Alfarería, tradición que se extingue (video)

A través de siete generaciones Juan y Basilio Duarte han conservado la originalidad de las técnicas para el manejo del barro, su sello único se ha transmitido a lo largo de unos 250 años.
Ellos habitan en la comunidad del Huizachal, perteneciente al Barrio de Santiago, en el municipio de Tierra Nueva, un sitio propicio para el desarrollo de la alfarería ya que cuenta con minas de arcilla.
En un inicio fueron 30 familias las que se dedicaban a esta actividad, sin embargo, la migración redujo la tradición de este oficio.
En la zona se pueden encontrar hasta cuatro tipos de barro. Don Tiburcio, abuelo de Juan Basilio, comenzó con su taller de alfarería como una forma de tener productos para el intercambio, no obstante, la actividad cambió hasta ser el negocio familiar.
De los montículos de tierra al horno
El barro con el que los Duarte elaboran sus mercancías es cien por ciento terranovense, a veces mezcla de dos tipos: el barro blanco y el barro rojo.
Una artesanía o utensilio de cocina inicia como polvo al que después de algunos golpes para desmoronarse se cuela en un cernidor para dejar solo los más finos granos.
De ahí se mezcla en una carretilla hasta generar una mezcla uniforme y se le agrega agua a consideración hasta que el revoltijo tenga una consistencia pareja y sea palpable su elasticidad.
Para Basilio al igual que se moldea el barro, el carácter de las personas se va forjando por medio de experiencias y aprendizajes.
La mezcla se puede dejar en reposo por un día más para mejorar su maleabilidad y a esta masa reposada se le conoce como “barro semilla”.
Ya con la mezcla elaborada, las manos con ayuda de diversas herramientas moldean las figuras y utensilios que serán llevados a un área en donde se secan antes de ser trasladados al horno.
El horno que utilizan tiene 100 años de existencia y está hecho de adobe en la parte superior que se renueva cada tres años.
El horneado del producto siempre debe ser por la mañana, porque las piezas tienen poco de humedad y al estar el sol caliente las puede romper. El horno se calienta entre los 850 y los 900 grados Celsius.
La mejor forma de acomodar las piezas en el horno es ubicando las piezas grandes y posicionarlas en los huecos. Se busca aprovechar cada espacio y sobre todo dejar oportunidad para que las demás piezas puedan “respirar”.
En el taller también cuentan con “la zona de envejecimiento”, un área en donde la finalidad es que las piezas se pongan en contacto con la naturaleza, con la tierra y el agua para que adquieran el tono de antiguo, ya que hay clientes que piden las piezas con ese toque especial.
Una vez terminado el proceso de la elaboración de las piezas, son colocadas en un estante de exhibición ubicado en el taller o en puntos de venta que son distribuidores de las artesanías elaboradas en el municipio de Tierra Nueva.
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