MURAKAMI PARA TODOS

El tema literario de la semana fue sin duda el premio Princesa de Asturias para el escritor japonés Haruki Murakami.
En mis círculos cercanos de lectores, la división de opiniones era evidente, como en cada mes de octubre con la entrega del Premio Nobel de Literatura, donde en las casas de apuestas, Murakami es el gran ganador y donde la polarización de comentarios también se pone de manifiesto.
No dudo que Murakami se sintiese orgulloso de obtener la presea de la Academia sueca, pero tampoco le quita el sueño, pues en su haber y alrededor del mundo, el escritor ha recibido decenas de reconocimientos que lo consolidan como uno de los escritores contemporáneos más leídos en décadas, y es que, con tanta producción literaria en su haber, fácil se torna el comentar sobre alguna de sus obras.
Pero en una sincera opinión, considero que el atractivo de leer a Haruki puede radicar en que es un autor que nos aproxima a las más grandes manifestaciones, preocupaciones y experiencias humanas que puedo resumir en las siguientes: la música, el amor, la soledad, el individualismo, las relaciones de pareja y la sexualidad.
¿Qué especie humana no se ha preocupado en mayor o menor medida a alguna de estas?
Si bien, una de las críticas que se le ha hecho es el de “occidentalizar” su obra, pero díganme si no, estos temas antes mencionados no solo se manifiestan en la mitad del planeta, sino que abarca en su totalidad a los terrícolas que habitamos en él.
En Japón como en México, Estados Unidos, Nigeria, Yakarta o Rumania, estos grandes temas nos abrazan desde que somos unos bebés.
Murakami habla una y otra vez de las relaciones de pareja, del jazz, del arte, de correr.
En novela, cuento y ensayo proporciona reflexiones profundas, una prosa fluida, situaciones singulares y escenarios mágicos y cotidianos.
Recuerden que se acerca a occidente en nuestro ya conocido “realismo mágico”, por lo que esas exaltaciones de datos - acciones o escenarios irreales que se insertan en la cotidianidad de las historias narradas- nos es familiar y común, lo que hace del escritor un creador de lo universal y generador de situaciones en las que podemos ser empáticos. Si por falta de espacio en esta columna no puedo extenderme en varias de sus obras, al menos mencionaré las que me parece, no puedo dejar de hacerlo si de algo sirve mi opinión. “Kafka en la orilla” fue el primero que leí y me parece indispensable al igual que su clásico “Tokio Blues”.
Ahí está un genuino Murakami. Con relatos cortos, me quedo con “Hombres sin mujeres”, definitivamente, y en sus reflexiones no menos importantes: “De que hablo cuando hablo de correr” y “De que hablo cuando hablo de escribir”, en ambos, el pensamiento de un corredor de maratones solitario, y en el segundo, un escritor también en solitario, en un estilo de autobiografía.
“La muerte del comendador” me gustó por la intersección de la literatura, la pintura y la música, pero no sé si lo suficiente porque no he leído en segundo tomo.
Sin duda alguna, a mí me dio mucho gusto el reconocimiento, porque más allá de la etiqueta de “comercial” (que muchos escritores quisieran tener), Murakami nos regala historias dinámicas, experimentales, pensamiento, memoria y sensaciones dignas de empatar en cualquier latitud y geografía mundial.
@vanecortescolis
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