MADRE DOLOROSA

MADRE DOLOROSA

MADRE DOLOROSA

En la pasión y crucifixión hay dos personajes que pagaron con sus propias vidas el precio de la redención: Cristo nuestro salvador y redentor, que, con su sangre, lavó nuestros pecados y nos abrió la puerta del cielo.

Y María, la Madre Dolorosa, la corredentora, que, por su amor inmenso hacia Jesús, padece la agonía de su hijo, y así consumida de dolor, comparte plenamente el sacrificio salvífico de Jesús, y todo por amor a la humanidad.

JESÚS CONDENADO A MUERTE

"¿Qué sintió tu corazón cuando escuchaste la sentencia de muerte que imponían a tu adorado hijo?".

Tú que le diste vida, que lo llevaste en tus entrañas, que lo amamantaste, que lo viste crecer, caminar, hablar y ahora serías testigo de su muerte".

CORONA DE ESPINAS

Tú que has sentido el gran dolor de ver a tu hijo con una corona de espinas enterrada en su tierna cabeza; tú que le has visto su cuerpo todo latigado, sangrando y su carne toda llagada.

SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Tu corazón no aguanta más el deseo de darle un poco de cariño

 a tu hijo.

Entonces, te adentras entre la multitud gritando el nombre que tantas veces llamabas para que fuera a comer, a estudiar: "¡Jesús, Jesús Mi hijo!" y por fin logras llegar a donde está tu hijo Jesús.

Tus ojos llenos de lágrimas, angustia, dolor y soledad, mendigando de los hombres un poco de amor.

SÚPLICA

Has estado orando y suplicando al Padre que mueva el corazón de alguien para que generosamente corra al auxilio de tu hijo. Deseabas que fuera una mujer para que, con su delicadeza maternal, aliviara tanta aspereza y brusquedad que ha 

recibido Jesús.

CLAVADO EN LA CRUZ

Ves como colocan a tu hijo en la cruz, ni siquiera podrás pasar 

sus últimos instantes con algún descanso.

No, ahora ves como amarran a la cruz su cuerpo todo herido.

SACRIFICIO 

Madre Dolorosa, ahí estás tú, al pie de la Cruz de tu hijo, firme, 

de pie como toda una Reina. 

Al lado de tu hijo, ofreciéndote tu como sacrificio 

de consolación.

Y ves como un soldado traspasa con una lanza el corazón de tu hijo y tu corazón María es en ese momento traspasado espiritualmente por la misma lanza.

CONSUELO Y AMOR

Ahora si puedes tener a tu hijo en tus brazos.

Lo único que importa en ese momento es tenerlo a Él 

de nuevo en tus brazos maternales.

Sabes que Él no puede sentir tus caricias y tus besos, pero aún, así lo besas y lo acaricias y quieres como borrarle el horror de lo que los hombres le hicieron a través de tu ternura y de tu amor.