Despiden a internas fallecidas en motín

Tegucigalpa, Hon.- El miedo se apoderó de un pequeño grupo de familiares reunido el jueves en el velatorio de una madre y su hija que figuraban entre las 46 reclusas asesinadas en el motín ocurrido esta semana en una prisión de Honduras.
Aunque lloraban abiertamente, los familiares reconocieron que temían ser identificados por los miembros de la banda Barrio 18, autora de la masacre, y correr con la misma suerte.
Los cuerpos de Maribel Euceda Brevé y su hija Karla Soriano Euceda, que murieron por disparos de arma de fuego, eran velados en plena calle de un populoso barrio de Tegucigalpa, bajo una carpa colocada de manera provisional y en compañía de pocos parientes y vecinos. Sobre los dos ataúdes fueron colocadas fotografías de las víctimas y flores de distintos colores.
Entre los asistentes al velatorio, circularon rumores de que miembros de la banda habían secuestrado a mujeres en el funeral de otra de las víctimas de la masacre.
Nadie cuestiona que las prisiones hondureñas están en un estado vergonzoso.
En el motín del martes, presas pertenecientes a Barrio 18 asesinaron a otras 46 mujeres con disparos, machetazos y después encerrando a las sobrevivientes en sus celdas y arrojándoles líquido inflamable antes de provocar un incendio.
En un detalle escalofriante, las pandilleras pudieron armarse con pistolas y machetes, pasar junto a las guardias y atacar. Incluso llevaban candados para encerrar a las víctimas, al parecer para quemarlas vivas.
“Creemos que la orden para esta matanza venía de una red criminal y estoy segura que se tuvo información desde antes y no se hizo nada”, dijo Jessica Sánchez, activista del Grupo Sociedad Civil.
La presidenta, Xiomara Castro, dijo que el motín en la prisión de Támara fue “planificado por maras a vista y paciencia de autoridades de seguridad”.
También ordenó que los 21 penales del país quedaran durante un año bajo control de la policía militar, que deberá formar a 2.000 nuevos guardias.
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