Rusos despiden a Gorbachov

Moscú, Rusia.- Miles de personas hacían fila el sábado para despedir al exlíder soviético Mijaíl Gorbachov, que puso en marcha reformas drástica que ayudaron a poner fin a la Guerra Fría y precipitaron la desintegración de la Unión Soviética, en una ceremonia a la que no asistió el presidente de Rusia, Vladimir Putin.
La negativa del Kremlin a declarar un funeral de Estado refleja la incomodidad que despierta el legado de Gorbachov, venerado en todo el mundo por la caída del Telón de Acero, pero vilipendiado por muchos en su país por el colapso soviético y la posterior crisis económica que arrastró a millones de personas a la pobreza.
En privado, Putin depositó el jueves flores ante el féretro de Gorbachov en el hospital de Moscú en el que falleció. El Kremlin dijo que la apretada agenda del líder le impediría asistir al funeral.
En el acto del sábado, los asistentes pasaron junto al féretro abierto de Gorbachov, flanqueado por una guardia de honor, y depositaron flores mientras sonaba una música solemne. La hija de Gorbachov, Irina, y sus dos nietas, estuvieron sentadas junto al ataúd.
El gran salón, adornado con candelabros y columnas, albergó los bailes de la nobleza con los zares y fue testigo de reuniones y congresos de alto nivel, además de funerales, durante la época soviética.
En la cola, Serguéi, un jurista de 39 años, opinó que el padre de la perestroika “dio libertad a Rusia, de una URSS totalitaria trató de hacer un país democrático y civilizado”.
Recalcó que Gorbachov “no es un traidor”, pues quiso “hacer del mundo un lugar mejor”. “Él no tiene la culpa de la caída de la URSS, quería conservarla pero hacerla mejor, para que fuera un país de oportunidades”, enfatizó.
A pesar de la elección del prestigioso escenario, el Kremlin no calificó la ceremonia como un funeral de Estado. La modesta ceremonia contrasta con el lujoso funeral de Estado celebrado en 2007 por Boris Yeltsin, el primer líder ruso postsoviético, que ungió a Putin como su sucesor predilecto y sentó las bases para que ganara la presidencia tras su renuncia.
La ambivalencia del Kremlin en torno a Gorbachov se reflejó en las emisiones de la televisora estatal, que recogió el reconocimiento mundial y las grandes expectativas generadas por sus reformas, pero lo responsabilizó de sumir al país en la confusión política y económica y de no defender adecuadamente los intereses de la nación en las conversaciones con Occidente.
Tras cerrarse las puertas de la Casa de los Sindicatos, el último líder soviético fue enterrado junto a Raísa, fallecida en 1999, en el cementerio Novodévichi de Moscú, donde también yacen los restos de otro antiguo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Nikita Jruschov, y de Yeltsin.
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