A-AA+
“Hoy quiero saborear mi dolor/ No pido compasión ni piedad/ La historia de este amor se escribió/ Para la eternidad…”, tararea la multitud ante el kiosko de la Alameda Central de la Ciudad de México, siguiendo a Dante Cerón, de 50 años, el fan telonero en el megakareoke del viernes ofrecido en honor a José José.
María de Lourdes Sánchez Sánchez, de Chimalhuacán, Estado de México y María del Socorro del Prado Moterrosa, de la colonia Aquiles Serdán, quienes también rondan los 50, cantan a todo pulmón, con sentimiento, alzando las manos.
Es un viernes soleado aquí en la Alameda, en donde hace ya medio siglo Pepe Sosa, entonces muy muchacho, llegó a cantar en el programa "Domingos Familiares" organizados por Socicultur del Gobierno capitalino.
Los viernes son de karaoke en este pulmón capitalino, entre 20 y 30 personas se echan sus palomazos de los cantantes que deseen, pero hoy es diferente, hoy le rinden tributo a José José.
De hecho, dice en tono de satisfacción José Alfonso Suárez del Real, secretario de Cultura de la Ciudad de México, este viernes se inscribieron más de 100 personas para rendirle tributo a su ídolo, a quien él llegó a ver en este mismo espacio, “cuando era un joven cantante, de excelente voz”.
La gente comenzó a llegar a la explanada del kiosko desde las 12:00 horas, mientras los organizadores ponían cortinillas de temas del Príncipe.
“Y es que la vida es así, o tu o yo…” escucha con atención Pedro Hernández, albañil que aprovecha una visita a una obra en la que empezara a trabajar el lunes cerca de esta área, para presenciar el evento.
“Es un grande que se va; quién sabe porque no lo van a dejar estar en Bellas Artes, es lo que oí, pero yo le voy más a él que a 'Juan Ga'”, dice sin perder la concentración en el tema que emerge del kiosko.
La gente sigue inscribiéndose para participar en el karaoke; las cortinillas siguen. “Preso, de la cárcel de tus besos…/ Y es que la vida es así…”.
¿Y quién no ha entonado -a su modo- una canción del Príncipe de la Canción?
La gente sigue llegando. Es el momento justo para que imitadores, trovadores callejeros, de fondas, del Metro, oportunistas sean captados por las cámaras; muchos aprovecharan sus dos, tres minutos de fama.
El micrófono se abre por ahí de las 13:00 horas, cuando el sol cala más. Cerón canta El Triste, aquel tema que catapultó al cantante de Clavería por todo el mundo.
Y así, decenas de “joseístas” le rinden tributo a su ídolo que falleció el sábado pasado en Florida y donde este viernes es velado.
El micrófono de este karaoke es tan democrático como la Alameda, donde convergen parejas a platicar y a amarse, donde lo mismo duermen vagabundos en sus jardines y descasan teporochos e indigentes, donde pasean turistas nacionales y extranjeros.
Por aquí en el homenaje del pueblo se hallan también las hermanas Leticia, Pilar e Hilda, quienes decidieron presenciar el evento luego de almorzar en El Cardenal, donde celebraron el 88 aniversario de su padre Francisco Hernández.
“Pasamos por aquí de casualidad, nos dimos cuenta del evento, y aquí estamos; mi papá no oye muy bien, pero también disfrutó y disfruta las canciones de José José”, dice Letica, sentada en una de las bancas de la Alameda.
No hay tema de los populares, de aquellos que hicieron historia que quede fuera del repertorio en voz de los partícipes del karaoke, y hasta algunos que no se oyeron tanto fueron entonados.
Muchos han traído a la Alameda cartulinas para despedir al Príncipe, fotografías, pósters y carátulas de sus discos ochenteros y noventeros.
Entre los protagonistas sube al escenario también un chavo que, sobre una pista, toca el trombón y un coreano que canta con harto sentimiento.
El tarareo se extendió por una amplia zona de la Alameda. Los temas de José José se seguían entonando hasta pasadas las 21:00 horas, cuando los organizadores dijeron "no más" y dieron por terminado el festejo.
“José José fue un iluminado por su voz, su don de gente lo tuvo todo, pero el alcohol y las drogas lo dañaron mucho. Se nos fue uno del pueblo, pero sus canciones seguirán”, dice Alfredo del Castillo Ortiz, uno de los barrenderos del servicio urbano de la Ciudad, quien aprovechó su actividad para recordar y deleitarse con las canciones del ídolo.








