Revolución Interna

Revolución Interna
Cada día, todos los días y noches, los seres humanos libramos una batalla en muchas ocasiones inconsciente en donde podemos encontrarnos a nosotros mismos (estando en paz) o en olvidarnos de nosotros mismos (sufriendo). Esta lucha interna no es algo natural ya que nuestro estado original es la paz profunda del Ser; por el contrario, la lucha se da cuando vivimos en función de lo que la individualidad temporal—y por tanto ilusoria—desea. Es decir, cuando vivimos en función de un ego desprovisto de toda visión espiritual estaremos persiguiendo hábitos no adecuados que sólo buscan satisfacer un deseo descontrolado que nunca logra apaciguarse, ni siquiera durante la hora del sueño.

De la misma forma en que las revoluciones a nivel externo en diversos tiempos y lugares se dan como resultado de una emancipación en contra de una situación injusta o adversa, así también la vida nos invita a que combatamos a los opresores mentales del miedo y la ansiedad—en otras palabras, el estrés—, la desconfianza, la ira y el abatimiento. Y se les vence no con sus propias armas de aflicción sino utilizando la generosidad, paciencia, ecuanimidad, energía, una actitud meditativa y gran sabiduría. Es decir, nuestros guerreros espirituales son los llamados paramitas o perfecciones mentales. 

Necesitamos practicar para saber cómo llamar, incorporar y aplicar a estos guerreros de luz internos, siempre listos para seguir nuestro liderazgo y con una capacidad infalible de disolver a los estados opresores aflictivos de la mente egoica. En palabras de Parahamansa Yogananda: "cada noche, antes de retirarse a descansar, la persona mundana, el moralista, el aspirante espiritual y el yogui—al igual que el devoto—deberían preguntarle a su intuición si fueron sus facultades espirituales o sus inclinaciones materiales hacia la tentación las que ganaron las batallas del día." Como una ayuda podemos despertar a esta toma de conciencia al saber a qué le dimos espacio en nuestra conciencia: hábitos saludables o perjudiciales; a la templanza o a la codicia; al autocontrol o a la sensualidad exacerbada; al anhelo honrado de obtener el dinero necesario, o al ansia desmedida de poseer riquezas; al gozo o al pesar; al valor o a la cobardía; a la fe o la duda. Es decir, el día de hoy a quién queremos escuchar y en función de quién queremos vivir: con la conciencia despierta del Ser o con la conciencia dormida 

del ego.