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CIUDAD VALLES. Policías municipales y estatales desalojaron a media centena de sindicalizados de la DAPAS del edificio oficial de este organismo en una acción prolongada que duró casi cuatro horas y en la que hubo cuatro enfrentamientos a golpes con los uniformados.
Antes de las nueve de la mañana, el presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA), José Arturo Reyes González se apersonó con un actuario y trabajadores en activo de la DAPAS ante Alejandro Ballesteros Corona y sus sindicalizados, en la puerta sur del edificio, que es el acceso de los vehículos. Aunque se les notificó que el Juzgado Quinto y la Junta de Conciliación del estado habían determinado declarar la huelga inexistente por contar con sólo 63 seguidores, que es una minoría, respecto de los que participaban en el movimiento que comenzó el 31 de octubre de 2018 y que mínimo debe tener tres cuartas partes del total de Sindicalizados dentro del mismo movimiento.
Tomando en cuenta que son 180 sindicalizados, la Junta parece tener razón, pero Ballesteros argumenta que tiene más de la mitad de los huelguistas de su lado y calificó la acción de un atropello y de una ilegalidad.
Juana Lara Díaz, presidenta estatal de la Junta de Conciliación y Arbitraje mandó esta acción que anulaba la huelga y los sindicalizados advertían que como se les había notificado a las 3:30 de la tarde del miércoles, tenían hasta las 3:30 de tarde de hoy para permanecer en calidad de huelguistas, pero la orden del presidente de la JLCA, quien era visto a lo lejos por el abogado del director de la DAPAS, Edgar Enrique Sánchez González era tajante, tenían que liberar la DAPAS de ocupantes, porque no había más huelga.
Primer round
A eso de las 9:20 de la mañana y viendo que no liberaban la puerta sur, los miembros de la JLCA y los policías, así como una retroexcavadora se fueron a la puerta norte, que es la entrada de clientes, de la DAPAS y los sindicalizados tuvieron el primer altercado con policías, en el que se llevaron detenido a uno de los huelguistas. La trifulca se arreció contra Alejandro Ballesteros que era contenido por los oficiales, pero aunque logró quitarle la llave al operador de la máquina, la “mano de chango” tumbó la reja con la facilidad con la que se abate un dominó. Mientras los policías peleaban y se jaloneaban con sindicalizados, miembros de la Junta, de la DAPAS y un notario público entraron a ver las condiciones de las oficinas que estuvieron cerradas 337 días.
Segundo round
Los sindicalizados fueron a la puerta lateral de la reja por donde entran los vehículos y se metieron al estacionamiento, para intentar sacar a los que se habían metido por la otra entrada. Pero un cerco policiaco se puso al pie de la escalinata que lleva a las oficinas y así estuvieron mucho tiempo, sindicalizados, viéndole la cara a los policías. El líder sindical advertía que los funcionarios que se habían metido de la DAPAS estaban rompiendo vidrios en el interior de las oficinas, pero la prensa no pudo corroborarlo.
Luego de una hora, Ballesteros se acercó a la escalinata, donde aguardaba el abogado del director, Sánchez González y le comenzó a provocar a manera de pleito. Los policías se interpusieron y Ballesteros habló con la prensa, acusando de delincuente al litigante (quien tuvo juicios por falsificación de firma en tiempos de Coco Herrera, cuando fue Secretario del Ayuntamiento) y, enojado, arrojó la botella de agua a donde estaba Edgar Enrique, pero el recipiente rebotó en los escudos de las guardias municipales.
Un cerrajero rompió el candado que el Sindicato tenía puesto en la reja sur de la DAPAS desde hacía 11 meses y se abrió el portón, quitando entonces los de la Junta la bandera de huelga, desteñida por el sol de 337 días vallenses.
Todo se calmó unos momentos, pero faltaba el tercer acto.
Tercer round (11:30)
Edgar Enrique Sánchez González dijo que la JLCA le tenía que entregar la DAPAS sin un solo huelguista dentro y, ante la ordenanza de que se debía sacar a todos, mientras un grupo de 10 policías convencían de salir a un grupo de ocho personas, entre trabajadores, el hermano de Alejandro Ballesteros, Ricardo Ballesteros y un activista a favor de los huelguistas, de nombre Erasmo Linares, a quienes tuvieron que acarrear parcialmente, para que se salieran de las instalaciones.
Entonces sí, toda la fuerza fue por Alejandro Ballesteros y los sindicalizados a una bodega que está al fondo del terreno de la DAPAS y en donde pensaban guarecerse para no salir del lugar. Ahí sí, sin contemplaciones, los elementos de la Policía Estatal y de la Municipal sacaron literalmente arrastrando al líder y a sus acompañantes, usando todos los recursos de la fuerza y a golpes.
Ya una vez afuera, los policías cerraron el lugar y colocaron una patrulla para resguardar la entrada de vehículos, mientras los sindicalizados, que se quejaban de haber recibido grandes cantidades de gas pimienta, iban a una tienda que está hacia el sur de la DAPAS a tomar agua y a sentarse, para planear el movimiento siguiente.
El abogado de la DAPAS, Edgar Enrique Sánchez explicó que para mañana viernes, 4 de octubre, los trabajadores que quieran volver a sus labores, de entre los que apoyaban la huelga, podrían regresar a trabajar sin derecho a salarios caídos ni a ninguna otra prestación acumulada en 11 meses y que el edificio de la DAPAS estará abierto al público a partir de mañana en la mañana.
Colofón
Alejandro Ballesteros dijo que se ampararon ante el Juzgado federal, porque asegura que su Sindicato todavía tiene una buena cantidad de trabajadores y que se amparó ante el Juzgado Quinto de Distrito por los hechos ocurridos hoy en la DAPAS y ahora esperará la resolución para ver si la jueza de esta jurisdicción concede o rechaza la interposición de ese recurso legal.
La DAPAS se quedó cerrada. Los sindicalizados, fuera.








