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“PACTO CON EL LECTOR”

Por Redacción

Febrero 23, 2023 03:00 a.m.

A

Estuve leyendo los cuatro títulos publicados por el grupo editorial Planeta de la última Premio Nobel de Literatura, la francesa Annie Ernaux. 

Con anterioridad, había tenido la fortuna de encontrar un libro de ella titulado “La mujer helada”, que no pude terminar de leer por olvido de este, y me lamentaba el despiste que había tenido sin saber que sería galardonada por la academia sueca, y fortuna fue encontrarme con esas ediciones que se leen en una sentada.

La autora confirma la característica de la auto ficción, es decir, este género que combina experiencias y acontecimientos reales que el propio afirma haber experimentado. 

Con datos ficcionales que hilan, amarran, o marcan puentes en aquellas zonas indeterminadas que el supuesto discurso real u objetivo no puede trazar a través de la memoria. 

Lo más bonito de la experiencia lectora, es que, las historias auto ficcionales marcan de antemano un pacto con el lector, el famoso “pacto antiguo” que acuñó Manuel Alberca al referirse a este género, y que no es más que la confianza que le otorga el autor a sus lectores al ofrecerles una especie de confesión como protagonistas de la historia, más, la suma de recursos poéticos, simbólicos y retóricos con los que va a tejer ese mensaje. Y a su vez, el lector muestra empatía con el autor y lo asume como una biografía poética del escritor, sin poner en tela de juicio, la veracidad del espacio, tiempo, o personajes que dan forma a la historia. Por eso se le llama “ambiguo”, porque va en esas dos vías, lo que en la historia de la literatura ha sido muy enriquecedor, ya que, si remitimos a siglos anteriores, en los estudios literarios, ni el autor ni el lector tenían una participación en la obra literaria en sí, es decir, esa historia existía por sí misma y es verosímil a la realidad por más fantástica que esta sea, sin considerar la experiencia del autor o si tenía relación con su vida. Mucho menos participación tenía el lector, ya que el proceso creativo había concluido en la obra misma. 

Esta “fusión de horizontes”, como lo llamaba George Gadamer, filósofo francés, entre el contexto del autor, el de la propia obra de arte y la del receptor, acrecienta la experiencia estética y se crean conexiones entre unos y otros.

El autor hace guiños al receptor para que participe en la historia, se cuestione u opine dentro de la trama hasta como testigo. En las novelas auto ficcionales, el placer estético se expande, participan los involucrados en todo el proceso, por lo que también se puede afirmar que estamos frente a una democracia real y puesta en práctica. 

Una participación de todos sin miedo a un juicio social, ni el autor espera que estén de acuerdo, ni los personajes de la historia lo necesitan ni el lector exige explicaciones o justificaciones para entrar en el juego ficcional. 

Toda una participación social y de bienestar se genera en la más intelectual de las bellas artes: la literatura.