A-AA+
El alivio con el que se recibió el anuncio de un acuerdo del gobierno en Alemania tras cuatro meses y medio sin ejecutivo contrasta con las críticas internas en los partidos firmantes que se sucedieron hoy en el país europeo.
El reparto de puestos ministeriales entre la conservadora Unión Democristiana (CDU) de Angela Merkel, su socio bávaro Unión Socialcristiana (CSU) de Horst Seehofer y el Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz fue uno de los motivos de los desacuerdos internos, así como el gran peso dado a los socialdemócratas (seis ministerios de 15) pese a su apoyo relativamente bajo en las urnas el 24 de septiembre (20,5 por ciento de los votos).
El sector económico de la CDU de Merkel criticó duramente que se deje el Ministerio de Finanzas en manos del SPD y las juventudes socialdemócratas (Jusos) insistieron en sus críticas al acuerdo de Gran Coalición, que defienden por todos los medios otros dirigentes de los tres partidos.
Los partidos que quedarían en la oposición, mientras tanto, consideran poco ambiciosos los objetivos del futuro gobierno.
En la CDU, la número dos Julia Klöckner rechazó las críticas al reparto ministerial y recordó que su partido dirigirá la cartera de Economía después de décadas sin hacerlo y con ello podrá aliviar la situación de las familias, no asumir nuevo endeudamiento y asegurar que no hay subidas de impuestos. “Es el sello de la CDU”.
Sin embargo Christian von Stetten, otro político del partido, criticó la renuncia a la cartera de Finanzas como un error político y también el presidente del Consejo Económico cercano a la CDU, Werner M.Bahlsen, arremetió duramente contra ese hecho: “Que el SPD reciba la cartera clave de Finanzas supondrá el fin de una política presupuestaria sólida”.
El líder de la CSU Seehofer señaló que en general se trata de un buen acuerdo. “Hemos previsto muchas cosas buenas para la gente, ese es el objetivo principal”, dijo poniendo como ejemplo la construcción de viviendas o la renta básica. Además, aseguró que su partido evitó muchas cosas, como el seguro civil que exigía el SPD.
En cuanto a la reunificación de familias de refugiados se alcanzó una “solución muy aceptable entre humanidad y exclusión”, dijo Seehofer, considerado el defensor de las posturas más duras frente a la migración en Alemania.
Su partido la CSU fue el primero en aprobar el acuerdo de coalición alcanzado, que está pendiente de recibir la aprobación de la cúpula de la CDU y de las bases del SPD. La votación de los más de 460 mil militantes de ese partido entre el 20 de febrero y el 2 de marzo, es el factor que más incertidumbre genera de que el gobierno vaya a salir finalmente adelante.
El líder de las juventudes socialistas Kevin Kühner volvió a arremeter contra el acuerdo y recordó que evitar la Gran Coalición aún es posible. “Nadie puede estar seguro de cuál será el voto de los militantes”, dijo el político que lanzará mañana una campaña para pedir el voto del “no” al acuerdo. Los resultados de la votación se conocerán el fin de semana del 3 y 4 de marzo y entonces habrá más claridad.
Políticos de su partido como el número dos Ralf Stegner defendieron sin embargo el acuerdo, al señalar que se consiguieron muchas concesiones en campos como limitar el empleo temporal, en sanidad, jubilaciones, política europea, educación o vivienda.
La ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks, se mostró convencida de que las bases accederán a la formación del gobierno.
Andrea Nahles, que se convertirá en la primera mujer en dirigir a los socialdemócratas en la historia del partido, Martin Schulz será el próximo ministro de Exteriores y dejará la presidencia del partido, se mostró también confiada en el apoyo de las bases.
Más cauto se mostró el alcalde de Hamburgo Olaf Scholz, a quien todos apuntan como futuro vicecanciller del gobierno y ministro de la crucial cartera de Finanzas. En su primera comparecencia tras el anuncio del acuerdo no quiso confirmar su traslado a Berlín para ocupar esos puestos y no quiere dar más información hasta que las bases del partido no hayan votado.
El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, apoyó el acuerdo de coalición alcanzado como un paso importante para el país. “Sé que en el extranjero y sobre todo en Europa se espera el cierre de la formación de gobierno”, dijo desde Corea del Sur, donde se encuentra de visita. “Y por eso creo que al menos hemos dado un paso más”.
Steinmeier convenció al SPD para intentar reeditar la Gran Coalición con los conservadores, pese a su negativa inicial, después de que fracasara un primer intento de la CDU de formar gobierno con los Verdes y los Liberales (la conocida como “coalición Jamaica”) y acechara el peligro de nuevas elecciones. El partido de Merkel ganó los comicios del 24 de septiembre pero sin el apoyo suficiente para gobernar.
Por su parte la Izquierda acusó a la CDU y al SPD de fortalecer a los populistas de derecha Alternativa para Alemania (AfD) con sus decisiones en el acuerdo de gobierno, entre otras cosas ante el gran poder concentrado en el “superministerio” de Interior que dirigirá Seehofer y que asumirá competencias de construcción y vivienda.
El reparto de puestos ministeriales entre la conservadora Unión Democristiana (CDU) de Angela Merkel, su socio bávaro Unión Socialcristiana (CSU) de Horst Seehofer y el Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz fue uno de los motivos de los desacuerdos internos, así como el gran peso dado a los socialdemócratas (seis ministerios de 15) pese a su apoyo relativamente bajo en las urnas el 24 de septiembre (20,5 por ciento de los votos).
El sector económico de la CDU de Merkel criticó duramente que se deje el Ministerio de Finanzas en manos del SPD y las juventudes socialdemócratas (Jusos) insistieron en sus críticas al acuerdo de Gran Coalición, que defienden por todos los medios otros dirigentes de los tres partidos.
Los partidos que quedarían en la oposición, mientras tanto, consideran poco ambiciosos los objetivos del futuro gobierno.
En la CDU, la número dos Julia Klöckner rechazó las críticas al reparto ministerial y recordó que su partido dirigirá la cartera de Economía después de décadas sin hacerlo y con ello podrá aliviar la situación de las familias, no asumir nuevo endeudamiento y asegurar que no hay subidas de impuestos. “Es el sello de la CDU”.
Sin embargo Christian von Stetten, otro político del partido, criticó la renuncia a la cartera de Finanzas como un error político y también el presidente del Consejo Económico cercano a la CDU, Werner M.Bahlsen, arremetió duramente contra ese hecho: “Que el SPD reciba la cartera clave de Finanzas supondrá el fin de una política presupuestaria sólida”.
El líder de la CSU Seehofer señaló que en general se trata de un buen acuerdo. “Hemos previsto muchas cosas buenas para la gente, ese es el objetivo principal”, dijo poniendo como ejemplo la construcción de viviendas o la renta básica. Además, aseguró que su partido evitó muchas cosas, como el seguro civil que exigía el SPD.
En cuanto a la reunificación de familias de refugiados se alcanzó una “solución muy aceptable entre humanidad y exclusión”, dijo Seehofer, considerado el defensor de las posturas más duras frente a la migración en Alemania.
Su partido la CSU fue el primero en aprobar el acuerdo de coalición alcanzado, que está pendiente de recibir la aprobación de la cúpula de la CDU y de las bases del SPD. La votación de los más de 460 mil militantes de ese partido entre el 20 de febrero y el 2 de marzo, es el factor que más incertidumbre genera de que el gobierno vaya a salir finalmente adelante.
El líder de las juventudes socialistas Kevin Kühner volvió a arremeter contra el acuerdo y recordó que evitar la Gran Coalición aún es posible. “Nadie puede estar seguro de cuál será el voto de los militantes”, dijo el político que lanzará mañana una campaña para pedir el voto del “no” al acuerdo. Los resultados de la votación se conocerán el fin de semana del 3 y 4 de marzo y entonces habrá más claridad.
Políticos de su partido como el número dos Ralf Stegner defendieron sin embargo el acuerdo, al señalar que se consiguieron muchas concesiones en campos como limitar el empleo temporal, en sanidad, jubilaciones, política europea, educación o vivienda.
La ministra de Medio Ambiente, Barbara Hendricks, se mostró convencida de que las bases accederán a la formación del gobierno.
Andrea Nahles, que se convertirá en la primera mujer en dirigir a los socialdemócratas en la historia del partido, Martin Schulz será el próximo ministro de Exteriores y dejará la presidencia del partido, se mostró también confiada en el apoyo de las bases.
Más cauto se mostró el alcalde de Hamburgo Olaf Scholz, a quien todos apuntan como futuro vicecanciller del gobierno y ministro de la crucial cartera de Finanzas. En su primera comparecencia tras el anuncio del acuerdo no quiso confirmar su traslado a Berlín para ocupar esos puestos y no quiere dar más información hasta que las bases del partido no hayan votado.
El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, apoyó el acuerdo de coalición alcanzado como un paso importante para el país. “Sé que en el extranjero y sobre todo en Europa se espera el cierre de la formación de gobierno”, dijo desde Corea del Sur, donde se encuentra de visita. “Y por eso creo que al menos hemos dado un paso más”.
Steinmeier convenció al SPD para intentar reeditar la Gran Coalición con los conservadores, pese a su negativa inicial, después de que fracasara un primer intento de la CDU de formar gobierno con los Verdes y los Liberales (la conocida como “coalición Jamaica”) y acechara el peligro de nuevas elecciones. El partido de Merkel ganó los comicios del 24 de septiembre pero sin el apoyo suficiente para gobernar.
Por su parte la Izquierda acusó a la CDU y al SPD de fortalecer a los populistas de derecha Alternativa para Alemania (AfD) con sus decisiones en el acuerdo de gobierno, entre otras cosas ante el gran poder concentrado en el “superministerio” de Interior que dirigirá Seehofer y que asumirá competencias de construcción y vivienda.







