Diana Bracho, actriz sin concesiones

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Diana Bracho, actriz sin concesiones

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Ciudad de México. - La actriz Diana Bracho, quien hoy 12 de diciembre celebrará su cumpleaños 75, se ha consolidado como uno de los rostros más admirados y reconocidos del ámbito actoral del país, tanto en la pantalla grande, como en televisión y teatro.

Desde muy joven, Bracho, hija del actor y director Julio Bracho –quien en un principio no quería que se dedicara a la actuación- y de la bailarina Diana Bordes, caminó por sets y foros siguiendo la sombra de una vocación que pronto la atrapó de manera irremediable.

En sus primeras incursiones, con pequeños papeles en las cintas de su padre, la incipiente actriz se topó con “El castillo de la pureza,” dirigida por Arturo Ripstein en 1972, basada en hechos reales, con la que sorprendió a la crítica y le valió su primer Premio Ariel.

Con una preparación sólida -estudió Filosofía y Letras en Nueva York-, Bracho afianzó también una carrera en televisión, especialmente en telenovelas, muchas de las cuales se convirtieron en clásicos del género, como “Cuna de lobos” (1986), escrita por Carlos Olmos y dirigida por Carlos Téllez. La serie marcó un antes y un después.

En entrevista, justo cuando se daba el claquetazo final de la filmación de la cinta “Ligando padre”, su más reciente actuación, 

Para ella el director es la base para que un proyecto funcione. “Como principio si no me late el director no hago el proyecto, así me he manejado toda mi 

vida”, refiere.

Y afina su visión acerca del cine, sobre todo pensando en el que se hace actualmente en México: “El cine tiene dos vertientes, una es la industrial, comercial, y la otra es la de cine de autor. Las dos son importantes para el cine. Simplemente, si no haces industria, no puedes hacer cine de 

autor”, afirma.

Por ejemplo “el cine de comedia romántica que se hace actualmente en México se acerca mucho al que se realiza en Estados Unidos. Ahora hay comedias malas o buenas. Pero hay que respetar ese cine comercial, mucho con buenas historias, con excelente factura”.

Para la intérprete, el Séptimo Arte nacional tiene también excelente cine de autor, muy importante, que anda por todo el mundo en festivales, “pero cuando se exhibe en las salas la gente no va a verlo. Yo creo que hay que defender las dos vertientes, que 

corren paralelas”.

“Yo no tengo prejuicios cuando escojo un proyecto, no pienso si es comercial o de autor. A mí me presentan un libreto y si me atrapa, si me enamoro de él, lo hago. Una persona con prejuicios no puede ser un buen actor”, establece.