La historia de Tayra

La historia de Tayra

3:

Cabe la fuente no están las acostumbradas garzas, 

apenas unos tordos rapaces y una jauría de perros variopintos. 

La tarde era ruidosa y colorida como un mercado árabe. 

Con mi caña de pescar en mano me dispongo a descarrilar medusas. 

Tayra está junto a mí, observa con recelo a la jauría; 

ella tiene un lobo en su tendón de Aquiles, 

que suele despertar cuando la luna es nueva. 

Desde la plaza escucho el silbato de los trenes, 

tengo la impresión de que son fantasmas. 

Las palomas temen a los tordos porque les roban huevos de sus nidos. 

Los trenes militares y los barcos de guerra facilitan la migración de los cuclillos. 

Heráclito nunca habló de los cuclillos, pero sí de la guerra. 

Mi caña de pescar es en realidad un papalote 

que utilizo para cortar los conejos de algodón que  recorren el aire. 

En el mercado árabe las palabras se desprenden del discurso, 

caen sobre las mesas y la ropa, 

entonces las recojo para fabricar mandalas.