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In-D: Crear y consumir música en el siglo XXl

Por PULSO

Julio 08, 2021 09:39 a.m.

Todos aquellos que tuvimos la fortuna de ser niños en la década de los 90’s debemos considerarnos afortunados pues nos encontramos en una ubicación generacional privilegiada. Tengo la certeza, como integrante de esa generación de niños noventeros, de que somos la única camada que tuvimos la gran suerte de poder escuchar la música en la gran mayoría de sus formatos.

A mis contemporáneos y a mí nos tocó tener en nuestras manos los discos de acetato de nuestros padres o de nuestros hermanos mayores. No nos resulta una experiencia ajena el tomar uno de estos álbumes y colocarlo en el tocadiscos para que la aguja lo rasgara y reprodujera ese sonido cavernoso por los parlantes del sistema de sonido. Si bien jamás vivimos la experiencia de tener que esperar por semanas para lograr adquirir un disco importado tampoco nos parece desconocido el formato.

Y de ahí en adelante experimentamos el escuchar música en cassette. Resulta imposible olvidar el rebobinado de la cinta con un bolígrafo o el desagradable momento en el que el walkman comenzaba a quedarse sin batería y la música se reproducía a baja revolución emulando voces y sonidos de ultratumba.

No fue hasta los 90’s cuando el formato del CD comenzó a popularizarse en nuestro país y los artistas del momento realizaron lanzamientos en doble formato: cassette y disco compacto. No hace falta decir que en aquel momento adquirir un CD era un lujo, o al menos lo era para nosotros que fuimos adolescentes cuando el cambio de milenio estaba a la vuelta de la esquina. Pronto pasaron los años y se llevaron consigo a la música en formato físico, dejándola únicamente para los melómanos, coleccionistas y aficionados nostálgicos.

Llegó el nuevo milenio con la posibilidad del download misma que se convirtió en el verdugo de la industria discográfica como la conocíamos. Plataformas como Napster, Kaaza y Lime Wire se convirtieron en un banquete ilimitado para los consumidores de música, dándoles la posibilidad de tener al instante la música que desearan.

Han pasado ya un par de décadas desde que la industria musical atravesó por ese drástico cambio y el día de hoy las plataformas digitales como iTunes, Deezer y Spotify dominan el mercado. Es una realidad que esta nueva manera de consumir música ha traído consigo una infinidad de nuevas posibilidades y comodidades en el consumo de música. Pero de igual forma hay un contrapeso negativo. La facilidad con la que actualmente se compone y se distribuye música ha traído consigo una disminución drástica en la calidad de las propuestas que circulan en el mercado. Nos encontramos en una etapa en la que la sobre oferta de proyectos musicales ha terminado por completo con fenómenos como las llamadas “bandas de estadio” que dominaron la escena en los 80’s y 90’s.

¿Nos encontramos en una crisis musical? ¿Será que ya no va a ser posible el surgimiento de iconos generacionales del calibre de Hendrix o Cobain? Estas son preguntas  a las que solamente el tiempo dará respuesta.