El Estadio Nacional de Lima iluminó el cielo de esta ciudad peruana y las calles aleñadas del inmueble se contagiaron de algarabía, con la ceremonia de apertura de los Juegos Panamericanos, donde los aficionados se adueñaron de ellas como aquellos que esperan el comienzo de una fiesta.
Si bien el boricua Luis Fonsi comenzó esa faena en el interior del estadio, con aquellas notas de sus canciones como “Despacito”, a las afueras del inmueble se mezcló la euforia por el deporte y la gente se entregó al festejo.
Amalia, una joven de unos 24 años de edad, mostró su alegría porque Lima tiene la oportunidad de reunir a gente de varias partes del continente, por lo que expresó que no hay motivo para estar tristes, aunque sea por un momento.
“No sé cómo decir lo que se siente. Allá adentro fue algo maravilloso, pero lo que se vive afuera es un complemento de lo que esperamos hacer en cada uno de los deportes”, dijo al tiempo que se unió al jolgorio de su gente.
Bailó y gritó. Agitó con vehemencia su pequeña bandera peruana. Parece que no quería terminar este momento. “Me siento bien, mira a toda esta gente, es lo que somos los peruanos”, expresó.
El frío que calaba hasta los huesos pasó a segundo término. Era hora de festejar al deporte. El calor humano era inigualable, todos son uno por este instante y puede perdurar hasta que cada quien quiera.
Los limeños, como se dicen ellos, están contentos, a pesar de las situaciones que, como cada ciudad de América Latina, vive. Es momento del deporte y esta ciudad quiere que la alucinen como el show que presentó.
Si el estadio se puso a bailar con Luis Fonsi, en las calles se siguió casi a la par con ese ritmo, aunque un poco “Despacito”.











