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VIDEO: “Se nos acabó todo y ya van tres veces”

Por Ruth Salazar

Agosto 16, 2022 03:00 a.m.

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Aunque las autoridades de los gobiernos estatal y capitalino aseguran que la zona donde se rompió este domingo el ducto de El Realito, no ha sido reparada o es atípica, debido a que no se habían presentado fugas previas, la realidad es que se trata de la tercera falla en dos años y la misma familia ha resultado afectada en las tres ocasiones, pues se localiza a escasos metros de sus viviendas. 

¿Cómo nos vamos a ir a un albergue, oiga?

“Es algo desesperante que el agua la llevas aquí, sube el nivel…”, describe Oliverio López señalando su pecho, al tiempo que es interrumpido por su esposa Alicia Donjuan, quien muestra “a mí me subió aquí el agua”, tocando su cuello. 

La mujer continúa su relato diciendo que en esta ocasión estuvo muy fuerte el impacto, “yo todavía no me siento muy bien, me duele mucho la cabeza”, ahora su esposo la interrumpe, “necesitamos una terapia de algo, aunque sea un paracetamol”. 

Esta pareja es la cabeza de una familia que vive en una vivienda contigua a la de los padres de él. La casa quedó totalmente destruida por la fuga, mientras disfrutaban una comida de una tarde de domingo.

La primera falla ocurrió hace aproximadamente dos años alrededor de las cuatro de la madrugada, en esa ocasión no pasó de un susto sin daños materiales; la segunda, ya ameritó una reparación más profunda y una inspección por parte de la aseguradora de la empresa concesionaria, pues el agua inundó su vivienda al menos 50 centímetros, dañando ropa y muebles. 

El dictamen en esa ocasión, hace aproximadamente 15 meses, les salió con una indemnización que les pagaron en el plazo de un año, no les repusieron ni la ropa o enseres, esa que se encontraba en la parte más baja de sus closets o alacenas. 

Al recordar, Alicia se cuestiona: “dicen que ahora van a pagar todo, ¿pagarán también todos los daños de salud que a uno le quedan?, nosotros ya llevamos tres veces, la primera vez nos agarró a las cuatro de la mañana, cómo va estar uno con confianza ahora, nomás nos agarra en la noche y va estar peor”. 

Se refiere al miedo, ya que no se siente con la tranquilidad de volver a estar en paz, no puede dormir y se encuentra en estado de alerta. Sus síntomas recuerdan al estrés postraumático que sufren los damnificados de un sismo. 

Alicia dice calmadamente que necesitan que les “echen la mano, por favor, ¿dónde cocinamos?, se acabó todo, ya son tres veces”. Oliverio, más enérgico exige una solución rápida, señala que les dicen que se vayan a un albergue: “¿Cómo nos vamos a ir a un albergue, oiga?, urgentemente quiero yo, a la voz de ya, ayuda, no tengo dónde vivir”. 

“Mamá no te preocupes, nos vamos a ir al cielo todos juntos”.

Como suelen hacerlo, los domingos por la tarde, la familia López Díaz se encontraba comiendo cuando escucharon un sonido similar a un trueno, pensaban que se trataba de un tráiler que había chocado, pero en segundos agua, lodo y piedras comenzaron a caerles del cielo, relata Josefina López, quien viajó de la capital potosina a comer a la casa de sus padres, que se ubica al filo de la carretera que te lleva a la cabecera del municipio de Tierra Nueva.

Ella iba acompañada de su esposo.

Las láminas que cubrían el techo del patio donde comían les cayeron encima; con el miedo de quedar sepultados se levantaron de las mesas y algunos lograron salir a la calle, esquivando el agua que caía como una cascada.

Ya afuera se percataron de que nuevamente se había roto el ducto del acueducto.

Cuando ocurrió el accidente, al fondo de la casa, en un patio jugaban dos primos, Danna y Damián, en la habitación dormía un bebé de dos años, sus madres corrieron hacia ellos, empujadas por los borbotones de agua se quedaron encerradas en una recámara, subieron a un colchón, pero el líquido comenzó a subir rápidamente. 

Al sentirse atrapados, Danna de cinco años le dijo a su madre para calmarla: “mamá no te preocupes, nos vamos a ir al cielo todos juntos”. 

Esa frase, hizo que la madre de Damián reaccionará y rompiera una pequeña ventana con sus brazos, sacaron uno a uno a los tres niños, afuera ya los esperaban tres familiares, quienes los subieron al techo de la vivienda para ponerlos a salvo. 

“Yo dije no, voy a salir con mis manos y rompí la ventana con mis manos, y rompí el cristal”, describe. 

Mientras, afuera, pasada la conmoción inicial, los que lograron salir comenzaron a organizar la ayuda de vecinos para sacar a las personas que quedaron atrapadas en la vivienda, una de ellas, una adulta mayor en silla de ruedas, a quien rescató uno de sus sobrinos, sacándola en sus hombros. 

Prácticamente esta soldadura está de adorno: ¡es una negligencia!

Uno de los vecinos del lugar donde ocurrió la fuga y que se dedica a la soldadura especializada, se acercó para mostrar un pedazo de metal, quiere describir que la última reparación estuvo mal hecha, le cuesta trabajo sostenerlo ya que está bastante pesado. Se trata de una placa como de 1.5 cm de grosor. 

Se trató de una mala instalación, dice de entrada el hombre que explica que se trata de la entrada de un tanque. Agrega que se trata de un procedimiento mal realizado en el corte, el biselado y la entrada del tubo. “Va en tres pasos la soldadura y con diferentes tipos de soldaduras, y aquí por lo que se ve no biselaron, no pulieron las uniones y sólo está hecho a dos pasos, no está fundido acero con acero, o sea fue un mal procedimiento”. 

Como vecino, recuerda que una vez que se hizo la segunda reparación no se realizó una inspección posterior ya que no les mostraron una prueba de que hicieron la reparación adecuada, así como una prueba hidráulica. 

Al mostrar la pieza de metal, José afirma: “prácticamente esta soldadura está de adorno, no tiene calidad, esto no es aceptable, por este trabajo mal realizado, estuvo cerca de ocurrir una tragedia”.