Violencia
Miles de aficionados al fútbol cada fin de semana acuden a apoyar a su equipo favorito. Al interior del estadio, una vez iniciado el encuentro, la mayoría tiene una transformación en su comportamiento, lo que sucede en el partido activa una emoción determinada, un gol, un tiro libre, tiro de esquina, tiro penal, falta no cobrada, jugadas polémicas o dudosas, agresiones entre los jugadores. Hay momentos de alegría, euforia, tristeza, desconcierto, disgusto, rabia, enojo, furia, irritabilidad.
Existe una gran pasión en este juego. Al interior del estadio es fácil ver amigos abrazarse y felicitarse, y entre adversarios a insultarse y darse de golpes por haber perdido, o hasta derramar lágrimas y emborracharse para olvidar la derrota o festejar el triunfo; en ello, los medios de comunicación han contribuido a potenciar la agresividad, la humillación al rival, ser machista, salir victorioso, establecerse como el mejor, el único, en cuyo contexto la tolerancia es una vergüenza, humillación y fracaso ante el adversario.
En este tipo de comportamientos influye el resultado del partido, si el equipo gana, genera satisfacción, alegría, pero el perder o empatar produce efectos negativos. Las emociones que se muestran externamente poseen componentes conductuales particulares, pueden ser controlables si en la familia y en el contexto inmediato se aprendió a hacerlo; pero también hay comportamientos sociales contagiosos, irracionales, en donde están presentes problemas de agresión, violencia, vandalismo, tragedias, batallas cámpales.
El comportamiento agresivo se encuentra durante casi todo el desarrollo del partido, los aficionados expresan insultos en contra de los jugadores del equipo contrario, así como sus seguidores, pero sobre todo al árbitro o sus asistentes. Es común escuchar insultos misóginos y homofóbicos. Los jugadores se agreden físicamente, se insultan, se enfrentan de manera agresiva al árbitro. La violencia es un acto normalizado, pareciera que es parte del espectáculo, más que ser rechazada es aplaudida y festejada.
Hay que distinguir entre aficionadas y espectador. El aficionado se identifica con el juego de su equipo, en cambio, el espectador es un observador más. El aficionado es aquel que tiene depositada una carga libidinal, se compara con una relación de amor; por lo que no hay que confundir a los aficionados con las “barras”, quienes en muchos países del mundo terminan llevando a cabo actos de violencia y delictivos, que están determinados por emociones de ira, cólera y rabia, a lo que se suma el consumo de alcohol y drogas.
Asociar futbol con violencia es porque es un deporte de masas, porque promueve las identidades colectivas. Al ser un enfrentamiento entre dos equipos constituye la oportunidad de proseguir la guerra por otros medios, por ello con frecuencia se escucha decir a personas “te voy a matar”, por el solo hecho de ser de un equipo distinto; se trata de desaparecer al otro porque es distinto, lo cual es común en nuestra sociedad, se da no solamente en el deporte, existe en grupos sociales, entre en un estado y otro o entre municipios.
La violencia en el fútbol no es un reflejo de una sociedad violenta, es su espejo. En este comportamiento esta presente marginación, exclusión y discriminación social. Si la sociedad produce violencia, es porque genera desigualdades intolerables; los excluidos encuentran en ella una válvula de escape, la ocasión para expresar su descontento. Es un acto racionalmente rechazado, pero inconsciente cuando se lleva a cabo, sus protagonistas viven el momento sin pensar en sus consecuencias.
Lo que sucedió en el partido Querétaro vs. Altas, no es un hecho aislado, es un riesgo latente en cada partido; es un hecho que se puede controlar, pero no desaparecer, se puede dar en el futbol profesional, pero sobre todo en los partidos llaneros, en donde ocurren frecuentemente actos de violencia, pero que nadie le pone atención, es un comportamiento social que merece definirlo como problema público para atender sus causas y no solo sus consecuencias. Se requiere modificar comportamientos sociales para evitar grandes tragedias como la de Querétaro.
En síntesis, el fútbol, al igual que otros deportes de masas, promueve la violencia, no solo porque es jugar a ganar o perder, sino porque es un negocio que gira en torno al consumo de grandes cantidades de alcohol y otras drogas, tanto en los estadios como entre grupos de amigos que se juntan a ver los partidos en casa o en los bares. Es un deporte que activa emociones, felicidad, alegría, ira, cólera y rabia; el riesgo de la violencia siempre está latente. Próxima colaboración: 23 de marzo de 2022.
@jszslp
no te pierdas estas noticias




