, que puede escucharse en italiano meridional en algunas plataformas de internet, se narra la historia de estos tres hermanos y como se dieron a la tarea de diseñar “leyes de honor, de sangre, de guerra, leyes mayores, menores y criminales”; más adelante la misma canción dice que estas reglas deben trasmitirse de padre a hijo, pues son las leyes de la sociedad y marcan la historia.
Sin embargo, además de normas de conducta, también crearon los toledanos algunos rituales que al día de hoy se conservan y se efectúan cuando alguien ingresa a cualquiera de estas agrupaciones, como el quemar la estampa de algún santo católico que ha sido manchada con la sangre del aspirante, extraída de su dedo índice, mientras se repite un juramento de honor y silencio para con el resto de los miembros de la organización, solo por dar cuenta del ejemplo más difundido en internet de este tipo de ceremonias.
Se dice que en Italia las “mafias”, sin rituales y tradiciones, no son más que delincuencia organizada.
Y es que no estamos en presencia de una mera coaligación de sujetos que se dedica a delinquir; a lo largo y ancho del mundo este fenómeno reviste características mucho más allá que esa simplificación. Pensemos en las triadas chinas, los yakuza japoneses o la bratva rusa, por dar unos cuantos ejemplos.
Se trata de verdaderas comunidades que comparten tradiciones, fines, rituales e incluso formas de hablar características. Considerarlos tan solo como grupos de delincuentes es negarse a ver el elefante en la habitación, pues sus vínculos van mucho más allá que la exclusiva comisión de delitos.
Con una estructura jerárquica rígida, con diseños hábiles e inteligentes desde la perspectiva de organización y, sobre todo, con los lazos que se conforman por la convivencia, el silencio, la familia, los favores, los secretos y las creencias, constituyen verdaderas subculturas.
De esta forma, la delincuencia organizada, en cuanto llega a presentar ciertas características, requiere que en su combate se haga uso de expertos en antropología, sociología, psicología, economistas y, por supuesto, abogados, a efecto de que se diseñen las estrategias y acciones necesarias para llegar a un buen resultado.
Entender lo anterior es acercarse a una solución; seguir por la senda de la tolerancia y la invidencia voluntaria (o corrupta) del fenómeno solo permite la solidificación del del mismo.
@jchessal




