El conflicto de Birmania se cronifica sin que los militares logren el control

SINGAPUR (EFE).- Casi dos años después de que un golpe de estado devolviera a Birmania al pasado, los militares siguen sin controlar una nación que avanza a dos marchas: mientras algunas ciudades recuperan la rutina, la lucha entre los rebeldes y el Ejército se recrudece en otras zonas, en un conflicto con visos de cronificarse.
La Birmania que progresaba en la senda democrática desde 2011, tras medio siglo de dictadura militar, se vio forzada a parar en seco el 1 de febrero de 2021, cuando el Ejército dio un golpe de Estado arguyendo, sin pruebas, un fraude en las elecciones de noviembre de 2020, ganadas por la formación de Aung San Suu Kyi.
Desde entonces, Suu Kyi (nobel de la Paz en 1991 por su lucha democrática) se encuentra en prisión, además de alrededor de 13,000 personas detenidas por la junta militar, según la ONG Asociación para la Asistencia de Presos Políticos en Birmania, mientras más de 2,550 civiles han muerto en manos de las fuerzas de seguridad.
Una represión que no ha hecho claudicar a los miles -las cifras son inciertas- de jóvenes que, habiendo crecido en libertad, se entregaron a la lucha contra el Tatmadaw (el Ejército), formando las fuerzas para la defensa del pueblo (PDF), tildadas de "terroristas" por el régimen militar de Min Aung Hlaing.
ENEMIGO INESPERADO
Desde Birmania, fuentes que guardan el anonimato aseguran que la prioridad del Tatmadaw, superior en equipamiento y con una fuerza aérea de la que no disponen los rebeldes, es derrotar a las PDF, amparadas por el Gobierno de Unidad Nacional (NUG), que se declara la autoridad legítima del país y opera desde la clandestinidad.
Ejemplo de ello fue el bombardeo del Ejército en septiembre en zonas civiles de la región central de Sagaing en el que murieron al menos once niños, según informó UNICEF, un supuesto error de los militares, que aseguraron que buscaban a "terroristas" en la zona.
El Ejército, que lleva años enfrentado a guerrillas de minorías (Birmania tiene 135 etnias reconocidas, la mayoritaria la bamar), ha encontrado en las PDF a un enemigo inesperadamente difícil de batir, y no logra aumentar su control sobre el país.
Según afirma el analista Ye Myo Hein en un artículo publicado por el Instituto para la Paz de EE.UU., el Ejército domina "menos de una cuarta parte del territorio".
DIVISIÓN ENTRE LA OPOSICIÓN
Una falta de control que el régimen militar intenta mejorar con la esperada convocatoria de unos comicios en agosto de 2023, que podría buscar legitimar acercándose a la Liga Nacional para la Democracia de Suu Kyi, como sugiere la reciente liberación de algunos de sus miembros y del australiano Sean Turnell, asesor de la Nobel.
La estrategia de los generales sería aprovechar las divisiones entre el NUG, formado en parte por miembros del que habría sido el nuevo Legislativo de no ser derrocado el día de su constitución, y la Liga, menos proclive a la lucha armada.
En paralelo -y entre rumores de una eventual liberación de Suu Kyi antes de las elecciones-, el régimen continúa su hostigamiento y represión de los rebeldes y la oposición, con casos como la condena a muerte por parte de un tribunal militar a once disidentes, incluidos siete universitarios, el 30 de noviembre.
Unas sentencias que suceden a la ejecución de cuatro activistas en julio, la primera aplicación de la pena capital en el país desde 1988.
EL PALO Y LA ZANAHORIA
Como en el periodo militar anterior, el régimen utiliza la estrategia del palo y la zanahoria sobre la población, y fuentes desde Yangón, la mayor urbe del país, aseguran que allí "a veces parece que todo ha vuelto a la normalidad", con negocios que florecen, obras que proliferan y restaurantes que se inauguran.
Una circunstancia repetida en otras ciudades que ha contribuido a que la economía birmana recupere brío, con pronósticos de que crezca un 3 % este año fiscal, según el Banco Mundial.
Aunque es un aumento modesto en contraste con el 6.8 % de crecimiento registrado en 2019, antes de la pandemia y de la asonada, no es baladí comparado con la contracción del 18 % de 2021.
Una "normalidad" que guarda más semejanzas con la Birmania que durante medio siglo vivió en el ostracismo, que con la de hace dos años, ante un conflicto con visos de cronificarse, sin que se prevea que ni las elecciones ni la insuficiente ayuda internacional generen cambios sustanciales en la situación.
"La comunidad internacional debe jugar su parte. Los enviados especiales y diplomáticos deberían parar sus intercambios con el régimen militar y, en cambio, fomentar el diálogo con las fuerzas democráticas", exhorta Ye Myo Hein.
no te pierdas estas noticias






