El colectivo teamLab propone fundirse con las flores en un jardín colgante

El colectivo teamLab propone fundirse con las flores en un jardín colgante

El colectivo japonés de arte digital teamLab presentó este martes dos nuevas obras en su museo Planets de Tokio en las que invita a interactuar con luces o vapor, o a fundirse con las flores en un jardín colgante que responde a la presencia de visitantes moviéndose.

Las instalaciones se suman a las siete que ya formaban parte de su centro museístico de la isla artificial de Toyosu y donde el grupo de artistas invita a disfrutar de sus obras de una forma inmersiva a través de la vista, el olfato, el oído y el tacto.

Antes de su inauguración al público el 2 de julio, el equipo mostró hoy a la prensa ambos jardines, con los que quieren seguir haciendo reflexionar sobre la pequeñez del ser humano en un universo lleno de formas de vida, explicó a Efe Takashi Kudo, miembro de teamLab.

Una de las instalaciones es un jardín colgante rodeado de espejos en paredes y suelo y compuesto por unas 13.000 orquídeas vivas que suben y bajan cuando detectan la presencia de alguien, formando continuamente bóvedas a su alrededor a medida que se adentra en él.

"Lo primero que ves es una pared de flores y sientes que no puedes entrar, pero cuando te pones frente a ellas, las flores y el jardín empiezan a abrir un espacio para los visitantes", expone Kudo. "Las flores te ven", y esa interacción invita a concienciarse sobre el entorno e incluso a hacer una búsqueda del yo, dice el japonés.

Los visitantes son libres de internarse cuanto quieran en el jardín, de pie, agachados o sentados, mientras las flores los envuelven. Cuantos más visitantes, más grandes serán las bóvedas.

La experiencia es distinta de día y de noche, pues las orquídeas son flores que emanan su fragancia solo con nocturnidad.

La otra obra es un jardín de musgo, "una de las especies de plantas más antiguas" que "de alguna manera ha sobrevivo" hasta nuestros días, explicó Kudo.

En él se han instalado unas esculturas ovales, ya empleadas en otras obras del colectivo, que emiten un sutil sonido cuando se las golpea y que están siendo continuamente rodeadas por vapor de agua que crea la sensación de encontrarse en un paraje boscoso.

También por la noche la instalación sufre una metamorfosis, dejando atrás los efectos ópticos con vapor para convertir las esculturas en objetos luminosos que cambian de tonalidad al sentir el contacto de los visitantes y con los que el grupo quiere "crear nuevos colores" indescriptibles pero agradables a la vista.