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SAO PAULO.- Con sus cuerpos pintados de negro, decenas de miembros de la tribu guaraní mbayá de Brasil alzan las manos y entonan un canto de duelo a cientos de árboles talados en una zona contigua a su aldea. Lloran, corean y realizan ritos funerarios por la pérdida de una porción de selva en las orillas de la ciudad más grande de América Latina.
El 30 de enero, los habitantes de la comunidad se corrieron al lugar, al pie del pico de Jaraguá, en Sao Paulo, debido al ruido de las motosierras con las que eran derribados los árboles. Algunos llevaban penachos en la cabeza y flechas en los puños. Su llegada a alarmó a los empleados de la compañía constructora, que llamaron a la policía y se refugiaron en una cabaña próxima.
“Dos empleados de la compañía vinieron en diciembre para decirnos que no nos asustáramos por las motosierras”, dijo el dirigente tribal David Fernandes a The Associated Press. “No hay ciudad alguna aquí. Sólo selva. ¿Por qué las autoridades dieron un permiso para construir aquí? No ha habido diálogo. Tenemos derecho a opinar en lo que nos afecte”. El derribo de los árboles fue suspendido, al menos temde manera temporal.








