Reflexiones de la nalgada

Mujeres siguen expuestas a egresiones callejeras

Reflexiones de la nalgada

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Hace unos días me encaminaba a mi casa luego de visitar a mi madre y hermana. Caminaba muy quitado de la pena por una de las aceras de la avenida Observatorio, en Valle de Dalias.

El clima se ha puesto cruel con los potosinos así que ese día iba con unas bermudas, camiseta, gorra y huaraches, además del obligado cubrebocas y mis inseparables lentes de miope.

Frente a mí, en dirección opuesta venía una joven, probablemente veinteañera. Traía un short de mezclilla, blusa de tirantitos y tenis.

Al verme decidió bajar de la acera, caminar sobre el arroyo vehicular e incluso adentrarse un poco más en él, pues a la altura en que se encontrarían nuestros caminos había un auto estacionado.

Atrás de ella venía un joven ciclista. No quiero parecer prejuicioso, pero tenía el porte de todo un pandillero "arborigen" (habitante de los Arbolitos) y pues ni tardo ni perezoso, aprovechó la situación para propinarle a la joven una sonora nalgada y luego salir disparado en su bicicleta.

De lo anterior desprendo tres reflexiones: la primera (mala para mí) es que ni con mis 52 años de edad, mi poco más de 1.60 metros de estatura y mi ya casi preocupante sobrepeso, logro parecer una persona NO peligrosa.

Segunda (mala para la chica): basada en un prejuicio (que no soy una persona NO peligrosa), ella tomó lo que al final de cuentas resultó ser una pésima decisión: bajarse de la acera y exponerse a ser nalgueada por el gandalla ciclista.

Y tercera (mala para todos): que resulta preocupante que aún existan en la ciudad tipejos que se sientan con derecho a agredir impunemente a cualquier mujer que se cruza por su camino.