“POLIFONÍA” Vanessa Cortés Colis

Virginia Woolf en su ensayo “Un cuarto propio”, entre otros cuestionamientos se plantea la búsqueda, casi sin éxito, sobre las mujeres en la literatura, las escritoras, decepcionándose por darse cuenta de que sólo existían en las grandes obras literarias, personajes femeninos definidos por los hombres, y en su mayoría mujeres locas, descolocadas, brujas, es decir, ni heroínas ni mucho menos ganadoras de guerras o batallas. Después, Irene Vallejo, a quienes todos debemos leer, sobre todo su desbocado ensayo “El infinito en el junco”, donde cuenta que lo más difícil de su profunda investigación fue el rastrear las huellas de las mujeres como escritoras y el descubrir que en realidad son las principales transmisoras del conocimiento, la educación y de las historias orales, ya que, a pesar de tantas imposibilidades para acceder a la enseñanza, vida laboral o pública, su trabajo en el hogar como tejedoras es donde se enraíza la relación o metáfora entre el coser y narrar.
Es por eso que hablamos de textos o textiles. Cuando deshebramos el libro, o entramos de forma más analítica a su estructura, hablamos del nudo de la historia, de los hilos que tejen la misma o la urdimbre o trama de lo que se cuenta.
¡Claro! Son las herramientas que tenían en sus manos y donde, a través de las horas de convivio y del tejer, también se llevaba a cabo la creación de historias orales que hasta la fecha siguen palpitando en las historias contemporáneas.
Son las metáforas de la costura, ahí radica su aportación intelectual y no olvidemos que la palabra y el lenguaje, es lo que realmente nos configura, nos da vida y esencia.
A través de la ilación de las letras es la manera en la que podemos dar cuenta de sí, de nuestra individualidad y la
del mundo.
Simplemente sin lenguaje no hay mundo.
Describir acciones, recordarlas, contarlas tiene que ver con el tejer esas historias con sus diferentes tramas, colores, texturas, formas o funciones.
Mientras los hombres luchaban por las guerras y sus actos heroicos narrados, sobre todo en libros de siglos anteriores, las mujeres en su casa no poseían una actitud pasiva ni de espera, sino de creación de historias que, por un lado, transmitían a los niños, pero, además, gracias a su imaginación y repetición de las mismas, se consideraban base de las miles de historias que actualmente conocemos. Penélope en acción.
La misma Vallejo platica sobre el texto más antiguo, antes que Homero o que el Poema del Gilgamesh hace más de 4,300 años con autora no anónima, la acadia, Enheduanna y autora de un texto de poesía religiosa donde narra la experiencia divina del acto creativo, al recibir la visita de la diosa sumeria Inanna quien se apodera de su cuerpo, y al salir ésta, Enheduanna podía dar a luz una serie de pensamientos poéticos en esta analogía maternal que también tenemos las mujeres como generadoras de historias, pero sobre todo, de la vida misma.
@vanecortescolis
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