Visita no grata
Pues allí tienen que a un sector del ultra-conservadurismo político de nuestro país se le ocurrió traer a Isabel Díaz Ayuso, quien funge como presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, para ser homenajeada en tribunas legislativas como el Congreso del Estado de Aguascalientes, donde fue abucheada por ciudadanos que terminaron reprimidos por expresar su malestar con tan desafortunada acción que muestra, una vez más, que la enajenación mental no tiene límites cuando se trata de aprovechar políticamente cualquier postura ideológica que raye en excesos y desvaríos. La señora Ayuso se ha vuelto célebre por sus dichos y hechos clasistas y racistas, esgrimidos para condenar sin más, por ejemplo, a los extranjeros indocumentados y a menores no acompañados. Rendir homenaje a Hernán Cortés es un exceso que conlleva negar el saqueo, destrucción y muerte derivados de la conquista y sometimiento de pueblos originarios. Con tanto desatino, finalmente la señora Díaz Ayuso tuvo que salir abruptamente de nuestro país.
No hace mucho, comentamos en este espacio lo que otra funcionaria de cultura del Ayuntamiento de Madrid expresara con respecto a la conquista española en tierras americanas, negando que se presentara expoliación o coloniaje porque "España no tenía colonias, tenía virreinatos". Con tan curiosa declaración, la funcionaria trataba de justificar el saqueo de metales preciosos en territorios de pueblos y comunidades, refiriendo que "por ejemplo, la pieza más valiosa de arte colonial que hay en España, el Tesoro de los Quimbayas, no fue adquirido por una expedición española, sino que fue un regalo de un gobierno a otro". Ese tipo de respuestas nos remitirían, en automático, a un tipo de preguntas igual de sorprendentes: ¿Y, entonces, para qué, por ejemplo, le andarían quemando los pies a Cuauhtémoc los personeros de Hernán Cortés?
Lo anterior sirve para tener claro que las formas de entender cuestiones como la "autodeterminación de los pueblos" como un rasgo específico y necesario de la construcción de la nación democrática plena en América Latina, es muy distinto en las visiones de la ultraderecha como la que representa la señora Ayuso y sus corifeos locales en nuestro país, con la de un progresismo de izquierda que amplía el concepto de nación a una nueva como diversa interpretación que considera las características de una transición distinta a la del pensamiento occidental, donde los tiempos no son tan lineales ni de corta duración, sino más largos por la transformación que implican, de tal manera que la imaginación política va incluso del presente al pasado, haciendo "demandas de futuro a partir de demandas de memoria", como lo planteara Boaventura de Sousa Santos, por ejemplo ("Refundación del Estado en América Latina", Ed. Siglo XXI, p. 75).
Una visita como la de la señora Ayuso no podía ser más que fallida porque sus promotores siguen a pie juntillas una suerte de pensamiento colonialista interno y suelen ser "más papistas que el Papa", aplaudiendo el despojo de la riqueza nacional por grandes capitales extranjeros, sobre todo de carácter depredador y especulativo, asumiéndose como políticas de "vanguardia" que, empero, parafraseando a Sousa Santos, serían peores que las "teorías de retaguardia", mejor "nadota", pues. En fin, la vieja historia de pretender seguir ofreciendo espejitos y aplaudida por sectores locales de la derecha más rancia.
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