¿Votar o no votar? He ahí la cuestión
Se aproxima la fecha para la mascarada impulsada por el señor López y sus borregos (no es insulto, ya lo dijo el propio López) en la cual, bajo la figura de revocación de mandato, se pretende construir una imagen de aceptación con un “efecto” ratificatorio.
El entrecomillado se explica fácilmente: una revocación de mandato se convoca cuando hay ciudadanos inconformes con el gobernante y, en este caso, son los que lo apoyan los que pretenden llevar adelante este ejercicio de democracia participativa; esto y la vacilada de la Suprema Corte y sus muy aborregados ministros al despreciar la Constitución e introducir la posibilidad de que se pueda entender un espaldarazo a su pastor hace que carezca de sentido que se ratifique a quien nadie quiere quitar.
Se han levantado muchas voces opositoras que convocan a no asistir a votar el diez de abril próximo, para no convalidar, según ellos, este acto propagandístico del aprendiz de dictador, puesto que, sea el resultado que sea, no va a dejar la presidencia. Otras voces señalan la conveniencia de ir y dejar constancia de la inconformidad con el transformista de cuarta.
Creo conveniente apuntar aquí algunas cuestiones del marco constitucional de este ejercicio, como previo a expresar mi opinión personal.
El artículo 35 fracción IX de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos regula lo concerniente a la revocación de mandato. Por estar ya superadas algunas de sus etapas y ser un hecho indudable e inminente su realización, solo me ocuparé de lo que, según la norma señalada, puede ocurrir con los resultados.
Según el precepto constitucional, que, para que el proceso de revocación de mandato sea válido deberá haber una participación de, por lo menos, el cuarenta por ciento de las personas inscritas en la lista nominal de electores y solo sólo procederá por mayoría absoluta. Según la página del Instituto Nacional Electoral, deben asistir a votar en la fecha ya indicada treinta y seis millones setecientos setenta y seis mil trescientos sesenta y tres, pues si no se logra ese número, no se completa el mínimo preceptuado. Si esto ocurre, entonces no pasa nada y todo sigue igual.
En cambio, si se logra o supera ese número de asistentes, entonces la cosa cambia.
El Instituto Nacional Electoral emitirá los resultados de los procesos de revocación de mandato del titular del Poder Ejecutivo Federal, los cuales podrán ser impugnados ante la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la que realizará el cómputo final del proceso de revocación de mandato, una vez resueltas las impugnaciones que se hubieren interpuesto y, en su caso, emitirá la declaratoria de revocación y en ese momento, de acuerdo al artículo 84 de la Constitución, asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo quien ocupe la presidencia del Congreso en tanto que, dentro de los treinta días siguientes, el propio Congreso nombre a quien concluirá el período constitucional. Esto ocurre ipso facto, es decir, que en cuanto se emite la declaratoria, cesa el encargo y el no aceptar ese resultado se llama Golpe de Estado.
En cambio, si se reúne por lo menos el cuarenta por ciento del listado nominal y no se logra la mayoría necesaria para la revocación (la mitad más uno) o bien la mayoría se inclina por la ratificación, no pasa nada y todo sigue igual.
Esto es que, constitucionalmente, hay una ventana de oportunidad al ir y participar, para lograr la salida anticipada de quien tanto daño ha hecho y hace al país. Poco se pierde, porque en la mayoría de las hipótesis, no ocurre nada que altere el estado de cosas presente.
Que el señor López quiera aprovechar ese ejercicio democrático como propaganda no es extraño y, de todos modos y en franca violación a la Constitución, lo está haciendo. Tampoco se pierde nada.
Finalmente, el escenario de un Golpe de Estado, con una negativa a acatar el mandato de la Sala Superior del Tribunal Electoral del poder Judicial de la Federación también es una posibilidad; sin embargo eso puede ocurrir ahora o en dos mil veinticuatro cuando termine su encargo. Dependerá de las instituciones, de los ciudadanos y del desaborregamiento el que se logre que México mantenga su democracia y dejemos este triste capítulo de sacralización personalista que ensombrece nuestra historia actual.
@jchessal



