HAY QUE DEVOLVER, SU COLOR A LA EXISTENCIA

Hay tiempos, con realidades oscuras; que algunas veces duran poco, y otras se prolongan. Pero, como quisiéramos tener voluntad, para cambiar el color de nuestra vida. Ya que, en la oscuridad, se llega a perder la esperanza; y esos sinsabores, pueden ser un obstáculo que nos impide ver la luz. Y cuando la realidad se vuelve gris, la fe se pone a prueba. Alguien dijo: que cuando la noche está más oscura, es cuando está a punto de llegar la aurora. Pero, todo eso, nos hace pensar: que Dios no abandona, ni aún en las tinieblas. Porque hay momentos, en que Dios, nos da a probar, lo que es el cielo. Y esto, para que no perdamos la esperanza de llegar al paraíso. Una experiencia extraordinaria, fue aquella que vivieron los discípulos de Jesús. Y dice el Evangelio: “En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes” ( Lc.9). Hay momentos, en que sentimos que nos llegó la gloria. Y esto, pasa cuando todo se llena de luz, y pasamos de la oscuridad, a la claridad de ser dichosos. Y al entrar en contacto con Dios, todo cambia de color, y la noche se ilumina. Y esa realidad, nos da fuerzas para hacerle frente, a un presente adverso. Solo con Dios, puede ser cambiada la realidad. Porque el Señor, hace que el aspecto se transfigure, y cambie el color de la existencia. Y esas experiencias de gozo, nos hacen descubrir: que, en esta vida, no todo es oscuridad, ya que también, hay momentos de cielo. Por tanto, hay que pedir: que, en la adversidad, nos llegue la luz de los recue- rdos felices; para que la memoria de un pasado dichoso, reencienda en nosotros, una luz de esperanza. Y así, aunque la realidad se torne oscura, podamos iluminarla, contando con la presencia de Dios. Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
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