logo pulso
PSL Logo

Minería devasta área amazónica

Por EFE

Abril 19, 2022 03:00 a.m.

A

Río de Janeiro, Bra.- La deforestación de las reservas indígenas en la Amazonía brasileña por la minería aumentó más de un 205 % durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, según datos oficiales analizados por la organización Mapbiomas, divulgados este lunes.

Las cifras han encendido las alarmas en el país ya que esta actividad, hasta ahora prohibida en esos territorios, puede ser legalizada con la venia del Legislativo.

Entre 2019 y 2021 las extracciones mineras acabaron con 7.401 hectáreas de vegetación nativa en reservas indígenas de la selva amazónica brasileña, una cifra que prácticamente triplica las 2.420 hectáreas de vegetación que fueron devastadas por el “garimpo” (como se conoce a la minería artesanal) entre 2016 y 2018, durante los tres años anteriores a la llegada del líder ultraderechista al poder.

El “garimpo” es considerado por los ambientalistas como una de las principales amenazas de la Amazonía y según ellos está lejos de operar en escala artesanal, pues la forma en que se lleva a cabo semeja a las de organizaciones industriales.

Bolsonaro, sin embargo, defiende su legalización. En febrero aprobó un decreto que prácticamente oficializó el fomento del garimpo en Brasil, especialmente en la Amazonía A eso se suma un proyecto que cursa en el Congreso bajo régimen de urgencia, que “permite la explotación de recursos minerales, hídricos y orgánicos en tierras indígenas” y al que el líder ultraderechista ha metido más impulso a costa de la guerra en Europa del este.

De acuerdo con Mapbiomas, entre 2010 y 2020, el área ocupada por la minería dentro de reservas indígenas creció un 495 %, afectando principalmente a las etnias Kayapó y Mundurukú, en el estado de Pará, y la Yanomami en los estados de Amazonas y Roraima.

Según estudios de MapBiomas, realizados con ayuda de imágenes satelitales e inteligencia artificial, la pérdida total de vegetación nativa en Brasil en los últimos 30 años fue de 1,1 millones de hectáreas, un área equivalente a un país como Jamaica.

Durante esas tres décadas, las reservas indígenas perdieron sólo el 1 % de su vegetación nativa, mientras que en las áreas privadas el perjuicio fue del 20,6 %.